Capítulo 2 —El momento más erótico de mi vida

1584 Words
Sonia: Él era un extraño, para mí, y por supuesto que yo no hacía este tipo de cosas, sin antes informarme bien. Bueno, al menos lo haría en esta ocasión. —¿Qué edad tienes? —Pregunté acercándome un paso. —Veinticuatro. —Responde él sencillamente. Abrí mis ojos sorprendidos. Vaya, era bastante viejo para mí. Como sea, la curiosidad me invadió. Di otro paso. “¿En serio me lo estaba planteando? ¿Qué pensaría mamá?” Me detuve, sintiéndome algo incómoda. —¿Qué hace un hombre como tú, jugando con chicas de quince? —Le pregunté molesta y a la vez me sentí temerosa. Si era un psicópata, no sabría si saldría viva de aquí, aunque también podría gritar. Estaba sana y tenía buenos pulmones. Dios, no podía creer que estaba bromeando en este momento. Charlie me dio una mirada irritada. —Sé lo que estás pensando y en serio no quiero nada contigo, ni con ninguna mocosa de tu edad. Solo estoy acompañando a mi prima. De todo lo que dijo, me quede con. “No quiero nada contigo”. Auch, eso dolió. Aunque no debería molestarme. “Yo no besaba hombres al azar, porque tenía quince años”, me recordé. Sacudí mi cabeza. —Debo irme. —Le dije, era mejor no cruzar esa línea prohibida. —Entonces, eres cobarde. Le di una mirada enojada y esa otra chica en mi interior, volvió a quejarse. Ella quería tomar el riesgo. “¡Hazlo!” Sacudí mi cabeza y lo observé con burla. —Eres muy viejo para mí. Me gustan más jóvenes. “¡Mentirosa!”, me regaño esa otra voz en mi interior. “Está como quiere”. Sin duda era cierto. Charlie se encoge de hombros. —Pues te lo pierdes. —Él se da la vuelta dispuesto a alejarse—. Solo quería comprobar que eres una chica de verdad. Ahora sé que no lo eres. Jamás decía palabrotas, pero qué chico tan idi*ta. Sus palabras, definitivamente, habían golpeado una parte sensible en mi interior. Sí, usaba vestido, pero no me veía como una muñeca. Sabía que, para mi edad, tenía buen cuerpo y me había desarrollado primero que Samantha, así que no sabía por qué este chico-hombre, no lo veía. Como sea, quería demostrárselo. Charlie se estaba alejando y tomé la decisión rápidamente. Mi parte tímida se escondió en lo profundo de mí ser y la chica valiente salió a flote. —¡Espera! —¿Qué? —Me observo él por encima de su hombro con arrogancia. —Sé besar y te lo voy a demostrar. Charlie se dio la vuelta y se acercó despacio hacia mí. —Pues hazlo. —Sus ojos azules se enfocaron en mis labios. Está bien, era ahora o nunca. Había visto como se hacía, millones de veces. Esto no me quedaría grande. Me puse de puntitas y coloque mis manos en sus hombros, para luego cubrir mis labios con los suyos. Fue solo un roce o al menos eso pensé, pero se sintió genial. Charlie, aferro mi cintura con sus brazos por un segundo y sentí su respiración agitada en mis labios. La sensación envió una descarga en todo mi cuerpo y gemí. Yo… Yo, ¿qué era esto que sentía? ¿Por qué nunca antes lo había experimentado? Pero lo supe rápidamente, estaba excitada. Definitivamente, este era el momento más erótico que había experimentado en mi vida. El primero en apartarse fue Charlie y ambos nos quedamos mirándonos fijamente. Mi atención volvió a dirigirse hacia sus labios y no pude dejar de pensar que quería volver a besarlo, pero entonces él habló. —Tienes potencial. —Él me observó de arriba abajo con burla—. Además, creo que, si te quitas ese horrendo vestido, puede que dejes ver un gran cuerpo. Su mirada regresó a mis labios y luego subió hasta mis ojos, sin dejar de sonreír. —Nos vemos, muñeca. Lo vi irse y por segunda vez en mi vida me sentí humillada, porque mi padre tuvo la culpa de la primera. Solo ese beso y me sentía ya una mujer, pero este idi*ta, me lo había arruinado. Mis manos se convirtieron en puños y salí corriendo de allí. En el camino me encontré con Megan, ella estaba besando a otro de los chicos y casi lo pegaba a uno de los árboles cercanos. Reprimí un gruñido. Sí, yo era la única tonta que se creyó que esto era un juego inocente, probablemente solo era para completar parejas y a mí me había tocado el idi*ta de Charlie. Como sea, no me detuve y seguí corriendo hasta llegar a mi casa. A la distancia, vi que mi tía estaba esperándome