Capítulo 6 —Perdiendo el control

2147 Words
Sonia: Darién no esperó y entro despacio en mi abertura. Cuando sentí la aguda quemadura en mi centro, gemí por el dolor y cerré los ojos por impulso. Pero él rápidamente estaba allí, aliviando el escozor, mientras dejaba pequeños besos en mis labios. El ardor era intenso, pero no insoportable, y las ganas que tenía, porque me hiciera suya, no habían menguado. Así que no me acobardaría por este simple contratiempo. Él continuó moviendo sus caderas lentamente, ingresando, del todo, su gruesa longitud. —¡Caraj*! —Darién, gruñe cerca de mi oreja—. ¡Estas jodid*mente apretada! Yo misma me sentía así, mis paredes lo aferraron como un guante demasiado apretado, pero sin dejar de ser excitante. Se puso mejor cuando él me cubrió por completo, acomodando sus abdominales contra mi vientre plano. Si me quedaba alguna duda, ahora no lo hacía. Él estaba completamente dentro de mí. Tan profundo, que me tenía delirando de placer y no quería que se detuviera. Así que entrelacé mis piernas en su espalda baja, obligándolo a continuar. —¡Maldici*n, muñeca! ¡Detente! —Él me advirtió para luego observarme con esos ojos azules tan profundos y tan salvajes. Casi al mismo tiempo me pregunto con voz estrangulaba. —Estas… ¿Estás bien? ¿Acaso no lo veía? —Mejor que nunca. —Fue mi única respuesta y dejé escapar el aire que estaban conteniendo en mis pulmones. Sus ojos azules buscaron los míos, como cerciorándose de que decía la verdad. Paso un segundo y Darién por fin rompe su equilibrio y comienza a moverse dentro de mí. Él se retiró todo el camino, despacio, antes de deslizarse nuevamente en mis paredes intim*s. —Te sientes tan bien. —Me susurro cerca de mis labios, mientras no dejaba de observarme a los ojos. Temblé un poco. El dolor ya no era tan insoportable como antes, solo estaba demasiado excitada. —Continúa. —Le pedí suplicante sin dejar de mirarlo fijamente. —Lo tienes. —Darién empujo una y otra vez, y sus movimientos se iban haciendo cada vez más rápidos, aumentando el placer de ambos. —¿Sabes lo que me haces? —Me pregunto mientras veía una gota de sudor correr por su mejilla—. Me calientas como nadie. ¿Yo? Ni siquiera estaba haciendo nada. Está bien, trate de moverme, pero Darién era el que llevaba el ritmo. Si había alguien que estaba caliente aquí, esa era yo. Sus movimientos se hicieron más rápidos y gemí descontrolada. Él había tocado ese punto en mi interior. —¡Por favor, Darién! —Quería que lo hiciera de nuevo y no se detuvo, él chocó sus caderas con fuerza. Dios, esto era lo más increíble del mundo. —¿Quieres más? ¿Se siente bien? —Me pregunto mientras una de sus manos tomaba mi cuello y lo apretaba. La falta de aire, solo me hizo sentir más extasiada. —¡Más! —Rogué y casi lloriqueé con cada poderosa embestida de sus caderas. Apenas podía tener los ojos abiertos. —¡Oh mierda, voy a llegar! —Le dije entre gemidos. Darién muerde mi labio inferior. —Llega para mí, muñeca. Mierd*, esas palabras fueron todo lo que necesité. Sentía como mis muslos temblaban y mis paredes se apretaban alrededor de su gruesa longitud. Estallé en éxtasis y me hice pedazos con ese glorioso org*smo. Charlie: Estaba perdiendo el control, mientras la veía gritar y convulsionarse debajo de mí. Maldici*n, era la mejor vista que me habían dado en toda la vida. Un gruñido entrecortado se escapó de mis labios, cuando sentí que me venía, pero me obligué a detenerme, quería hacer esto lo suficiente bueno para ella. La foll* más fuerte, más desesperadamente, mostrándole cuanto la quería y cuanto había deseado esta noche con ella. ¿Cómo llegue a esto? Seguía siendo un maldit* pervertido y un loco. Creí que, con los años, la olvidaría, pero las ganas y la obsesión solo se hicieron más fuertes. Así que tuve que volver a buscarla. Me sorprendí mucho al saber que aún era virg*n y eso hizo rugir al hombre de las cavernas que había en mi interior. Así que ese, fue mi mayor propósito