Enrique Capítulo I

1886 Words
LIBRO II de la serie Trilogía el amor Puede Suceder . Capítulo I Nina miraba el paisaje del internado por la ventana, allí era su hogar desde los 13 años de edad. En realidad, ese lugar era más un convento que cualquier otra cosa. A pesar del silencio y de la rutina un poco aburrida, le gustaba ese lugar aislado y escondido. No extrañaba el ruido de la gran ciudad, el olor nauseabundo del humo cargado con los más variados tipos de perfume que irritaban su nariz desde pequeña, la tranquilidad la atraía, la naturaleza también. Pero no podía negar que extrañaba las conversaciones en la puerta de la escuela, las risas de las chicas durante algunos juegos y las pocas amistades que cultivaba. Estaba allí para huir de la atención masculina, incluso a los 13 años comenzaba a notar las miradas masculinas en su dirección y su tía adoptiva también lo notó, alertando a su padre. Desde entonces, allí es su refugio, pero también su escondite de los miembros masculinos de la organización a la que pertenecía su padre. En la mafia, las chicas vírgenes eran monedas de cambio y muchas veces ni siquiera los padres podían evitar uniones forzadas. Pero a pesar de la soledad, principalmente después de que su amiga más cercana, Ella, se fue para un matrimonio arreglado, Nina aún estaba agradecida por la protección que esas paredes le brindaban. Como mujer, tenía curiosidad por ser besada por un apuesto joven, por recibir chocolates e incluso flores, por sentir esa expectativa y ansiedad de los primeros romances que las otras chicas susurraban por los rincones. Pero sabía que no podría experimentar eso, nacer mujer en la mafia le quitaba experiencias que todas las otras chicas comunes tendrían. Su padre siempre decía que sería disputada por los otros miembros de la mafia por su extrema belleza, a veces ser bonita podía ser una maldición. Un día por la mañana, Nina se despertó tan rebelde que se cortó el cabello, los largos mechones lisos que antes llegaban a la cintura ahora estaban en un corte bob corto, pero aun así la belleza continuaba, de hecho, el corte solo evidenció los grandes ojos verdes y la figura menuda que llamaba la atención de los pocos hombres que la vieron durante los últimos años, sus salidas del convento estaban restringidas a consultas médicas de rutina, dentistas y compras de ropa. Pero incluso la consulta médica había sido prohibida, después de que el asistente de la clínica general que la atendía le envió un mensaje escrito por una de las internas, sabía que si la atrapaban conversando con alguien tendría problemas, su padre era amoroso, pero siempre dejó claro que no la quería involucrada de ninguna manera con personas del sexo opuesto o la enviaría a un lugar más estricto y sin contacto con la naturaleza. No deseando pasar un castigo, así entregó la nota a la madre superiora y no pudo salir más para ir al médico, eso también había sucedido con el dueño de la tienda donde compraba ropa, él llegó a enviar, sin siquiera haber conversado con ella, un teléfono móvil de última generación junto con su bolsa de ropa, con una nota afectuosa dirigida a Nina. Nina se había quedado sorprendida con la petulancia del hombre, una vez más informó a la madre superiora, así quedó prohibida de ir a la tienda nuevamente, pasó a usar la ropa que ya tenía y a coser otras durante la clase de costura que tenían semanalmente. Su tiempo lo pasaba leyendo, pintando, caminando por la inmensa propiedad, y recientemente se había instalado un gimnasio dentro del convento, eso era novedad, pero uno de los patrocinadores lo había exigido para las dos hijas que allí residían, podía ser un lugar habitado por monjas y jóvenes, pero era un lugar muy caro. De esa manera descubrió que le gustaba practicar ejercicios, las clases estaban disponibles en el panel montado dentro del gimnasio mismo. Así ganó otro pasatiempo. Cuando Nina recibió una carta de su padre informando que su mano había sido dada en matrimonio, entró en pánico, primero pensó que se trataba de una broma de mal gusto, él había prometido no negociarla como a cualquier otra, siempre decía que la amaba, y que un día podría casarse con un joven fuera de la organización y ser feliz. En la carta pedía perdón y decía que no tuvo elección, pero los hombres siempre tenían. Quien no tenía elección era ella. No deseaba salir de allí para una casa donde podía ser fácilmente maltratada. Aún intentó llamar a su padre y suplicarle que no la obligara, prefería hacer los votos y realmente convertirse en monja, pero los teléfonos estaban todos apagados, Nina no sabía qué hacer, solo que no deseaba ser abusada por un hombre. Después de una semana sin más noticias, su padre apareció para visitarla, su semblante estaba cansado y ella se aferró a él llorando. —Papá, prometiste que no me obligarías a casarme. ¿Qué pasó? —Oh, hija mía, fallé miserablemente en cumplir mi promesa, cometí errores graves y mi castigo es tu matrimonio. —¿Qué hiciste? Ella seguía llorando y su padre percibió la decepción en su voz. —Desvié dinero del jefe, fueron pocas veces, Nina, pero él es un gatuno astuto y pronto me descubrió. —Dios, papá, nadie roba dinero de la mafia, hasta yo lo sé, ¿cómo pudiste? Podrías estar muerto. —Lo preferiría, si eso garantizara tu seguridad, pero muerto tu destino podría