Después de 4 días de que Helena había pasado por el hospital, Estefano sabía que ella ya no tenía la regla, pero no intentó tocarla de una manera más íntima. Estaba loco de deseo, pero podía jurar que ella tenía miedo de él. Siempre buscando excusas para mantenerse alejada. Helena estaba en la cocina con un vaso de agua en la mano, ya era de madrugada y Estefano llegaba de la calle. La visión de ella con una camiseta suya y descalza lo dejó embriagado. Él estaba armado, sacó las dos armas de la cintura y las puso en el mostrador, era allí en la encimera donde la tendría de nuevo. —Buenas noches, pequeña. —Buenas noches. Te demoraste. ¿Dónde estuviste? Ella estaba celosa, Estefano lo percibió. —No voy a decir por dónde anduve, Helena, solo necesitas saber que no era diversión, soy fiel

