Después de que ella se relajó en sus brazos, él se introdujo gentilmente su entrada, sintió el apretón junto a la tensión física de ella. Nina tenía miedo del dolor, sentía mucho que él fuera el causante de eso. Cuando él forzó la entrada, ella gritó y empujó su pecho. Henrique se detuvo para dar algunos segundos para que ella se acostumbrara a él en su interior. Él estaba en el cielo, ni siquiera había entrado por completo, pero el apretón de ella lo estaba volviendo loco. —Henrique, por favor, duele. —Lo sé, Cariño, me aprietas casi al punto del dolor. Es apretada, estoy esforzándome para mantenerme quieto, hasta que te acostumbres. Respira. Él apoyó su cabeza en la de ella, necesitaba controlarse si quería que ella realmente sintiera algún placer, pero el deseo estaba casi siendo más