ser aún peor. Nadie se casa con la hija de un hombre muerto por traición, vivirías sin nada, querida. —No quiero casarme, papá, me da escalofríos solo de imaginar que voy a pasar el resto de mi vida con alguien que no soporto y que temo. —Mi ángel, no tenemos opción, lo siento mucho. Era para que nos hubieran sentenciado a muerte. Me gustaría estar muerto para no verte entregada a alguien como él, pero vivo mantengo la esperanza de algún día liberarte de él. —Papá, ¿con quién me voy a casar? Pedro entonces la miró. —No me gustaría decirlo, todavía no, no me gustaría asustarte aún más. —Ya estoy suficientemente asustada, nada puede empeorar. —Puede, pequeña, no desearía que ni la hija de mi enemigo se casara con él. —¿Quién es, papá? —No sé ni siquiera su nombre, lo he visto algunas veces en todos estos años, no sé qué hace para Xavier, pero recibe mucho por ello, todos los pagos son enviados a una cuenta fantasma para que no sepa su nombre. —¿Cómo es él? Su padre la miró con pena. —Intimidante, y... —Habla, papá. —Tiene cicatrices en un lado del rostro, parecen quemaduras. Ella tragó en seco. —¿Es violento? Con mujeres. —No voy a mentirte, no lo sé, pero me dio escalofríos, mi ángel. No podemos esperar nada bueno de él. Lo siento mucho. Nina se aferró a él una vez más. —Necesito irme, mi tiempo aquí es poco, estoy siendo vigilado. Mantente firme, quién sabe si él no acepta este matrimonio y puedas quedar libre o al menos ser dada a alguien de tu edad y que no sea violento. No quiero que sufras, mi niña, pero en este momento no puedo hacer nada, lo siento mucho. —Lo sé, papá, está bien. ¿Ya sabes cuándo es la boda? —Aún no, pero será pronto. Son órdenes del jefe. La próxima vez que vuelva aquí será para llevarte a casa. Después de que su padre pasó por el portón, Nina se sentó bajo el roble e intentó no desesperarse; eso no resolvería la situación, recordó cuando su amiga Ella salió del convento para casarse, la amiga salió aterrorizada, aún intercambiaban cartas y en ellas Ella relataba que estaba bien y que el marido era bondadoso con ella. Las cartas eran vagas porque alguien podía leerlas y las informaciones precisas podían poner a ambas en riesgo, pero Nina pensaba que Ella había ganado la lotería y no creía que ella también tendría la misma suerte. Solo le quedaba esperar su destino. Los días se arrastraban lentamente, Nina no sabía si deseaba salir de allí pronto o si rezaba para que los días tardaran de alguna manera en pasar, no sabía definir qué era peor, si la angustia de esperar que su destino se concretara o la certeza de que llegaría. No albergaba esperanzas de que su futuro marido, cuyo nombre ni siquiera sabía, se negara a casarse con ella. Los hombres de ese mundo no iban en contra de la orden de su jefe; la palabra de un capo era ley para ellos. Su cabello ya estaba a la altura de los hombros, estaba creciendo rápidamente, si tuviera la certeza de que su ausencia mantendría al marido lejos de ella, lo raparía, pero él podría enfurecerse con su osadía y castigarla. La soledad que antes le gustaba ahora era una enemiga, no solía conversar con las otras internas, no tenían afinidades y las otras no eran sus amigas porque ella no formaba parte ni de la verdadera élite, mucho menos de la élite de la mafia. Además, encontraba las conversaciones de las otras chicas demasiado superficiales, Nina tenía una inteligencia por encima de la media, mientras las otras chicas hablaban sobre moda, ropa, chismes y las novedades del mundo de los famosos, a ella le gustaba leer, discutir temas importantes e incluso escuchar música clásica. Si pudiera, cursaría una universidad, pero si antes eso era imposible, ahora estaría obligada simplemente a cuidar de una casa y quién sabe a tener hijos no deseados cada año. Al imaginar que estaría obligada a acostarse con alguien en la misma cama y dejarlo hacer lo que quisiera con su cuerpo, una vez más era invadida por escalofríos, no era justo ser obligada a someterse a eso simplemente por haber nacido mujer, pero sabía que el mundo no era justo, con niños, mujeres, negros y pobres, podía vivir escondida y protegida del mundo detrás de los muros del convento, pero no era una alienada que no veía más allá de su nariz. Todo ese conocimiento no la mantendría a salvo si su marido decidiera violarla, nada la salvaría. Las informaciones proporcionadas por su padre la dejaron aún más temerosa, un hombre capaz de intimidar a cualquier otro hombre sería capaz de destruir a una mujer. Saber de sus cicatrices también la preocupó, no por la apariencia en sí, sino porque las personas que pasaban por experiencias traumáticas y además, tenían que vivir con el prejuicio sufrido por aquellos que se salen del patrón pueden convertirse en una bomba de relojería, destruyendo todo lo que está cerca y dentro de algunos días o semanas quien estaría más cerca de ese hombre sería ella. Estaba perdida en sus pensamientos cuando tocaron a la puerta. —Nina, hay alguien en el teléfono y desea hablar contigo. —¿Mi padre? —No niña, no dijo el nombre, solo que se va a casar contigo. Nina sintió su corazón latir con fuerza, no deseaba hablar con ese hombre, pero no tenía opción, no podría huir toda la vida, era mejor hablar por teléfono en lugar de en persona.
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