Parte 12

2114 Words
Conforme los días pasaban me era imposible no mirar a Oliver. Siempre se empeñaba en resaltar con los demás, me miraba extrañamente y cuando yo lo miraba solo sonreía. Comenzaba a sentirme extraño cuando venía con él a la universidad. Simplemente era perfecto ante mis ojos y cuando una chica se le acercaba quería alejarla de él. ¿Que era este maldito sentimiento? ¿Atracción? ¿Me estaba enamorando de él? No, ni en sueños ese chico me gustaría, simplemente no lo aceptaba. El tener este tipo de sentimientos por él era una completa locura y yo no estaba loco. —Apúrate, Oliver— dije antes de salir de la casa. Este maldito parecía que vivía en mi casa, comía, cenaba, desayunaba e incluso algunas veces dormía aquí. —Ya voy— se levantó y corrió para alcanzarme. —¿Me llevarás hasta la escuela de nuevo?— preguntó Yo solo me encogí de hombros —Que mas da, ya todos saben que somos vecinos por tu culpa— lo mire molesto —Si tan solo hubieras cerrado el pico no tendría que soportarte todos los días. La cosa era así: el gran Oliver contó a todos que yo era su vecino. Todos quisieron acercarse a mi porque seguramente yo sabría la ubicación exacta de su casa y así ellos poder ir y venir cuando lo desearan. Punto número uno, yo no les diría nunca en donde vive el porque así sabrán donde vivo yo y sería un dolor de cabeza lidiar con tantas personas. Desde que el idiota de Oliver dijo que éramos "amigos", resaltando eso último porque no lo somos, todos quieren acercarse a mi para acercarse a él. Bueno, él es muy sociable y guapo y es todo lo que alguien puede desear. Al llegar a la universidad ambos bajamos de la moto y luego ambos entramos al edificio para poder ir al aula. Una vez estando ahí entre y algunos me miraban extraño y otros susurraban desde sus lugares. Decidí ignorarlos y camine hasta llegar a mi lugar. —¿Escuchaste los rumores?— pregunta la chica que se encontraba detrás de mí a otra —¿Es verdad? —Supongo, Aarón y sus amigos no han llegado aún. —Que idiota el chico que se dejaba golpear por ellos— ríe y su amiga también. Me giré para poder verlas —¿De que rumores hablan? —Las cámaras de seguridad grabaron el momento exacto en el que Aaron y su grupo de matones golpeaban a un chico y el director los expulsó. Oh Dios, gracias Dios. Me liberaste de esos golpeadores. Bendita suerte. Una ligera sonrisa apareció en mis labios —¿Saben el nombre del chico? —Es un chico de la facultad de Arquitectura, o eso fue lo que escuche. Volví a girarme y me puse a pensar en que yo no era el único al que golpeaban. Valla, si que eran unos completos idiotas bravucones. —Tomen asiento y guarden silencio— hablo él profesión en cuanto entró al aula. —Máximo— me llamó y yo volteé a verlo —El director desea verte. Trague saliva y me puse de pie. Salí del aula y luego me dirigí hasta la dirección en donde el director me esperaba —Toma asiento, Max. —¿Qué ocurre?— pregunté preocupado. —No sé si te has enterado que tus compañeros están expulsados por golpear a otro chico perteneciente a otra facultad— se acerca —Estoy muy decepcionado de ti. —¿Por qué? —Ellos te golpeaban hasta el cansancio y tú jamás me lo dijiste ¿Por qué? ¿Acaso no tenías confianza en mi? —No es eso, yo no quería perder la beca. —Pero tú no eres el culpable, Max. Quiero que a partir de ahora me digas si alguien te molesta. —Si— susurré. —Puedes volver a tus clases— asentí y me puse de pie. Regrese al aula y continué tomando clases. —Bien muchachos. Necesito que la próxima clase me entreguen un avance de su proyecto. —Olviden hacerlo en mi casa— dije ya que todos me miraron —Propongo que ahora lo hagamos en la casa de Oliver. —Oh no, en mi casa no. —¿Por qué no? La última vez fue en mi casa y ni siquiera me pidieron mi opinión. —Señor Max— Oliver se acerca a mi y me toma de los hombros —No podemos ir ahí porque no podemos. —Opino que lo hagamos ahí— dice Sebastián. —Opino lo mismo— dice Alisa —Es hora de conocer donde vive Oliver. —Ves— lo mire —todos desean conocer tu casa— le guiñe un ojo y comencé a caminar hacia la puerta —Bueno, nos vemos ahí a las cuatro. Oliver tomó sus cosas y caminó detrás de mi —Oye— me llamó, pero yo seguí caminando —Oye— me tomó el brazo —detente y escúchame— lo mire y esperé a que hablara —Mira, mi casa es un completo desastre, no la he aseado desde hace mucho. —Pues tienes dos horas para asearla. —Ayúdame ¿si? —¿Me pagarás? —No tengo dinero— me mira. —¿Qué le haces el dinero que la señora Lisa te paga? —Esa mujer es una estafadora. No me ha pagado ni un centavo desde que comencé a trabajar con ella. —Hum— comencé a pensar —Si te ayudo dejarás de molestarme. —Lo que sea, solo ayúdame— colocó sus manos en mis hombros. Rápidamente me aparte de él y camine —Andando si quieres que te lleve— caminamos y luego regresamos a casa. Al llegar me estacione y luego llevé mis cosas a mi casa y Oliver me espero fuera. Cuando salí caminamos nuevamente y nos posicionamos fuera de su casa —Por favor no te alteres cuando veas el desastre— tomó sus llaves y luego abrió la puerta. Hem, ¿cómo explicar lo que mis ojos miraban? ¿¡CÓMO MALDITAMENTE ALGUIEN CON SUS CINCO SENTIDOS FUNCIONANDO CORRECTAMENTE, CON SUS EXTREMIDADES COMPLETAS PUEDE VIVIR AQUÍ!? —Por dios, Oliver— lo mire y él me miraba así que giré mi cabeza rápidamente —¿Cómo alguien puede vivir en estas condiciones?— entre a la casa y el aroma a basura, convinado con aroma a ropa sucia y también un aroma asqueroso a comida podrida era lo único que se olía ahí dentro —Abre las ventanas— ordene ya que mi estómago se revolvió y me dieron ganas de vomitar —¡Rápido! —Si— asintió y corrió a abrirlas. —Ahora entiendo porque vives más en mi casa que en la tuya. —Es solo que yo no sé hacer quehaceres del hogar— me mira. —Pero ¿si sabes tirar la basura? ¿Por qué no lo haces?— moví una de las bolsas negras que tenía apiladas y salieron un par de cucarachas —Dios, Oliver eso es asqueroso— me giré para impedir que vomitara —Saca toda esa basura ahora mismo— el asintió y movió las bolsas para sacarlas de la casa. Yo por mi parte comencé a juntar toda su ropa sucia que estaba regada por toda la casa, tome un par de calcetines color rosa y me reí, él se dio cuenta y me los arrebató —Es solo que son calientitos y así no me da frío. —Yo no pregunté ¿por qué los tenías? También tengo un par, pero son color verde pasto— reí. Tome el canaston de la ropa y luego fui al cuarto de lavado para poner toda esa ropa a lavar. —¿Tienes insecticida? Necesito eliminar esa llaga de insectos. —No— respondió. —Iré a ver si yo tengo, espera aquí— salí de la casa y luego fui a la mía y revisé entre las cosas de limpieza a ver si aún tenía un poco, pero como siempre Rose se lo había terminado con las arañas que la atormentaban. Rose es paranoica si ve una araña, entonces siempre que ve una corre por el insecticida para deshacerse de ellas. —¿Si tienes? Creo que están invadiendo el sofá. —No— negué —Voy al súper a comprar, mientras aspira tus alfombras y limpia el polvo de los muebles— dije mientras caminaba hacia