Los ojos de Estefano brillaban, Helena nunca había sentido tanto miedo de él, ni en la primera noche que pasó con él. Sabía que no valía la pena correr, había aprendido eso muy bien con Otávio. Simplemente se apoyó en la pared y esperó. Él la sujetó por la cintura, inhaló el olor de su cabello, con una mano la rodeó por la cintura y usando la otra arrancó su blusa. En ese momento, las lágrimas comenzaron a rodar por los ojos de Helena, no podía creer que después de haber quedado viuda volvería a pasar por violaciones y palizas, ¿acaso su sufrimiento nunca iba a tener fin? —Por favor, Estefano. Pero parecía que él estaba en otro mundo. La subyugó entre él y la pared. En ese momento ella pudo sentir la extensión de su deseo, y eso la hizo sollozar aún más, golpeó su pecho. —Por favor, d

