CAPITULO V: EL TRAJE DE LA CONFORMIDAD

1266 Words
Jandey Matamba tomó a Sergi del brazo y lo guio rápidamente por el pasillo. La zona de Arte, con sus murales inacabados, se sentía como un santuario. Entraron en el estudio de Diseño de Jandey, un espacio luminoso donde las telas, los bocetos y las maquetas competían por el espacio. Jandey cerró la puerta. —Siéntate. Te preparo un café. Necesitamos azúcar. Sergi se dejó caer en una silla tapizada con restos de patchwork. —No puedo creer que haya mencionado a Chloé. Y luego a Eros. No tiene límites. Jandey le entregó una taza humeante y se sentó frente a él. —Mira, mi amor. El ataque de Magnus a Margaretã fue un disparo de advertencia. Lo que te hizo a ti es una declaración de guerra. Nos odia por ser una pareja visible, por ser una familia. —Me pidió que reformulara mi plan de estudios, Jandey. Que lo hiciera medible, estructurado. Eso es castrar mi materia. Es destrozar el espíritu de la danza libre. —Y yo, ¿qué crees que me hará? Me verá a mí, rastas, ropa ancha, Diseño Conceptual... él quiere un ejército de traje y corbata, no artistas. —¿Y qué hacemos? No podemos enfrentarlo abiertamente sin arriesgar nuestros trabajos. Arthur está atrapado. —La solución es la estrategia de la trinchera. Hacemos lo que pide, pero con sabotaje artístico. Tienes que entregarle ese currículo, pero lo llenarás de jerga académica impenetrable, escondiendo la libertad bajo términos complejos. Sergi asintió, su mente ya trabajando. —Lo haré tan pomposo que lo aprobará solo por pereza. ¿Y tú? —Yo esperaré el golpe. Vendrá. Es un sabueso de la uniformidad. Terminaron la charla justo cuando sonó la campana que marcaba el fin del recreo. Sergi se despidió y Jandey se dirigió a su clase de Diseño de 5.º grado. En su estudio le esperaban unos veinte alumnos. Entre ellos, su hija, Chloé Matamba, de diez años, con sus propias rastas más cortas y un sentido del humor que heredó de Sergi, y Patrick Gerard, hijo de Katrina y Arthur. Patrick era la versión adolescente de su padre, alto, con un piercing plateado discreto en la nariz y un pequeño aro en la oreja. La clase estaba inmersa en un proyecto de patronaje creativo cuando la puerta se abrió. Magnus Clerk entró sin llamar, y la vibración de la clase se detuvo inmediatamente. —Profesor Matamba. Interrumpo un momento. Jandey se enderezó. —Vicedirector Clerk. ¿En qué puedo ayudarlo? —Solo verificando la pertinencia de las clases. ¿Qué finalidad tiene que los jóvenes manipulen telas y agujas? —La finalidad, Vicedirector, es enseñar el pensamiento espacial y la resolución de problemas tridimensionales a través del diseño. Magnus miró a la clase. —Que algún alumno me explique qué tema están viendo. Patrick levantó la mano. —Estamos diseñando prototipos de vestuario basados en estructuras orgánicas, Vicedirector. Magnus sonrió de lado. —Orgánico. Me gusta esa palabra. Jandey, ¿puedo robarle unos minutos a sus valiosos alumnos? Jandey asintió con rigidez. Magnus se acercó a la mesa de Jandey. —He venido con una propuesta, Profesor Matamba. La Academia necesita desesperadamente un código de vestimenta. Algo que devuelva la seriedad a esta institución. Quiero que usted sea el diseñador oficial de los uniformes. Desde los pequeños de preescolar hasta el último estudiante de secundaria. Jandey sintió la trampa. Esto no era un honor; era un bozal. —Es una oferta interesante, Vicedirector. Pero mi carga horaria... —Acate mis órdenes como si yo fuese el Director, Matamba. Este es su primer encargo si quiere llevarse bien conmigo. Pero, si acepta, le exijo que guarde las formas. Sus rastas. Su forma de vestir. Su arete. Todo eso debe ser reformado. Su apariencia debe reflejar la seriedad