durante todos estos meses hablando con ella, tenía que conseguirla primero que cualquier otro hombre. Sonia era mía y de nadie más. Bueno, al menos lo sería por esta noche, porque simplemente, no podía seguir con esta obsesión insana. —Darién. —Me llamo ella después de un momento, dejando escapar un suspiro lleno de felicidad. Mi muñequita linda, había descendido de su clímax como una poderosa diosa del s3xo y me observo perezosamente. —Me has hecho el día. —Tú el mío. —Le dije con voz ronca por el deseo, ojalá me hubiese llamado por mi verdadero nombre, pero me conformaría con esto que ella me daba. —Pero aún no he terminado. —Le dije con voz oscura. Quería foll*rla de tantas maneras posibles, que no me alcanzaría la noche para cumplir todas sus fantasías. Como sea, tenía que ponerme creativo, si quería lograrlo. Me incorporé un poco, pero sin salir de ella. Tome sus caderas, tirando de su cuerpo contra el mío, mientras doblaba sus piernas, para luego ponerlas sobre mis hombros. La posición solo me daría más profundidad y eso quería, que me sintiera a plenitud. Sonia me dio una pequeña sonrisa traviesa. —¿Te vas a portar mal, nuevamente? No tenía ni idea. Asentí ante sus palabras. —Así es, te foll*re tan fuerte que nunca me olvidaras. —Le susurré esta promesa con mucha honestidad, después de todo este era mi propósito. En vez de asustarse por mi declaración, Sonia levanto sus caderas y me recibió con ganas. Mierd*, la sensación de estar dentro de ella era la cosa más increíble que había experimentado en toda mi vida y goce con mi suerte, embistiéndola como un salvaje hasta que la escuche suplicar por más. —¡Oh, no te detengas nunca! —Me pedía entre gemidos y yo estaba tentado a cumplir todos sus anhelos, pero me negué a hacerlo. No podía quedarme a su lado, no era el hombre correcto para ella. —Eres la mujer más jodid*mente increíble. —Esto era lo mejor y más sincero que podía darle, porque de verdad lo creía. Sus ojos castaños me observaron con deseo. —¡Darién! —Ella gimió mi nombre—. Te recordaré por siempre. Esas palabras, sin duda, me hicieron llegar. —¡Caraj*! —Grité empujando más fuerte mis caderas, mientras veía como sus pech*s se movían—. Me voy a venir dur*, muñeca. —¡Sí! —Gimió Sonia siguiendo mis empujes—. Quiero tu semilla en mí. Sin esperar, pegue mi cuerpo al suyo, sin perder la posición y ella gritó por la intensa plenitud. —¡Maldici*n, sí! —Deje escapar un gruñido y mis caderas comenzaron a chocar erráticamente contra las de ella. Unos segundos y eso fue todo, sentí como mi columna se tensaba como la cuerda de un arco, di el último empuje y me libere dentro de ella. Un estruendoso gruñido salió de mis labios. —¡Maldici*n, muñeca! —Fue lo único que pude decir y al final la llené por completo. Cuando el clímax descendió, caí deshecho sobre su cuerpo. Mi rostro quedó enterrado en el hueco de su cuello y Sonia libero sus piernas, para luego dejarlas sin propósito a sus lados. Solo que sus manos, permanecieron en mi cabello. La caricia tan desinteresada que ella me daba, solo me trajo tranquilidad, pero a la vez una alarma se activó en mi cerebro, sintiendo luego un miedo terrible en lo profundo de mi ser. No dejaría que esto avanzara más. Esta sería la última vez. Le había prometido en los correos, que volveríamos a vernos, pero eso era demasiado para mí y no cumpliría esa promesa. ************* Me levanté con cuidado de la cama y la vi dormir plácidamente entre el enredado de sabanas. Se veía preciosa. A sus quince años, ya era una chica muy hermosa, pero ahora se había convertido en toda una diosa, una belleza que seguro haría detener el tráfico y le rompería el corazón a más de uno. Observé las curvas de sus caderas, sus nalg*s y toda su silueta poderosa. Su cabello largo y del color del más exquisito chocolate, cubría su espalda, pero también sus pech*s abultados y perfectos. Me quedé como hipnotizado mirándola y un sentimiento posesivo me recorrió el cuerpo. Ella