Todo mi día fue un caos, no lograba mantener una clara idea en mi cabeza relacionada con mi trabajo, solo venía a mi mente ese intenso momento de placer, cómo ese hombre se adentró en mi y me poseyó de una manera tan desbordante, sentir su fuerza de penetración me hacía sonrojar de vergüenza, ¿cómo había sido tan blanda de dejarlo entrar nuevamente en mi? Ese hombre lo único que estaba provocando en mi era una evidente excitación y un gran dolor de cabeza, cuando recordé las dos situaciones ocurridas y en ambas, él, no había usado protección.
No podía ser, yo me cuido, siempre lo he hecho pero él no, que pasa si me embaraza o me contagia de algo, no podía creerlo, maldita calentura que no me permitió pensar de forma coherente.
Llamé rápidamente a mi ginecólogo, y me dieron cita para la semana siguiente, entré en pánico, no podía creer las consecuencias que todo ello podía llevar.
Continué con mis labores, dividiéndome como siempre entre el colegio y la empresa.
A ratos me acordaba de él, lo suave de su piel, su virilidad, su aroma… todo en él inundaba mis sentidos. Se comportaba como un idiota, sin embargo, yo quería más de él.
… Llegué a casa de noche, me serví una copa de vino y mi nana Alicia, que había ido a ordenar la casa, me había preparado una exquisita torta. Comí, consciente o inconscientemente comí, deseaba que cada trozo de ese pastel fuera parte de su cuerpo y que cada sorbo de ese vino blanco fuera un beso suyo. Ese hombre estaba consiguiendo demasiado de mi y estaba arruinando mi estructura organizada de siempre.
Me di una ducha y comencé a ver una película, al cabo de un rato me dormí. Desperté a mitad de noche y lo único que venía a mi mente eran sus gemidos, la intensidad de su ser, como desbordaba en mi un deseo que no sabía qué existía.
Me adentré en mis pensamientos y me volví a dormir.
Pasaron algunos días y decidí reencontrarme con mis amigas, no les había dicho nada de lo ocurrido en la cafetería. Nos reunimos en “El Espacio”, un bar concurrido por adultos- jóvenes, allí conversamos de nuestra semana y las trivialidades que se habían presentado con ella y lancé mi bomba, conté con lujo de detalle la situación y lo único que hacían era mirarme perplejas, nadie dijo nada, solo se reían. No entendía, qué era lo gracioso, hasta que Analía, habló
- Ese hombre te tiene loca
- ¿Cómo crees? – cuestioné – Sólo que no sé cómo me dejé llevar por él, una vez más
- Debo admitir que ese bombón cualquiera quisiera probarlo y tú estás volviéndote adicta a él- añadió Maca.
Mis amigas tenían razón, ese hombre me estaba volviendo loca y pese a que todo lo que había pasado era incorrecto, anhelaba volver a tenerlo dentro de mi.
Terminamos y nos fuimos a casa, sin embargo, Ale quiso pasar a tomarse un café de camino, nos detuvimos y pedimos para llevar, continuamos caminando por el centro de la ciudad cuando de pronto lo veo caminar hacia nosotras, venía con sus amigos y dos acompañantes más, vestía un pantalón azul oscuro y su chaqueta a tono con el logo de la policía de investigaciones, no podía creer lo guapo que se veía. Mis amigas lo vieron y no pudieron disimular, les imploré que por favor cruzáramos para no toparme con él, sin embargo, las muy malditas no me hicieron caso y continuamos camino hacia ellos.
Sentí su mirada fija en mí, también, pude ver que uno de sus amigos palmeaba su hombro y me miraba.
Mi cuerpo se calentaba más de lo que debía, me sentía sonrojar, no sabía si era efecto del café que estaba bebiendo o era efecto de su penetrante mirada.
Cuando estábamos a un par de pasos, el uno del otro, él exclamó mi nombre con un cortés saludo y saludó a cada una de mis amigas, lo mismo hicieron sus acompañantes, sin embargo lo que me dijo, no lo vi venir.
- ¿Podemos hablar unos minutos, por favor?
Yo, hablar con él, de qué, no podía, no sabía, no quería responder, sin embargo mis amigas y su grupo avanzaron hacia un costado dejándonos solos, se acercó sutilmente hacia mi y dijo
- ¿Cómo estás?, sé que merecía la bofetada del otro día, pero también debo admitir que lo que está pasando entre tú y yo, nos está volviendo locos a ambos. Te veo en este momento y estoy conteniendo las ganas de lanzarme sobre ti y besarte desmedidamente, y poseerte aquí, en frente de todos.
