Estuve una semana metida en ese hospital, el primer día que Cristóbal estuvo, ordeno que me movieran de Habitación, los médicos estaban cada vez más al pendiente de mí, era un tanto insoportable. Pero lo entendía y debía dejarme, pues se trataba de mi bebé. Esa simple palabra de cuatro letras me hacía sonreír y hace mucho que no sonreía. No cruzábamos palabra alguna, excepto para lo necesario, cada noche amanecía recostado en mi regazo y mi cuerpo por lo general respondía, mis manos posaban sobre su cabeza e inclusive estaban entrelazadas. Su cercanía, me había ayudado mucho, eso no podía negarlo, pero aún así, mi mente estaba lúcida y clara con un sólo objetivo, ser feliz junto a mi hijo. Tengo claro que nunca alejaría a mi hijo de su padre, porque mi hijo no lo merece ni Cristóbal