sentada en el porche de las escaleras, su sonrisa fácil se dejó ver en su rostro, pero enseguida se desvaneció cuando me vio. ¿Qué había en mi cara? Que… Alce mis manos y toque mi rostro. Suspiré y detuve mi carrera apresurada, estaba llorando y ni siquiera sabía por qué. —¿Qué paso? ¿Alguien te hizo daño? —Me pregunto ella, mientras se levantaba y observaba el bosque detrás de mí. Negué, no quería decírselo. Yo…, solo me sentía dolida. En ese momento recordé a papá y el vacío en mi interior se hizo más grande. Subí las escaleras dispuesta a entrar, pero mi tía me detuvo con suavidad tomando uno de mis brazos. —Anda, Sonia, dímelo. Puedes confiar en mí. La observé y más lágrimas se derramaron por mis mejillas. —Bese a un chico en el bosque. Mi tía levantó sus cejas, viéndose sorprendida. —De acuerdo. —Ella vuelve a sentarse y me insta a hacer lo mismo. —¿Él te hizo daño? —Me pregunto con un atisbo de seriedad en su voz. Negué y me senté a su lado. —Me gusto mucho, solo que a él no. Pensó que era una niña por este est*pido vestido que me hace usar mi madre —dije con melancolía. Ante mi respuesta, una de sus manos salió disparada hacia mi espalda y la otra levanto mi quijada haciendo que la observara. —Oye, si no quieres usarlos más, hablaré con tu madre. Resoplé y a la vez de mi boca salió una pequeña risita temblorosa. —Mi madre…, ella. Solo quiero verla feliz, por culpa de mi padre ella cambió conmigo y solo quiero… —Me detuve por las lágrimas. No había llorado en ningún momento del año pasado, hasta ahora. Así que era mi turno de desahogarme. Mi tía seguía acariciando mi espalda para darme consuelo. —Oye, está bien estar enojada, está bien llorar. La observé, ella era tan segura de sí misma. ¿Por qué no podía ser como ella? Negué. —Mi madre dice que llorar es para débiles. Mi tía suelta una pequeña carcajada. —Si es así, entonces yo soy la más débil del mundo. La observé con mucha más atención, limpiándome en el proceso mis lágrimas. —Entonces, ¿también lloras? —Todo el tiempo, Sonia. —Ella sacude su cabeza—. Tu mamá está tan encerrada en el dolor, que a veces dice cosas equivocadas. Ella se detuvo tomando mi rostro entre sus manos. —Pero escucha Sonia, si estás enojada, grita. Si estás triste, llora. Si necesitas pelear y decir las cosas, dilas sin ningún remordimiento. —Ella puso uno de sus dedos en el centro de mi pech*—. Guardar esos sentimientos, no te hace bien. Ella tenía razón, pero… —¿Y si quiero pelear con el mundo, incluso conmigo misma? —Le pregunté mirándola fijamente. Ella se encoge de hombros. —Pues hazlo, pelea hasta que te escuchen. Hasta que te escuches a ti misma. Mi tía siempre fue muy sabia con sus palabras, siempre lograba transformar todo a mí alrededor y por primera vez en mi vida, estaba empezando reconsiderar sus consejos. —Ven. —Ella se levantó del suelo, dándome una sonrisa cálida—. Si no quieres tus vestidos, entonces los quemaremos. Además, ya tienes quince años y eres toda una mujer, es necesario hacer un cambio de guardarropa de todos modos. Tomé su mano y me levanté dispuesta a hacer eso. En ese momento quería gritar de la felicidad. Ya no sería la misma Sonia de antes, por fin saldría de mi caparazón. Aunque, había algo más. Ya saben lo que dicen, la educación de los padres, define el futuro de sus hijos y eso me sucedió. El abandono de mi padre, jugo un papel importante. Al igual que la actitud tan dur* que me mostró mi madre. Así que, definitivamente, no. No me dejaría pisotear por ningún hombre, eso fue lo que aprendí y me parecía bien quedarme con esto. Esta fue la primera decisión adulta que tome a mis quince años, no dejaría que Charlie o cualquier otro hombre me volviera a humillar. El único amor que valía la pena, era el de mi propia familia, la que aún estaba conmigo, claro. ¿El amor entre parejas? No existía, ese era un cuento para niños. Los hombres no eran de fiar y yo era lo bastante inteligente para no tener que pasar por la misma prueba. Me habían rot* el corazón y no pensaba volver a caer en lo mismo. En su lugar, ellos caerían derretidos, todos los hombres guapos y atractivos que se me atravesaran por el camino. Esa era mi promesa.
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