Patrick se movió con la cautela silenciosa de un espía. Se vistió rápidamente, tomó su mochila y buscó en su armario un abrigo extra, grueso y cálido, pensando en el frío que Chloé debería estar pasando. Despacio, con las zapatillas en la mano para no hacer el menor ruido, bajó las escaleras. Salió por la amplia cocina de la hacienda de sus padres, se dirigió al establo auxiliar y tomó su bicicleta, su única vía de escape rápida en la inmensidad de la propiedad.
Asegurándose de que sus padres no se hubieran despertado, encendió su celular y escribió un mensaje de respuesta a su amiga.
—Chloé, estoy saliendo de la hacienda. Quédate donde estás. No te muevas.
—De acuerdo —respondió ella inmediatamente desde su departamento en Londres.
Chloé, que había conseguido salir sin hacer ruido, esperaba en la parada del autobús más cercana a su edificio. Hacía frío y había neblina espesa, típica de una noche otoñal londinense que mordía la piel. Luego de una tensa media hora pedaleando por la ciudad, Patrick llegó a la parada de autobús. Vio a Chloé sentada en el banco, encogida en su pijama bajo una chaqueta delgada, con la mochila a sus pies. Se detuvo en seco. Al ver a su amigo, la pequeña se levantó. Lo único que hizo fue correr hacia él, abrazarlo con una fuerza desesperada y romper a llorar.
Patrick la sostuvo, sintiendo la fragilidad de su pequeño cuerpo. Esperó a que sus sollozos se calmaran un poco antes de preguntar, con la voz grave: —¿Qué sucedió, Chloé? Cuéntamelo todo.
Ella se separó, hipando, y le contó la historia de su vida en ráfagas de dolor y confusión: las mentiras, la verdad a medias sobre el vientre subrogado, la pelea con sus padres y la sensación de que solo uno de ellos la quería "de verdad".
—...Y solo uno puso la semilla —terminó Chloé, con los ojos llenos de nuevas lágrimas—. Siento que me han mentido siempre.
Patrick, ya acostumbrado a la lógica firme de su padre Arthur, le secó las lágrimas con el dorso de la mano y le dio el abrigo que llevaba. Ella se lo puso de inmediato, agradeciéndole con una sonrisa pequeña y temblorosa.
—Gracias, Pat.
—Escucha, Chloé. No debes buscar mucho. Si Jandey puso la "semilla", Jandey es tu padre biológico, sí. Pero Sergi Sergueth es tu papá de crianza. Eso es lo que importa.
Chloé se encogió de hombros, desesperada. —¿Y mamá? ¡Quiero saber quién es mi mamá! La mujer que me llevó nueve meses. Ellos no quieren decírmelo.
Patrick tomó la mano helada de la pequeña. —Vamos, hace mucho frío aquí.
Caminaron juntos hasta una cafetería cercana que, milagrosamente, estaba abierta para el turno de noche. Ya adentro, Patrick, comportándose con la seriedad de un hombre grande, se dirigió al mostrador.
—Necesitamos algo caliente para beber y algo rápido para comer.
Pidió dos chocolates calientes humeantes y dos scones dulces. Se sentaron en un rincón apartado. Mientras consumían lo pedido, Chloé le contó su idea: irse de ahí y buscar su origen, encontrar a la mujer que la había llevado en su vientre.
—No. No te irás sola. Y no es necesario que te vayas muy lejos —dijo Patrick, terminando su chocolate y pidiendo mentalmente la cuenta.
Patrick le pidió que se tranquilizara. —Te ayudaré. No estás sola en esto. Cuenta conmigo, Chloé.
Mientras Chloé seguía comiendo su scone, Patrick sacó su celular. Sabía que sus padres, Arthur y Katrina, siempre usaban las mejores clínicas. Buscó en Londres clínicas especializadas en subrogación de vientres. Encontró dos resultados destacados: "The London Womb" y "Starlight Surrogacy".
Patrick le mostró la pantalla a Chloé. —Mira. Jandey dijo "vientre subrogado". Si tus padres usaron una clínica de élite, debe ser una de estas dos.
Chloé leyó los nombres en voz alta. —¿Cómo lo sabremos?
—No lo sé —dijo Patrick, suspirando, pero sintiendo la adrenalina—. Pero empezaremos por la que tiene mejor reputación en Google. Debe haber un archivo.
Patrick esperó pacientemente a que Chloé terminara su merienda y la bebida caliente. Un rato después de pagar la cuenta, ya afuera, Chloé se subió al asiento trasero de la bicicleta y él manejó, pedaleando con todas sus fuerzas contra el frío, hasta el barrio de la primera clínica. Chloé no sabía cómo lo lograría, pero sentía una determinación implacable: debía averiguar su origen completo. Necesitaba el nombre de esa mujer.
Ambas familias, en sus grandes casas (la de Patrick en la hacienda y la de Chloé en la ciudad), estaban ajenas a que sus hijos no dormían en sus camas. Patrick y Chloé, en cambio, habían llegado a la fachada imponente y silenciosa de la clínica Starlight Surrogacy en medio de la madrugada londinense, dispuestos a hacer lo que fuera necesario para averiguar quién había sido la gestante de Chloé.
- Bueno...aquí estamos, ¿ qué quieres hacer?- Patrick miró la fachada mientras esperaba la repuesta de Chloé - No lo sé¿ tú por dónde comenzarias?
- Por entrar, ven- Patrick la tomó de la mano y se dirigieron al hall de entrada, dejó la bicicleta en la sección de rodados y entraron juntos a la clínica. Un guardia los interceptó antes que ingresaran al sector de secretaria -Perdón niños pero este lugar es prohibido para menores.
- Estamos haciendo un informe sobre fertilización para anatomía y queremos ver si podemos entrevistar a uno de los médicos - El guardia los miró desconfiado,niños de diez años investigando sobre fertilización- Esperen un segundo aquí, veré si alguno de los médicos residentes los puede recibir
- Muchas gracias señor- Chloé sonrió con una sonrisa tímida pero el hombre se detuvo- Perdón de qué colegio son- Chloé miró a Patrick, la idea se le había ocurrido a él así que esperó que sacara otro conejo de la galera
- Somos del Saint Marthus.
El guardia se dirigió a la sala de box donde estaban los médicos y habló con el jefe de piso. Esa media noche del sábado traería sorpresas ya que quien los recibiria en el pasillo, no sería otra que Melina Melinton, la ex de Arthur Gerard y por la que Katrina había engañado a Arthur con Marcial Begnini más conocido como " El n***o Maciel".