No sabía el porqué, pero se sentía una vez más como si estuviese haciendo algo muy malo, cuando su lógica le decía que no, que él nunca le había fallado en ningún sentido, pero podía sentir la ofuscación de Karina y eso le resultaba incómodo, al punto de ser molesto tanto para él como para su prometida. —Abel… pensé que te habías deshecho de esos cuadros polvorientos, me dijiste en el hospital que los ibas a tirar y no fue así… me mentiste —dijo Karina sin quitar la mirada del retrato de la joven, esa que, a pesar de verse hermoso le comenzaba a parecer tétrico por alguna razón. Él pasó saliva, volteó a ver el cuadro y notó que aquellas lágrimas y expresión de la chica habían cambiado de manera rotunda desde la última vez que la había visto. Sintiéndose embelesado, al instante sus pupil

