Capítulo 2. Tengo tu número

2313 Words
«¿Que él dijo qué? ¿Se está burlando de mí? ¡Está loco! Es un…» —¡Imbécil! —le grito y quito sus manos de mi cintura para correr muy lejos de él, lo más rápido que estos estúpidos zapatos me permiten. Mis tacones resuenan en el suelo mientras huyo de la cosa más absurda que me han dicho jamás. Trato de concentrarme en llegar al terminal uno, pero estoy temblado, no puedo controlarlo. Espero que pueda dejar de hacerlo antes de llegar al avión.  ¡Es un imbécil total! ¿Por qué me propuso matrimonio? No me conoce, yo mucho menos… ¡Por Dios!, ni siquiera vi su rostro, solo recuerdo esos ojos esmeralda llenos de dulzura. Nunca había visto una mirada como esa en ningún hombre. ¿Es posible enamorarse de alguien solo con ver sus ojos? Me llevo la mano derecha a la cabeza y me doy un manotazo. «Deja de pensar estupideces, Elizabeth. Concéntrate, inhala y exhala».  Cuento hasta diez, no me basta. Cuento hasta cien y mi respiración se comienza a normalizar. Subo al avión, con mi personaje ya formado, y me meto en la cocina para tomarme un enorme vaso de agua; ese demente me dejó sedienta. ¿Cómo pude sentir tanto por alguien que ni conozco? Algo anda mal en mí, yo no soy ese tipo de mujer que se deja embobar por unos lindos ojos. Bueno, no lo era.   Lilian entra a la cocina y me encuentra recostada contra una alacena, pensando en este enorme predicamento. —Lissy, ¿viste a un fantasma?  —Sus ojos miel me miran de forma inquisitiva, haciéndome miles de preguntas con ellos. —¡No! Quizás estoy pálida porque no desayuné —No es el momento ni el lugar para contarle a mi única amiga la cosa más loca que me ha pasado en la vida. Conocí a Lil cuando hacíamos el curso para azafatas, hace dos años. Me agradó mucho su alegría y buen humor. Ella es la única que conoce mi verdadera identidad y las razones por las que decidí armar todo este personaje. Y, aunque no esté de acuerdo con eso de condenarme a la soledad, comprende por qué lo hago. Pero que lo entienda no significa que deje de intentar sacarme de mi perfecto plan: jamás enamorarme. «Tienes que divertirte, Lissy. Estas desperdiciando tu hermosura y juventud». «Tener sexo con desconocidos no te vuelve zorra», me ha dicho varias veces. —Sí, seguro —dice con un guiño y se va. No me creyó. Ser amiga de Lilian White es un arma de doble filo, porque cuando esa mujer quiere saber algo no hay poder en el mundo que pueda detenerla. Es capaz de levantar hasta el martillo de Thor si debajo está la respuesta. Dejo atrás toda la locura que viví hace unos minutos en pleno aeropuerto y me dedico a hacer mi trabajo. Uno de los pasajeros se pone pesado por la ubicación del puesto que le tocó y le pido «disculpas por las molestias ocasionadas… Será recompensado por la aerolínea».  Eso indica el manual y le dije exactamente lo mismo ¿Para qué perder mi tiempo? Cuando todos los pasajeros están en sus asientos, el capitán anuncia que vamos a despegar y me ubico en mi propia butaca, esperando que mi primer vuelo en Royal sea tranquilo y sin eventualidades. *** Estoy relajada, leyendo una de esas revistas de moda, cuando siento una mirada clavada en mí. Alzo el mentón y me encuentro con una verdadera sorpresa, el capitán del vuelo es quien me mira con esos ojos verde esmeralda tan familiares. «¡Esto es increíble! ¿Le grité al capitán que era un imbécil? ¡Maydey! ¡Maydey! Elizabeth McColl tiene una emergencia y requiere un aterrizaje forzoso para correr lejos del avión», eso debería incluirse en el manual como un código rojo. Estoy demasiado avergonzada, tanto que mi personaje de robot sin sentimientos y emociones se desvanece. No necesito un espejo para saber que estoy colorada como un labial carmesí. ¿Y qué hace el capitán? Sonríe. El muy imbécil me sonríe. Lo veo tentado a acercarse y niego con la cabeza. No quiero que se acerque, no estoy preparada ahora mismo y no creo que algún día lo esté.  