Jeremy —Hola, enana mal oliente. —Me inclino hacia Natalia apenas se sienta en su lugar. Hace media hora esperaba a Natalia. Tuve que venir más temprano esta mañana para ayudar al entrenador con algunas cosas, por lo que llegué a clase de Filosofía mucho antes que todos. —Jeremy —gruñe—. ¿Qué demonios quieres? —Ya no hueles a trasero de bebé —digo. En realidad nunca ha olido mal, pero no me resistí a hacerla rabiar—. Y sólo estaba saludándote. Eso es educación. —Tú no podrías diferenciar el ser educado con ser un completo cerdo, ni aunque te paguen un curso intensivo —murmura. Sonrío porque me agradan sus rápidas respuestas. —Hay cerdos muy bonitos —musito—. Tú por ejemplo, eras una linda cerdita ayer. —¡Idiota! —susurra enojada. Se vuelve un poco hacia mí y me fulmina con la mirada

