Helena se despertó sintiendo el calor del cuerpo de él. Amaba a ese hombre. Le encantaría ver a un niño de cabello largo corriendo por la casa, o una niña de cabello n***o como la noche. Rudá tendría compañía para jugar en el jardín y ensuciar sus cosas de barro. Ella estaba feliz, incluso con la pérdida del embarazo, Estefano se había mostrado como el mejor marido del mundo. La cuidó con paciencia y susurraba siempre que la amaba. Ella vio el sufrimiento de él por no poder sostener al niño que esperaban y el cariño que demostraba por Rudá, él ni siquiera dudó cuando el chico comenzó a dormir algunas noches con ellos. La primera vez que Rudá llegó con su almohada, Helena contuvo la respiración. Estefano la tenía contra la pared y con las piernas rodeando su cintura. Rudá golpeó la puerta