No puedo negar que el imbécil tiene una hermosa sonrisa, que adorna con esos  labios carnosos. ¿Cómo se sentirán besarlos? Es de tez morena, alto, quizás un metro ochenta  y cinco. Es guapo y supongo que también musculoso, por la tensión que noto en su uniforme. Le queda muy bien, por cierto. Aunque desearía verlo con menos ropa. «¡Dios mío! ¿Pero en qué estoy pensando?». Ese hombre me atrae, me revoluciona, me hace tener pensamientos tan morbosos que imagino a Lil saltando en un pie cuando le cuente. Según ella un hombre así es lo que necesito en mi vida, uno que me deje sin aliento y al borde de la locura. Puedo atribuirle mi demencia momentánea a la altura, pero sé que no es eso. Es ese capitán quien tiene toda mi atención.  Creo que de un momento a otro pediré oxígeno para controlar la opresión que me colapsa los pulmones. Pero, creo que me estoy olvidando de algo importante. Ese imbécil y hermoso capitán de ojos verdes fue el mismo que me propuso matrimonio. ¿Acaso en la aerolínea no verificaron que tienen a un demente de piloto? Aunque ya comienzo a entender, él solo quiere algo de mí: sexo. Es el típico hombre que te prometería la luna si con eso le abres las piernas. «Pero, no señor —no tengo idea de cómo te llamas—, conmigo te equivocaste». Nadie me volverá a usar, lo juré y soy fiel a mis promesas. Y ese moreno de ojos verdes y fuertes brazos no será la excepción. El capitán vuelve a la cabina, haciendo posible que tome un respiro. Si no se iba de seguro me moría asfixiada. Gracias a Dios será un vuelo corto de ida y vuelta New York– Boston.  *** Lilian se baja del avión antes que yo cuando aterrizamos de regreso en el J.F. Kennedy; tiene que tomar otro vuelo, creo que a Paris, volverá en dos largos días. Miro por última vez el interior del avión para comprobar que todo esté en orden y luego salgo. No he dado más  de diez pasos por la manga de abordaje cuando escucho su voz detrás de mí, llamándome. Me detengo, solo por curiosidad. ¿Qué otra loca pregunta me hará? ¿Estará tan loco para pedírmelo de nuevo? Me giro, lento pero con convicción; sin temblar, pero aterrada, y lo enfrento con mi personaje de hielo al máximo. —No nos presentamos debidamente —murmura, mientras sus labios se curvan ligeramente hacia arriba. Y, con la misma intensidad de antes, sus hermosos ojos verdes se fijan a los míos  »Mi nombre es Charles Jones —su voz es firme, gruesa… varonil. Charles, como dijo llamarse, me ofrece su mano para estrecharla y le concedo el saludo. Nuestras manos estallan en chispas, como si un trueno se interpusiera entre ellas.  Mi voz sale como un susurro cuando digo—: Elizabeth McColl  —Él asiente y guarda silencio por unos tres minutos, sin soltar mi mano. —Nos volveremos a ver, Elizabeth —asegura, con esa sonrisa digna de una publicidad de pasta dental, mientras desliza su mano fuera de la mía. No me giro para verlo marcharse. No avanzo en la manga de abordaje por miedo a que me esté esperando fuera. Cuando la cuenta en mi cabeza llega al número cien, echo a andar.  Subo a mi Mazda poco después y no enciendo el iPod. Para qué lo haría si tengo la cabeza echa un lío por todo lo que sucedió con el capitán Jones. Pensé que cosas como esas solo pasaban en los libros, pero alguna vez escuché decir que muchas historias reales inspiran libros de ficción. Quizás sea uno de esos casos. A las doce del medio día, estoy sumergida en la tina de mi baño, relajándome con la música de Mozart. Espero que las sales y el agua tibia alejen de mi mente la confusión que se instaló en mi piel desde que Charles me tuvo en brazos. Sentí tantas cosas con él en unos minutos que no puedo obviarlo como desearía. Nunca pensé que mi mente y mi cuerpo reaccionarían así por un hombre. De hecho, no he estado atraída por nadie de esta forma tan… instantánea, nunca. Me he comido todas las uñas pensando en él. En mis veintitrés años no he podido eliminar ese hábito que sale a relucir cuando estoy nerviosa. —Ya no más, Elizabeth. Deja de pensar en tonterías y olvídate de una vez de ese… capitán. Estúpido moreno de ojos verdes, arruinaste mi momento con Mozart. *** Estoy sentada en mi sofá blanco de cuero, con las piernas cruzadas y un tarro gigante de helado de chocolate sobre ellas. Parezco un cachorrito ansioso por saltarle encima a su dueño, pero, en mi caso, espero a Lilian. Escucho el tintineo de las llaves y salto del sofá para abrirle la puerta. Mi amiga ladea la cabeza y la sacude a los lados en señal de negación. —Estás muy extraña, Lissy. ¿Qué carajo te sucede? —Pasa por mi lado y se descalza los zapatos de camino al sillón, se sienta, pone las piernas sobre la mesa de centro y suspira—. Habla. —¿Te suena el capitán Jones? —le pregunto, mientras me acerco a ella para ofrecerle helado.   —¿No fue el piloto del vuelo de hace dos días a Boston? —dice, antes de meter la cucharilla de helado en su boca. —Me pidió matrimonio —le digo, sin darle muchas vueltas. —¡No puede ser! ¡Oh por Dios! ¡No lo puedo creer! —grita, dando saltos sobre el sillón como una desquiciada—. ¿Me estabas ocultando que te has enrollado con un piloto? Y no solo eso, ¿te vas a casar con él? —¡Lilian, no! Sabes que no te ocultaría algo como eso. —Qué me estás diciendo: ¿Lo conociste y enseguida te lo propuso? ¿Con un anillo? ¿De rodillas? Dímelo todo con pelos y señales. —Nada de eso, loca. Solo lo dijo —En ese momento  mi móvil suena. Lo reviso y me encuentro con un mensaje: «Tengo tu número. Charles». »¡Oh mi Dios! —Déjame ver —dice Lil, arrebatándome el móvil de las manos. Luego comienza a saltar como loca por toda la sala mientras grita ¡Lissy se va a casar! ¿Cómo obtuvo mi número? Ese tipo tiene una obsesión conmigo. Es un imbécil acosador. —Lissy, dile que sí.  Acepta. Debes darte la oportunidad de ser feliz. Sé que tuviste una mala experiencia, pero no todos los hombres son así.  —¡Estás loca! —grito—. No lo conozco, Lilian. ¿Cómo le digo que sí a un extraño? Y, además, tú sabes que mi plan es la soledad, nada de hombres nunca... ni por diversión. —Debes salir con él, una cita al menos. No puedes morir virgen. —Estoy a punto de rodear mis manos en su cuello. ¿Hasta cuándo saca el mismo tema? —Tú sabes que no soy virgen, Lilian —me quejo.  Ella cierra los ojos, preparándose para una de las suyas. —Una sola vez, ¡hace seis años! Eres virgen de nuevo, Lissy. Y tu jueguito en la bañera no es suficiente. Necesitas experimentar el verdadero calor de un hombre. Y digo hombre porque ese triple imbécil de tu ex, que te dio un mal polvo, nunca podrá llamarse hombre. No puedo evitar sonrojarme, Lilian es tan abierta con lo que al sexo se refiere y yo soy una mojigata sin experiencia. Pero no me va a convencer, sé que Charles se cansará rápido. Cuando vea que lo ignoro, dejará de perseguirme.  Accedí otras veces a salir en citas, pero no funcionó. Solo buscaban un revolcón de una noche y  no soy un objeto s****l, aunque algunos hombres piensen que sí. —Hora de dormir —anuncio. Esta conversación llegó a su fin. No hay discusión alguna. —Esto no se queda así, Lissy. Juro ante el afiche de Adam Levine que perderás la virginidad aunque me cueste la vida. —¡Qué no soy virgen! —Le lanzo un cojín con todas mis fuerzas,  pero fallo—. No hay helado para ti —Es su castigo por ser tan fastidiosa. —Lo dudo, Lissy —Corre hasta mi lugar y me arrebata el pote. —Ladrona asquerosa —bromeo. —Tu ladrona preferida —Me lanza un beso y se mete a su habitación. Me dirigía a la mía, cuando escucho el timbre. ¿Quién será?, no espero a nadie. Abro la puerta y veo a un chico de reparto con un enorme ramo de rosas blancas en las manos. —¿Elizabeth McColl? —Sí —confirmo. —Este ramo es para usted. Firme como recibido —Lo hago, le doy las gracias y cierro la puerta después. Busco la tarjeta, pensando en que se trata de una broma. Mis dedos tiemblan sin razón alguna mientras intento abrir el sobre. «Lo siento si te asusté, no era mi intención, pero no estoy jugando», Charles. ¡Oh por Dios! ¿Qué tan lejos pretende llegar? Esto ya es acoso. No le basta saber mi número, ahora tiene mi dirección. Mi móvil vuelve a sonar, anunciando otro mensaje. Charles: Esas rosas son para disculparme. No me arrepiento de lo que dije, pero sé que debemos conocernos. Di que sí, tengamos una cita.  
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD