CAPITULO XVI: EL RASTREO DEL PEQUEÑO SABUESO

1161 Words
Arthur salió disparado en la camioneta, el motor rugiendo sobre el camino de grava, con Patrick a su lado. El sol de la mañana comenzaba a ascender, revelando la extensión implacable de la campiña. Patrick miraba por la ventana, los ojos hinchados y rojos por el llanto, buscando desesperadamente entre los árboles y los setos. ​Mientras tanto, en El Edén, Katrina no perdió tiempo. Tomó la foto reciente de Chloé y, con manos temblorosas, la compartió en sus estados de w******p, i********:, f*******: y todas las r************* que manejaba. Escribió un mensaje conciso pero urgente: "AYUDA. Se busca a Chloé. Por favor, compartan." En cuestión de minutos, los compañeros de la Academia, los alumnos y la vasta red de contactos de la familia Gerard Chéjov compartieron la imagen de la pequeña. La búsqueda virtual era masiva. ​—Patrick, tenemos que ser metódicos. Arthur redujo la velocidad al llegar a la carretera principal, manteniendo la vista fija en los bordes. —Dime exactamente cómo estaba vestida. Tienes que concentrarte. ​Patrick se frotó los ojos con el puño de su sudadera. —Solo tenía puesto su pijama, Pa. Era el de rayas azules... y las zapatillas, nada más. No llevaba abrigo, ni dinero, ni mochila. Solo el celular, que no me contesta. ​Arthur sintió un escalofrío helado a pesar de la calefacción de la camioneta. Descalza o casi descalza. Era una urgencia vital. ​—Muy bien. Arthur detuvo la camioneta en un pequeño claro para hacer un parate rápido. Sacó su teléfono y llamó a Katrina. ​—Katrina, ¿alguna novedad? ¿La seguridad vio algo en las cámaras? ¿Algún mensaje de la Academia? —preguntó Arthur, con el nerviosismo palpable en su voz. ​Katrina respondió con la misma tensión. —No, mon cœur. La seguridad dice que las cámaras de la entrada principal están claras, no hay rastro de ella saliendo por ahí. Pero el patio tiene muchos puntos ciegos. He inundado las redes, Arthur. Hay miles de comparticiones. De Jandey y Sergi, nada. Solo pánico. ​—Diles que sigan buscando en los alrededores, cerca de la zona de servicio —ordenó Arthur—. Tenemos que pensar como un niño desesperado, Katrina. Algo que la haga moverse rápido y sin pensar. Ya sabes, la verdad, Malaika... ​—Lo sé. Pero vuelve pronto, Patrick necesita un abrazo de su mamá. Katrina colgó, y Arthur regresó al volante. ​Mientras Arthur y Patrick Gerard Chéjov rastreaban los caminos rurales que rodeaban la hacienda, a kilómetros de distancia, Jandey y Sergi la buscaban por la ciudad londinense, revisando estaciones de tren, paradas de autobús y las calles principales, sin resultado. Sergi conducía frenéticamente, y Jandey, al límite, llamó a Arthur. ​—Arthur, no puedo más. Estamos buscando en vano. No hay un rastro. ¿No crees que es mejor poner la denuncia a la policía ya? —La voz de Jandey era un lamento roto. ​—No, Jandey. Aún no. Arthur miró por el retrovisor a Patrick, que lo escuchaba atento. —Si ponemos la denuncia ahora, se va a armar un circo mediático, y lo último que queremos es que el escándalo de la subrogación se haga público, o que Chloé se asuste y se esconda más. Necesitamos encontrarla antes de que la policía filtre tu nombre y el de Malaika a la prensa. Ella iba a buscar a Malaika, Jandey. ¿Dónde puede ir a buscarla? ​Hubo un silencio del otro lado. Jandey respiró pesadamente. —No lo sé, Arthur. No sé dónde puede ir. No hemos hablado de Malaika en años. Solo... busquen, por favor. Vamos a duplicar la búsqueda aquí. ​—De acuerdo. Arthur colgó, sintiendo el peso de la responsabilidad. La búsqueda continuó así, bajo la tensión creciente, hasta el mediodía. ​Arthur se dio cuenta de que Patrick estaba al borde del colapso, hambriento y exhausto. Paró en un local de comida rápida junto a una gasolinera. ​—Patrick, tienes que comer algo. Arthur le tendió una hamburguesa y una bebida, forzando una sonrisa. —Necesito que tu cerebro de sabueso funcione al cien por cien. ​Mientras comían en la camioneta, Arthur consultaba un mapa mentalmente, tachando los caminos y vecindarios que ya habían revisado. Patrick mordía su hamburguesa, sus ojos recorriendo las áreas aún sin revisar en su imaginación. ​—Pa... ¿dónde se busca a una persona que no ves hace mucho? —preguntó Patrick de pronto, la miga de pan cayendo sobre su camiseta. ​—Depende. Suponiendo que esté viva, en su último domicilio, o en casa de un pariente, o... ​—Pero Malaika es tía de Chloé y la madre gestante, ¿no? Patrick dejó caer la hamburguesa. La bombilla se encendió en su rostro. —Si Chloé fue a buscarla porque no la había visto en años... ¿Será que Malaika murió? ​La frase de Patrick resonó con una certeza escalofriante. El pequeño sabueso igual que su padre. ​Arthur se quedó paralizado. La teoría era macabra, pero absolutamente válida. Chloé, intuyendo la ausencia total, sin saber cómo, dedujo que si su "madre" ya había dejado de visitarlos en fiestas especiales y nunca más llamó, era porque algo había pasado. ​Arthur sacó el teléfono de nuevo, la mano temblándole mientras marcaba el número de Jandey. ​—Jandey, necesito la verdad. La verdad completa, ahora. Patrick tiene una teoría... ¿Malaika Matamba está viva o ha fallecido? ​El silencio de Jandey esta vez fue más largo, lleno de culpa y dolor. —...Sí, Arthur. Malaika había fallecido hace dos años. Murió de cáncer. Fue muy rápido. ​Arthur cerró los ojos, asimilando la verdad. Ahora la misión de Chloé era doblemente dolorosa y desesperada. La niña buscaba un fantasma. ​—¡Jandey, busquemos en los cementerios! ¡La teoría de Patrick es válida! —gritó Arthur. Mientras almorzaban Patrick iba anotando los cementerios y parques de descanso londinenses. Arthur volvió a llamar a Jandey y le preguntó si sabía dónde había sido enterrada su hermana - No Arthur...mí padre no dejó ni siquiera que me despidiera de Malaika - ¿Y crees que Chloé tendrá algún indicio de dónde puede estar? - No lo sé Arthur - Del otro lado solo se escuchaban solllozos- Arthur lo tranquilizó y le dijo que la encontrarían pero que siguiera buscando y el Patrick harían lo mismo. Ya más tranquilo Patrick le dijo a su padre- Vamos a este Cementerio de Highgate- Arthur le dió una ojeada - ¿ Crees que puede estar aquí? - No lo sé, tal vez porque los padres de Jandey eran de dinero quizás.....- Entonces vamos cachorro, vamos por Chloé. Arthur hizo un llamado a Katrina y le contó cuál era el plan. Ambos se pusieron en marcha. Jandey sin hacer caso a Arthur puso la denuncia. Era un padre desesperado en busca de su princesa de ébano.
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD