CAPÍTULO 23 Melody Werner. Despierto envuelta en el revoltillo de las sábanas gruesas calentitas, adormilada, me estiro abriendo los ojos al nuevo día que se avecina. Conciliar el sueño posterior a la cena fue un cometido casi irrealizable, no fue por la deliciosa cena hecha por las ágiles manos de mi enemigo, fue por el gesto de haber roto su propia regla dejando la bandeja de plata en el suelo. Camino a la ventana dejándola al descubierto permitiendo que la diurna luz solar se cole por las ventanas con la grata brisa entrando, desde el balcón tengo la amplia vista perfecta del colorido jardín, la verdoso grama recién podada y el mar moviéndose curiosamente con fuerza y volatilidad. Tomo una larga ducha lavando mi larga cabellera negrä dejando que el dulce olor a fresas se impregne. H