había sido mía y esa verdad quedaría incrustada para siempre en mi interior… Cerré mis ojos y dejé escapar de mis labios, un profundo suspiro lleno de frustración y de tristeza. Solo esperaba que el idi*ta afortunado que se quedara con Sonia por el resto de su vida, la cuidara como ella se lo merecía. Abrí mis ojos y volví a observarla, otros tantos sentimientos me invadieron. Ya odi*ba a ese hombre y no sabía por qué me sentía así. No creía estar enamorado, jamás había caído tan profundo por una chica. Negué, y aparte la mirada, solo era una simple obsesión que olvidaría con el tiempo. Me vestí rápidamente, sin apartar la mirada de su cuerpo desn*do y de su rostro. Después de todo no la volvería a ver. Sonia tal vez estaría enojada conmigo, pero era lo mejor. Antes de irme, le di un pequeño beso en sus labios hinchados y dejé una nota en la mesita, junto a la cama. “Jamás olvidaré esta increíble noche”, era lo más romántico que le había dicho a otra mujer en mi vida y sentía que era lo más adecuado. Sonia no era de esas mujeres que se ilusionaba fácilmente, lo supe al instante de conocerla, pero, aun así, no quería correr ningún riesgo. Por lo tanto, debía irme antes de que despertara. Salí de la habitación de hotel, para luego entrar en uno de los ascensores, y el silencio de esta est*pida caja metálica no hizo nada para detener el profundo dolor que empezó en lo profundo de mí pech*, y ese vacío que siempre llegaba, se hizo más fuerte. ¿Qué había hecho? Había dejado que mi placer ganara y ahora vendría por más. Negué con terquedad. —Esta será la última vez. —Me prometí. A pesar de esto, a mi mente llego el recuerdo de esos labios hinchados que desde el inicio fueron un pecado para mí, de esa sonrisa traviesa y por último, de esa mirada de ojos cafés, que me mostraron en tampoco tiempo esa seriedad, pero también las ganas que ella tenía de disfrutar la vida. Solo que también vi esa tristeza y ese vacío en lo profundo de sus ojos, que yo mismo compartía en mi interior. Sonia aparentaba verse fuerte y apasionada, pero había una fragilidad que me hizo preguntarme, ¿Qué fue lo que le sucedió para que guardara sentimientos así? ¿En serio ella estaría bien? Tenía que estarlo, porque no podía regresar y ser su salvador. Yo no era esa clase de hombre. Las puertas del ascensor se abrieron y me dirigí inmediatamente hacia recepción. La chica del mostrador me dio una sonrisa coqueta, pero ya no estaba de ánimos para sonreír. —Mi acompañante en la habitación 203, se quedará por esta noche. Cuando sean las ocho de la mañana, encárguense de llevarle el desayuno. —La chica asintió apuntándolo y cuando termino, le pase mi tarjeta—. Todo lo que consuma corre por mi cuenta. Luego de esa breve comunicación, salí de ese hotel y el hombre que había contratado para que espiara a Sonia, me encontró fácilmente en el estacionamiento. —Doctor Morton. —Me llamo el otro hombre. Lo enfrenté para luego sacar de mi gabardina, un sobre con la mitad del pago que le había prometido. —Ya sabe, ni una palabra de esto a nadie y encárguese de que ella llegue a salvo a su casa. Asintió estoicamente. —¿Seguro que quiere detenerse? Estreche mi mirada en él. Solo habían sido un par de meses, eso no me hacía un obsesivo. Bueno… —Sí, estoy seguro, ahora desaparezca de mi vista —dije molesto. El hombre inclinó su cabeza y se alejó del todo. Entré en mi auto y dejé salir un suspiro frustrado. Sonia era como una drog* para mí, pero ningún alucinógeno era imposible de aliviarse. Esta noche, la saqué de mi sistema y eso sería todo. Me propuse, contactarla, ganarles a esos otros idi*tas que tenía como pretendientes y ser el número para ella. Logre hacerla mía y que me entregara su virginid*d. También podría olvidarla como si nada. Después de todo, Sonia aborrecía el compromiso, así que no podía preocuparme de que le rompiera el corazón. Respire profundo, podría con esto.
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