Jeremy —¿Esperas a alguien? —Me vuelvo hacia la voz de Hayden—. ¿Acaso seré yo el afortunado de esta hazaña tuya? —Sonrío a mi mejor amigo y me encojo de hombros. —Podría ser. —Mi sonrisa se hace más grande cuando veo llegar a quien sí estaba esperando. —Oh. Ya veo. Hieres mis sentimientos. —Finge sentirse dolido e indignado. El pequeño auto rojo se detiene en la plaza de estacionamiento junto al mío, donde hasta hace unos momentos había puesto la señal de discapacidad. Por supuesto que no iba a permitir que alguien, diferente a ella, se estacionara junto a mí. Al enemigo hay que tenerlo cerca. O eso es lo que dicen. —Oh, oh. Ya te vio. —Ríe Hayden. Efectivamente, Natalia está fulminándome con sus ojos. Muerdo mi mejilla al ver su indecisión sobre parquear junto a mí o no, pero no tie

