¡Noche de fiesta!
Son las 19 horas y recién salgo de mi oficina. Fue una tarde llena de papeleo, organización y llamadas telefónicas, entre el colegio y la oficina, ya es demasiado…
Soy maestra por vocación y empresaria por decisión, tuve un golpe de suerte, por así llamarlo. Nunca conocí a mi padre y a mis 25 años de edad, recibí una llamada de su abogado solicitando una reunión conmigo para hablar de él, un tanto incrédula asistí y ¡vaya sorpresa! Era un hombre alto, canoso, con mirada fría, pero en su rostro se notaba mucha elegancia y su mirada era intensa e intimidante, me miró, sonrió y me hizo señas para entrar a su despacho, ahí me dio la inesperada noticia de que mi padre siempre supo de mi existencia, pero debido a que él tenía otros planes de vida nunca quiso acercarse a mi madre y a mi, lo miré con gesto de desagrado, sin embargo, la noticia que me daría a continuación fue un golpe a mi persona.
Elías, el abogado, me informó que mi padre me había dejado una herencia, la cual era bastante extensa, incluía millones de dólares en mi cuanta bancaria y algunas propiedades de gran importancia en la ciudad. Lo observé detenidamente sin saber si lo que me decía era cierto, por lo que agradecí la información y me fui de su oficina, no supe nada más de eso hasta después de un año que me llamaron del banco central agradeciendo ser parte de su compañía, a lo cual quedé sorprendía y corrí a ver los correos que habían llegado la semana anterior y efectivamente el abogado de mi padre en uno de ellos me informaba que se realizó la apertura de una cuenta bancaria en donde fue depositada la herencia y adjuntaba documentos de las propiedades, no supe cómo reaccionar, agradecí la llamada y colgué.
Desde ahí mi vida realizó un movimiento de 180°, 4 años después pasé de ser una simple profesora de matemáticas, que trabajaba con adolescentes a convertirme en una exitosa empresaria anónima, solo mi círculo más cercano sabía de este golpe de suerte, los demás me veían como una simple y abnegada maestra de secundaria.
… entre las tantas llamadas recibidas esa tarde estaba la más importante del día, la de mis amigas invitándome a salir de fiesta, como siempre acepté encantada, aunque mi cuerpo solo quería descansar de una agotadora semana, que para mi aun no terminaba, ya que al día siguiente era jornada de trabajo empresarial.
Llegué a casa, solitaria pero encantadora, la que hacía que mi vida se llenara de energía. Tenía hambre y sueño, pero lo que más necesitaba era un buen baño de tina, preparé todo y me sumergí en ella y en mis pensamientos, después de media hora salí y me tumbé en mi cama quedándome dormida.
De pronto desperté alterada ante el sonido de mi celular, ¡rayos! Eran mis amigas, me dormí y estaban esperando por mi, me levanté rápidamente , miré mi armario y elegí una blusa azul marino, con destellos plateados, un jeans ajustado y una sandalias a tono, tomé mi cartera y salí en busca de mis inseparables.
Llegamos a un bar llamado Bistró, su aroma era una mezcla de esencias y alcohol, que llenaba todos mis sentidos, ya que tenía mucha hambre, pedimos una tabla, algunos cocteles y comenzamos a disfrutar de una grata conversación, terminamos y nos dirigimos a la discoteca Green Valley, la mas popular de la zona, entramos sin problema, ya que en mi poder tenia la credencial VIP, nos dirigimos a un apartado, allí la música fluía caóticamente en el ambiente, era una imagen increíble que llenaba todos los sentidos y nos invitaba a disfrutar de la noche.
Tomamos un lugar, nos acomodamos y comenzamos a disfrutar de la noche. Terminamos algunos cocteles y me dirigí a la barra en busca de otros más para mis amigas, ya que yo era la encargada del traslado solo podía continuar bebiendo jugos o tragos sin alcohol.
Estando en la barra, mientras preparaban los tragos, a lo lejos vi un grupo de varones que se divertía mucho, eso se notaba por las grandes carcajadas que emitían, pero un hombre en particular llamó mi atención, vestía con unos vaqueros azules, una polera más oscura que marcaba muy bien su cuerpo, lo observaba detenidamente cuando nuestras miradas se encontraron y desvié la mirada rápidamente, en el momento exacto cuando me entregaban los cocteles. Me fui rápidamente donde mis amigas y continuamos la conversación.
Nos fuimos a la pista, disfrutábamos de un baile desenfrenado, animoso y que nos hacía olvidar de todo lo monótono de la vida adulta.
Después de un momento me disculpé y me dirigí al baño, de camino, por ir cabizbaja, choqué con un hombre, al mirar hacia arriba, era él, el hombre que había llamado mi atención hace un rato, con voz nerviosa me disculpé y él solo asintió y dio un paso al costado.
