Henrique fue a la oficina, sabía que necesitaba darle espacio a ella, pero no soportaba saber que su niña tenía miedo de él, nunca la lastimaría, solo era demasiado celoso y no sabía cómo controlar eso. Hizo llamadas y organizó todo lo que necesitaba organizar. Tenía una reunión con su jefe por videoconferencia, no tenía paciencia, pero era necesario. A Xavier no le gustaba ser contrariado y Henrique no era hombre de romper su palabra. Así que cuando su jefe colgó del otro lado, limpió todos los rastros de la llamada y fue a buscar a Nina. Pero cuando forzó la puerta, estaba trancada, llamó, pero ella se negó a abrir. —Cariño, hay lasaña, torta de chocolate y tu jugo de manzana. —No tengo hambre. —Ábreme la puerta. —Quiero estar sola. —Ya es tarde. —Lo sé. —Por favor, te extrañaré

