Llego a mi apartamento y camino de forma automática hasta mi habitación. Me dejo caer en el colchón con una profunda tristeza atestando mi pecho. Nunca hubiera imaginado un año atrás que la ausencia de Charles en mi vida me causaría tanto daño, al punto que no tengo deseos ni de respirar. Lo necesito, lo amo y no hay razones para seguir viviendo si él no está. Mientras abrazo mi almohada, veo hacia el cajón donde guardo las cartas que Charles me ha enviado. Me levanto a tropezones de la cama y las saco. Necesito leer sus palabras y sentir su presencia a través de ellas. Elizabeth: En vista de que no respondes mis llamadas o mensajes, me tomé el atrevimiento de escribirte esta carta. En primer lugar, debo darte mis sinceras disculpas en cuanto a lo que viste con aquella “morena”, como

