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ELDEN (viaje sin retorno)

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Blurb

Después de una larga vida en su mundo, Lidia regresa a Odisea para embarcarse en otra aventura. Junto a nuevos amigos, deberá enfrentar grandes retos dentro del Mermed: un misterioso mar inexplorado en donde adentrarse se podría convertir en un “viaje sin retorno”

Acompaña a Lidia y su tripulación. Descubre si la amistad y el amor bastan cuando el mar y la oscuridad deciden cobrar su precio. ¿Te atreves a navegar?

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La despedida
El cristal de la ventana estaba empañado por la lluvia, mientras que el “bip, bip” del monitor sonaba constante, inundando por completo la tranquilidad de la habitación 207 en el hospital Saint Vincent de Nueva York. Lidia de 78 años, había vivido feliz al lado de su hija Laura; quien fue el principal motor de toda una vida llena de éxitos. Años después, la vejez y la enfermedad la alcanzaron, haciéndola tener que vivir los días más críticos de su vida en el hospital. Convaleciente, ella miraba por la ventana. El cielo era una losa gris sobre la ciudad, mientras las gotas de lluvia trazaban pequeños caminos en el cristal empañado. Respiró profundo, y dejó escapar un largo suspiro de nostalgia. — ¿Mamá? ¿Estás bien? — preguntó su hija, quien se encontraba sentada a su lado. — ¿Te duele algo? Estás muy callada. Lidia no volteó. Sus ojos siguieron perdidos en la lluvia. — Estoy bien mi niña, sólo... recordaba. — le contestó con voz débil, apenas audible. — ¿Y que recordabas? Lidia volvió la mirada hacia ella. Había algo en sus ojos; no era fiebre, no era temor ni cansancio. Más bien, eran unos ojos que guardaban juventud. Una juventud que parecía estar deseosa de aventura. — Un viejo amor que no pudo ser. — respondió Lidia. Laura sonrió enternecida. Estiró su mano y tomo la de su madre para tratar de consolarla. — Ay, ma... No me digas que después de tantos años soltera ahora estás pensando en papá. Lidia negó con la cabeza despacio y sonrió. Una sonrisa triste, pero que en el fondo guardaba un secreto que jamás había sido revelado. Laura frunció el ceño, intrigada. — Siempre dijiste que papá fue tu primer amor... — titubeó. — ¿Tuviste algún otro aparte de él? — Años después de que tú padre y yo nos separamos, tuve la bendición de conocer a alguien... — explicó en pausas con cierta dificultad, pues le costaba trabajo respirar. — Fue un amor imposible. Un amor que... si te lo contara jamás me creerías mi niña. — ¿Por qué lo dices? — Porque él no era de este mundo. Un silencio incómodo se apoderó del ambiente, mientras Laura observaba a su madre con cierta preocupación. — Ma... ya estás desvariando otra vez. — apretó su mano con cariño. — Tantos años escribiendo esos libros de fantasía... te están afectando la cabeza. Mejor descansa, ¿sí? Te hace falta. Lidia volvió a mirar por la ventana. La lluvia arrecia en el reflejo del cristal. Por un segundo, Laura podría jurar que a pesar de su enfermedad, su madre se miraba ansiosa; cómo si fuera una adolescente en espera del novio en su primera cita. Y luego de un instante, la anciana cerró los ojos hasta quedarse profundamente dormida. Después de unas horas la lluvia no cesaba. El ambiente se sentía cada vez más frío y triste, como si se tratara de un presagio. El pecho de Lidia subía y bajaba despacio en cada respiración; aún estaba dormida. Laura revisaba su celular un tanto agotada. Llevaba varios días en vela cuidando a su madre, que sus ojeras empezaban a hacerse cada vez más notorias; pero no estaba dispuesta a separarse ni un solo segundo de ella. De pronto, Lidia se agitaba entre sueños. Sus labios se empezaron a mover lentamente tratando de pronunciar algunas palabras. — Alister... — susurró. — Alister... Alister... Laura soltó el celular y de inmediato se acercó asustada. — ¿Mamá? Ma. — la tocó del hombro moviéndola con suavidad. — ¿Estás bien? ¡Mamá! Lidia abrió los ojos lentamente, sin miedo, sin confusión. Su mirada perdida irradiaba paz... Una paz que hizo a Laura estremecer. — Llegó mi hora, hija. — sonrió con sonrisa plena, como si acabara de entender el final de su propia novela. Rápidamente Laura negó con la cabeza. Las lágrimas le quemaban los ojos, pero trataba de contenerlas con todas sus fuerzas. — No, no digas eso. No pienses negativo. El doctor dijo que si pasabas de esta noche, pronto... pronto nos iríamos a casa. Lidia tomó la mano de su hija y la apretó con fuerza. La miró un instante tratando de memorizar cada detalle de su rostro. — Estoy tan orgullosa de ti, Laura. — le dijo. — Te convertiste en la mujer fuerte y valiente que siempre supe que serías. Me voy contenta por eso. — Mamá, para... — la voz de Laura se quiebra al instante. — No empieces a despedirte. — No te pongas triste, mi niña. Porque yo siempre... siempre voy a cuidarte a ti y a mis queridos nietos desde donde esté. Eso te lo prometo. Al escuchar aquellas palabras, Laura ya no pudo contenerse más y rompió en llanto. Se levantó de su asiento y se abalanzó sobre su madre para abrazarla. Un último abrazo en el que sabía que dejaría su corazón. — Te amo, ma. Te amo tanto. — le dijo sollozando contra su pecho. — Estoy tan orgullosa de ser tu hija. Eres mi heroína. Lidia acaricio el cabello de su hija sin decir nada más. Cerró los ojos y dió un último respiro... largo, sereno, y con una quieta sonrisa de satisfacción; no por la muerte, sino por la esperanza de poder reencontrarse con su amado en la eternidad. El sonido constante del monitor se volvió un “bip” largo, continuo, implacable e irreversible. Laura levantó la cabeza del pecho de su madre y lo supo. Lo supo antes de ver la línea plana en la pantalla del monitor. Lo supo por el silencio, y por la paz en el rostro de Lidia. Sus ojos se llenaron de lágrimas saladas. Inclinó su cabeza hasta ella y le dió un tierno beso en la frente. Secó sus lágrimas, se armó de valor y se adentro hasta el pasillo en busca del doctor. Afuera, la lluvia cesó inesperadamente. Y una grieta de cielo azul se abrió entre las nubes grises irradiando un pequeño rayo de luz que atravesó la ventana hasta iluminar el cuerpo inmóvil de Lidia. Había fallecido.

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