que busco. Mañana mismo quiero verlo sin esas... trenzas. Un corte limpio, un traje. Magnus le dio una palmadita en el hombro, un gesto condescendiente. —Piense en la elegancia. Piense en la uniformidad. ¿Podemos contar con su conformidad, Profesor? Jandey, humillado y furioso, respondió con lentitud, controlando su voz. —Tendré que considerarlo, Vicedirector. Magnus salió, con la expresión de quien acaba de ganar una pieza en el ajedrez. Jandey se giró hacia el pizarrón, intentando continuar la lección de patronaje, pero sus manos temblaban. No podía concentrarse. Chloé levantó la mano. —Papá, ¿qué te pasa? Estás dibujando un triángulo con cuatro puntas. Patrick se rió suavemente. —Sí, Profesor. ¿Se siente mal? Jandey sonrió, tocado por la inocencia de sus alumnos. —No, no me siento mal. Solo estoy pensando en... estructuras. ¿Cómo hacemos para que una estructura rígida se sienta libre? Chloé respondió, tomando un trozo de tela. —La haces flexible por dentro, papá. Mi rasta se mueve, aunque sea un nudo. Patrick asintió, su piercing brillando. —O le pones un color que lo rompa. Si el uniforme es gris, lo rompemos con un forro morado, Profe. Jandey sintió una oleada de afecto. La resistencia venía de sus propios alumnos. Patrick, disimuladamente, sacó su teléfono y escribió un w******p a Arthur: "Papá. El Vicedirector está en clase de diseño. Problemas. Ven al aula." Arthur, en su despacho, vio el mensaje. Soltó un gruñido. Más problemas. Se dirigió al aula de Diseño. Arthur entró y vio a Jandey discutiendo con Patrick y Chloé sobre la importancia del color. La clase había recuperado su energía. —Profesor Matamba. ¿Todo bien por aquí? —preguntó Arthur, con una calma forzada, mirando a Jandey directamente. Jandey entendió el mensaje: dime qué pasó. —Sí, Director Gerard. Estábamos discutiendo la próxima entrega de diseño de vestuario. —¿Y qué piensan diseñar? —preguntó Arthur, mirando a los niños. Chloé levantó un boceto. —¡Un traje de rocker con hombreras, Padrino! ¡Para que parezca un superhéroe! Arthur sonrió. —Me encanta. Sigan con eso. Confío en el criterio de su profesor, Jandey. A las trece y treinta, al finalizar la jornada, Magnus Clerk interceptó a Chloé y Patrick en la escalera principal. Los chicos bajaban juntos, riendo. —Patrick. Chloé —dijo Magnus, deteniéndolos. Patrick fue el primero en reaccionar. —Vicedirector. ¿Necesita algo? —Mañana quiero hablar con ustedes. Los he visto bajar de la mano. ¿Qué significa esto? Y, Patrick, ese piercing en la nariz y el arete... Es un colegio, no un circo. El peinado es una copia de tu padre. Mañana no te quiero ver así. Luego se dirigió a Chloé. —Y usted, señorita Matamba. Diez años y ya usa rastas. Vístase como una niña, no como una hippie. Mañana no la quiero ver así. Chloé, sin miedo, respondió. —No me visto de hippie, Vicedirector. Me visto de mí. Patrick, a su lado, apretó los puños. —Mis rastas y mi ropa son mi expresión, Vicedirector. Magnus los fulminó. —Mañana. Hablaremos con sus padres sobre disciplina. A la salida, Katrina, esperando con Margaretã, Philips, Elizabeth y Eros, los vio a los dos bajar furiosos. Su corazón se hundió. Otro problema causado por Magnus. —Chloé, Patrick, ¿qué sucede? —preguntó Katrina. —¡Es un viejo loco que odia las rastas! —gritó Patrick. Chloé se despidió de Patrick con un beso rápido en la mejilla. —Nos vemos mañana. Gracias por defenderme. —Mañana. Estaremos listos para él —dijo Patrick. Katrina vio a Chloé subirse al transporte escolar. Miró a Magnus, que estaba en la entrada observando la escena con desaprobación. Mañana, pensó Katrina, sosteniendo la mano de Eros. Mañana tendría que enfrentarlo.
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