¿Por qué está todo tan oscuro? Me pregunto a mi misma, antes de hacer un pequeňo movimiento con una de mis manos. Seguidamente sentí un suave cosquilleo en mi mejilla izquierda, un cosquilleo que me obligó a abrir los ojos de golpe y poder contemplar con mi visión borrosa a un chico. Un chico pelirrojo, que me observaba con una cálida sonrisa en su rostro. La imagen se volvió más clara a lo largo de cortos segundos. El chico inclinó su cabeza a un lado y metió ambas manos en sus bolsillos. —No quería despertarte, pero tampoco quiero que lleguemos tarde.— se pasó la mano derecha por sus cabellos rojizos, logrando con esas palabras me sentase en la cómoda cama. —¿Tarde? ¿A dónde?— alcé una de mis cejas con cierta curiosidad. —No puedes hablar en serio.— dejó escapar una corta risa

