«Será posible que Abel le cambió dé lugar a esa cosa? Eso debió ser, pero tengo mis dudas», se decía Karina para apaciguar los incesantes latidos de su corazón que le recordaban lo atemorizada que se sentía. Antes de acercarse para averiguar, la joven tomó con una mano su celular y se le dificultó un poco por lo temblorosa que esta estaba, pero aun así abrió una aplicación para llamar a su prometido. En su mente sabía que al estar trabajando era muy poco probable que le respondiera, pero debía intentarlo. —Contesta, Abel… contesta… —replicaba Karina con aflicción y miedo, pero la mandó a buzón— ¡Rayos, lo sabía! Después de tres intentos mejor decidió abrir una aplicación de mensajes y optó por enviar un audio a su mejor amiga, en la que podía confiar con plenitud. —Maggie, amiga… —Kari

