Lucas.
Ella gemía mientras yo me movía más rápido sobre ella, ya estaba a punto de llegar. -¡Ah, Lucas! -Me encantaba que gritaran mi nombre. Ella arañaba mi espalda y finalmente, llegamos al orgasmo. Me recosté en la cama mientras mi respiración estaba agitada. Ya me tenía que ir. Me levanté y cogí mi ropa para cambiarme. -¿Me llamarás? -Decía ella mientras se mordía los labios tapándose con las sábanas. -Claro que sí. -Dije sonriéndole y salí de ahí. "Claro que sí" sinonimo de "Nunca". Llegué a mi casa y tiré las llaves en la mesa buscando algo que comer. Mi teléfono sonó. -Hey Keaton. -Dije mientras me preparaba un cereal.
-Hey Lucas. ¿Sabías que Dylan hará una fiesta de bienvenida? Irá toda la escuela. -No hay manera en el infierno que yo vaya a esa mierda.
-Lo sé, tendremos que hacer algo diferente los cuatro ese día. Mientras toda la escuela está en lo que se dice ser "La fiesta del año". -Qué va. La verdad no me importa lo que haga o deje de hacer ese imbécil. -Vino para quedarse.
-Lo sé, ¿por qué crees que tuve que tener una de esas buenas tardes de placer para desestresarme? -Uhhh, ¿quién fue la victima?
-Kendra.
-¿Qué tal?
-Han habido mejores. Pero no me quejo. -El rió y luego se despidió. Viernes. No sé que haríamos ese día pero ninguno ibamos a pisar la casa de ese maldito. Que por cierto no sé que hacía hablando con mi chica hoy, sólo sé como fue Savannah, seca y fría. Ella era una chica díficil. No caía en los encantos de nadie. Y eso en parte me gustaba, no estaba detrás de ese imbécil pero por otra parte no me gustaba, porque no estaba detrás de este imbécil tampoco.