Capítulo 4 —Chica mala

1200 Words
Sonia: A mis dieciocho años… —Hija, ajústate bien tu abrigo. —Me pidió mi madre, mientras atravesábamos la puerta de salida de nuestra casa. Enseguida me dispuse a hacerlo, pero ella me quitó el turno y comenzó a cerrar los botones de mi gabán oscuro. Con los años, mi madre se había ablandado un poco. Bueno, casi, aún seguía con su idea de mantenerme pura hasta el matrimonio, aunque de eso no se hablaba, pero era una forma de decirlo. Para ella seguía siendo su niñita inocente, pero que equivocaba estaba. Como sea, lo mantendría así, no quería destrozar su pobre corazón. Por otro lado, los vestidos, definitivamente se fueron. Ahora podía usar pantalones y a escondidas, faldas más arriba de mi muslo. Una de ellas, mi favorita, una negr* de cuero que me había obsequiado mi tía por Navidad. Permanecía en mi bolso, esperando para ser usada. —Entonces, solo será una pijamada y Samantha irá. —Me aseguro mi madre con seriedad. Asentí con una sonrisa y me acerqué para darle un beso en su mejilla. —Estaré bien, mamá. No te preocupes. Además, ¿cuándo te he fallado? Era una hipócrita por decirle esto, le había mentido muchas veces. Salía a escondidas en las noches, a fiestas con mis amigos, bebía y hasta había tenido novio, pero solo hasta allí. Aún no había cruzado esa otra línea. —Está bien, confió en ti. —Me dice mi madre dándome un último abrazo. Luego de eso, me aleje de allí sintiendo una sensación horrible en mi pech* Definitivamente era una mala hija. Queriendo enfocarme en otra cosa, en lugar de esta culpa que sentía, caminé más deprisa hasta llegar a la casa de Samantha. Éramos vecinas, así que no tuve que hacer mucho esfuerzo. En el proceso, observé mi bolsa de viaje, viendo que no se me quedara nada. Entonces, la vi nuevamente, a mi pequeña prenda asesin*. Sin duda, algo del remordimiento que sentía, se fue. De todas formas, lo vería como una necesidad. No quería m*rir sin experimentar lo se sentía, tener s3xo. Además, a mi coñ*, le saldrían telarañas, si no lo usaba. Hoy era mi cumpleaños número dieciocho y esta noche perdería mi virginidad. Así que estaba lista para hacerlo. Enfocándome en el momento presente, pulsé el timbre, esperando que fuera Samantha, pero me encontré con la cara llena de granos de Ethan. Él hizo una cara de desagrado y por supuesto que no me quede atrás. —Siento dañar tus ilusiones, Ethan, pero no vine a verte a ti, sino a Samantha. —Le di una sonrisa inteligente—. Para ser mi novio, tienes que hacer fila. El chico se burló. —Jamás me metería con alguien como tú, eres simplemente irritante para mí. Le di una sonrisa aburrida. —Concuerdo. Ahora, ¿puedes, por favor, llamar a tu querida prima? —Con tal de no ver tu cara, lo haré. —Rodé mis ojos y seguidamente él gritó—. ¡Samantha, la descerebrada, viene por ti! Abrí mi boca, pero él ya se había ido. —¡Idi*ta! —Lance la palabrota con fastidio. Aunque, eso no me afectaba tanto, era la mejor en mi clase después de Samantha y siempre ocupaba los primeros puestos en el cuadro de honor. A diferencia de Ethan, que no nos alcanzaba, ni corriendo. Como sea, mientras esperaba en el porche de la casa, observé mi reloj de mano y dejé salir un pequeño suspiro anhelante. Aún faltaba mucho para ver a mi cita. El hombre era mucho mayor que yo, tenía unos veintisiete años, pero era rubio y guapo, como a mí me gustaban. Sin duda era el hombre correcto. Apenas cruce un par de palabras con él y me sentí inmediatamente conectada, era como si lo conociera de toda la vida. Aunque no romantizaría nuestro pequeño encuentro íntim*, sencillamente no me haría ilusiones y tampoco esperaba nada más de él. —Ya estoy aquí —dice mi mejor amiga llamando mi atención. La observé y ella me regaló una dulce sonrisa. Acompañé su expresión y detalle, luego, el resto de su atuendo. Ella usaba unos jeans y una camisa de leñador, color vino tinto. No sabía por qué, pero le gustaban esas cosas. Samantha, no tenía ni una gota de maquillaje en su rostro y su cabello rubio estaba recogido en su tradicional trenza francesa. Definitivamente, se veía como un ángel, a diferencia de mí, que lucía como una chica mala. —Estás preciosa. —Le dije con una sonrisa, mientras ella cerraba la puerta de su casa. —Tu igual. —Samantha empezó a bajar las escaleras y yo hice lo mismo, pero resoplando en el proceso. —Si fuera por mí, quemaría todo mi armario. Así que no me des alas, gracias. Samantha negó viéndose inconforme. —No deberías ser tan dur* con tu madre. Ella hace lo que puede para protegerte. —Sus ojos grises observaron mi atuendo nuevamente—. Además, creo que este estilo te luce mejor que esas faldas que usas en el instituto. Lance una carcajada. —Si acaso lucirán bien en un convento, Samantha. —Puse uno de mis brazos sobre sus hombros y la acerqué más a mí—. Pero como sea, no voy a discutir sobre qué es lo mejor para mí. Ella me observó con esa carita de reproche. —Hablando de eso. Sonia, no creo que deberías ir a ese hotel esta noche. ¿Qué tal si el tipo resulta ser un psicópata? Negué sin importancia. —El sitio es seguro y pagué todo mi sueldo del mes para entrar en ese put* lugar. Además, no creo que los psicópatas sean ricos —dije con burla. Samantha continuó caminando conmigo hasta la estación de trenes. —Pues no lo sé, pero ten cuidado, Sonia. —Ella me lo pidió con su carita llena de preocupación. Esto me enterneció, en serio la adoraba. Le di un pequeño beso en su mejilla sonrojada y me alejé del todo de mi amiga. —Descuida, que no planeo m*rir esta noche. Ante mis palabras, ella me dio una mirada llena de horror. Deje salir una carcajada y trate de tranquilizarla. —Bueno, no de esa forma. Además, te contaré todos los detalles. —Le aseguré. Samantha negó escandalizada, incluso se sonrojó. —No quiero saber. —Ah, ¿no? —Me burlé de ella—. ¡Oh sí! ¡Oh sí, dame dur* papi!… Ella, inmediatamente, me puso una de sus manos en mi boca para que me detuviera. —¡Está bien, cállate! —Su rostro se sonrojó aún más—. Después me cuentas, pero acá no hagas una escena que todos nos están viendo raro. ¿Todos? Qué chica tan paranoica. Alejé su mano de mi boca. Solo había una pareja de ancianos, los cuales me dieron miradas de muert*. Me encogí de hombros sin prestarles atención. —Está bien, ya que me estás rogando, te lo contaré todo cuando llegue. —Le dije con diversión. Samantha rodó sus ojos con fastidio y se adelantó en el camino. —¡Vamos, Sam! ¡Espérame! —Me queje. ***********
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