la moto. Subí y me fui al súper a comprar el insecticida y otras cosas más. (...) Me disponía a volver. Había comprado el insecticida y algunas cosas de la despensa que se habían agotado en casa gracias al bendito de Oliver. Justo antes de ponerme el casco alguien me tomó el hombro —Pero si es nuestro marica favorito— era la voz de Aarón. Me giré y pude ver que venía con todo su séquito —Me enteré que golpeaste a otro chico aparte de mi. —Pues veras. Me llegaron rumores de que tú también me delataste así que obtendrás tu lección. Yo solo reí —¿Crees me dejare?— después de decir eso recibí el primer golpe de su parte, este se estampó directo a mi nariz y comenzó a sangrar. —Yo digo que tienes que hacerlo— soltó otro golpe, pero esta vez lo esquivé —¿Te sientes poderoso porque tu novio mandó a sus matones a golpearnos? —¿Qué? —No me digas que ¿no lo sabías? Ese tal Oliver llegó con sus matones y entre todos ellos nos golpearon, pero qué lástima que él ahora no está aquí para protegerte. —Se defenderme solo. —¿A si?— soltó un golpe que logré esquivar y contraatacar. Comencé a golpearlo y derribarlo, me posicione arriba de él y comencé a lanzarle golpes al rostro. Su séquito me quitó de él y luego me arrojaron al suelo. Aarón se puso de pie y luego pidió a uno de sus seguidores que le diera unas tijeras, se acercó a mi y tomó mi cabello —¿Sabias que pareces una chica con el cabello largo?— tira de él y acerca mi cara a la suya —No te preocupes, ahora mismo arreglaremos eso. Parecerás un verdadero hombre si te cometamos tu cabello de chica. —No mi cabello. Muy tarde, paso las tijeras y comenzó a cortarlo. Maldita sea, lo que me costo tenerlo así de largo. —Deberías agradecérmelo, ahora si pareces un chico. —Maldito— le escupí en su repugnante rostro. Él me soltó un golpe y luego se puso de pie —Acábenlo— dijo e inmediatamente sus matones comenzaron a golpearme hasta que se cansaron de hacerlo. Cuando terminaron Aarón se acercó a mi y se colocó en cuclillas —Espero y hayas aprendido la lección— volvió a ponerse de pie —Nos veremos pronto. Esperé a que el dolor se fuera y luego subí a la moto, me puse el casco y regrese a casa. Al llegar, Oliver estaba esperándome fuera de su casa —Que bueno que llegas, Max, estaba...— no termino su oración ya que me quite el casco y dejé al descubierto los golpes que esos idiomas me habían hecho —Pero ¿Quién se atrevió a hacer eso?— rápidamente se acercó a mi y tocó mi rostro. —Déjalo, ya no importa— aparte su mano y me dispuse a entrar a la casa. —Espera, ¿no vas a mostrarle esos golpes a Rose? ¿o si? —¿Ella volvió? —Hace rato. Ven, vamos a mi casa— me tomo la mano y comenzamos a caminar hacia su casa —Curaremos tus heridas allá. Al entrar olía a desinfectante y también a manzana y canela, la casa parecía otra totalmente distinta. Me llevó a sentar al sofá y me pidió que esperara ahí hasta que volviera. Al poco rato regresó con alcohol, banditas y gasas para que curara mis golpes. Comenzó a limpiar la sangre que escurría de mi nariz y de mi ceja, luego puso poco alcohol para desinfectarla y al final me puso una tonta bandita con figuritas de frutas. Reí cuando lo vi demasiado concentrado. Él me miró y luego se acercó a mi oído —Te ves lindo cuando sonríes— eso hizo que me sonrojara. Luego se acercó a mis labios y los beso. Un beso que hizo acomodar mis sentimientos. Amor, eso era lo que sentía por Oliver. Estaba enamorado de Oliver Rossi y ya no podía seguir negándolo.
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