Abrumada por la situación, me refresqué el rostro y sentía que mi cuerpo se encendía con tan solo recordar a ese hombre.
Volví donde mi grupo y continué disfrutando de la noche, eran apenas las 2 de la mañana, cuando de pronto mis amigas se paralizaron, detrás de mí, sentía la presencia de alguien, a lo que de pronto escucho
- Hola, disculpen, ¿podría bailar con su amiga?
Mis ojos se abrieron inmensamente, volteé y lo vi, era él, el guapo hombre de la mirada intensa y seductora.
Respondí a la defensiva diciendo
- A quien debes preguntar si puede bailar contigo es a mi, no a mis amigas.
- Lo siento – respondió y bajó su mirada
- Pero si me preguntas, sí, me gustaría bailar contigo- él asintió y me miró esbozando una pequeña sonrisa.
Se acercó a mí y me pidió sutilmente disculpas por no pedirme en primera instancia permiso para bailar con él, asentí con la cabeza y luego me dijo
- Mi nombre es Andrés ¿Puedo saber el tuyo?
Respondí amablemente diciendo que mi nombre era Lía.
De ahí en adelante bailamos, conversamos de trivialidades, reímos y nos miramos largamente, su mirada denotaba intensidad, deseo, ¿tristeza?, era incierto, de pronto me tomó por la cintura y me atrajo hacia él, solo pensar en el roce con su cuerpo me ponía la piel erizada.
Bailamos unidos por un buen rato, la música se intensificaba cada vez más, haciendo que nuestros movimientos fueran también más intensos, podía sentir como su cuerpo se tensaba cada vez que me acercaba más a él, por lo que decidí alejarme un poco.
Pasamos un buen rato, pero mi extrema jornada de trabajo no me daba tregua y debía descansar, le dije al oído que ya era tiempo de marcharme, eran cerca de las 4 A.M. y debía descansar un poco antes de ir a la oficina.
Él asintió con una mirada un poco distante. Intenté besar su mejilla en modo de despedida pero él se alejó de inmediato sin poder concretar mi acción, lo miré con duda y asentí con la cabeza y esbocé una pequeña sonrisa.
Me dirigí hacia mis amigas, ellas disfrutaban muy animadas, les informé que debía irme y ellas accedieron informándome que ellas se irían más tarde en un taxi. Asentí y me fui.
Al salir de la discoteca, ¡vaya sorpresa!, él estaba ahí, mirando hacia el horizonte, se le veía pensativo, continué caminando, pasando por su lado, de pronto lo oí caminar tras de mí, me detuve rápidamente, volteé y dije
- ¿Por qué me sigues? No te despides de mi, pero optas por seguirme, ¿eres un demente o qué? – se acercó rápidamente, puso una mano en mi cadera y la otra la pasó por detrás de mí cabeza y me besó. Un beso dulce, delirante y excitante. Me dejé llevar, el apretó mi cuerpo contra el suyo, su lengua firme y seductora se abrió paso en mi boca incitando a la mía a seguir su baile. De pronto se alejó, sin previo aviso, me miró, no podía leer su mirada, era una mezcla de deseo, enojo, duda… no podía descifrarlo.
- Disculpa, no debí hacer eso- dijo con un tono de voz un poco agitado pero seguro.
- No te preocupes- mi voz era débil y cortada.
Di la vuelta y seguí mi camino hacia el auto. Al llegar allá, perdida en aquel beso, saqué la llave intentando desbloquear el vehículo y escuché su voz.
- Lo siento, no quería sobrepasarme, desde que me crucé con tu mirada, mi mente y cuerpo me jugaron una mala pasada y no pude contenerme.
- No hay problema, solo fue un beso.
-
¿Sólo un beso? – respondió arqueando una ceja.
Mi corazón latía muy fuerte y mis piernas temblaban.
- ¿Qué más podría ser? Soy realista, es lo que fue.
- ¿Por qué te marchas tan pronto? – me miraba fijamente y mi cuerpo se estremecía.
- Soy una mujer de trabajo y más tarde debo cumplir con mis obligaciones.
No apartaba su mirada y eso me debilitaba.
- Y si te invito a un último baile ¿aceptarías?
Mi voz se ahogaba y no sabía cómo responder a eso, hasta que logré decir
- Lo siento, quisiera hacerlo, pero si me quedo, esto se saldrá de mis manos- me miró con duda y esbozando una sonrisa respondió
- ¿De qué forma podría salirse de tus manos? – me apresuré a responder que de lo contrario no podría levantarme a trabajar debido al cansancio. Sonrió pero no creyó nada de lo que dije.
Me fui, manejé de forma inconsciente hasta llegar a casa, pensando en como ese hombre había detonado en mí algo que hace mucho tiempo no sentía. Me sonrojé pensando hasta que punto hubiera estado dispuesta si él me hubiese propuesto algo más.