No podía creer lo que me decía.
- Sé que he iniciado mal todo esto, me gustaría reiniciar todo y comenzar a conocerte, quiero saber más de ti, quiero más de ti
- No entiendo, – me apresuré a decir- piensas que por haberte extralimitado conmigo ahora yo quiero hacer borrón y cuenta nueva, te pasas de descarado. Hablas de lo que tú y yo sentimos, ¿sabes lo que realmente siento en este momento? Siento que mereces que te dé mil bofetadas delante de todo el mundo, me has usado a tu antojo, eres un imbécil – No acabada de decir eso cuando posó sus labios en los míos y me besó sutilmente, todos sus amigos y mi grupo, exclamaban ante la imagen que tenían delante de ellos. No supe como actuar, solo recibí ese beso, cuando hubo finalizado él enfatizó diciendo
- ¿Segura que solo soy yo el qué siento esto?
Maldita sea, tiene razón, al responder su besó mi respuesta anterior se vio totalmente caducada y me apresuré a decir
- Un beso, ¿tu crees que un simple beso me hará cambiar de opinión? – cuando sentí que se acercó a mí oído y murmuró – No, un simple beso no provoca nada, sin embargo, el placer inexplicable que hemos sentido en la intimidad me asegura que esto no tiene nada de simple, recordar tus gemidos de placer y el cómo tu cuerpo se entrega ante mí, me da más respuestas de las que tus palabras podrían asegúrarme.
- ¡Eres un demente! – dije resoplando
- No quiero discutir contigo, - continuó diciendo- aunque si esa discusión termina contigo entre mis brazos, estaría dispuesto a continuar la discusión, sin embargo, mi propósito es otro, me gustaría invitarte a cenar, mañana a las 20 horas
Me apresuré a responder que no podía. Dios mío anhelaba esa cena pero no podía ceder.
- Mañana paso por ti a tu departamento, aunque no estés lista te llevaré igual
¡QUÉ! Este hombre definitivamente está loco, me está obligando, estaba tan absorta en mi pensamiento que salí de ellos cuando él me besaba nuevamente en forma de despedida.
Se retiró con sus compañeros, mientras estos reían y alardeaban de la situación. Por otra parte mis amigas contenían sus gritos de emoción, mientras yo lo único que quería era caer y quedarme ahí tirada.
Caminamos hasta llegar a casa de Ale, donde había estacionado el auto, caminé en silencio todo el trayecto restante, intentando asimilar lo que Andrés me había dicho, me despedí de mis amigas y me fui a casa.
Lloré de impotencia, cómo era posible que no pudiera poner a ese hombre en su lugar, se salía con la suya cada vez que quería, sin embargo, mañana sería yo quien dominará la situación.
Me levanté nerviosa, mi genio era el mismo diablo en persona, en la oficina encontré todo mal y le grité a unos cuantos colaboradores, menos mal no era día de ir al colegio de lo contrario más de un estudiante hubiera conocido mi furia o algún colega hubiera tenido que lidiar con mi mal genio.
Llegó la hora de almuerzo y decidí irme a casa, no me podía sentar, daba vueltas en círculo, llamé a mi nana y pedí que fuera al departamento, lo ordenara y llenara el refrigerador, esta noche debía contraatacar y debía ganarle la batalla a ese vil seductor
Busqué en mi armario un vestido verde esmeralda, cruzado en la espalda el cual deja parte de mí pecho y espalda al descubierto, tomé la pulsera que él me había enviado, los tacones y cartera a juego, los puse en el auto y me fui directo al departamento.
No podía más de los nervios, eran las 17 h y sentía que me ahogaba en mi propia respiración, revisaba una y otra vez el vino, comida del refrigerador y de pronto recuerdo que… diablos tenía que asistir a la cita médica, me bañé rápidamente y me fui directo a la consulta, el doctor me revisó y determinó que todo estaba bien, no había señal de embarazo ni de infecciones de transmisión s****l, lo cual me dio un gran alivio, pero me dio una orden de exámenes para verificar a ciencia cierta que todo estuviera bien.
Volví al departamento y ya eran las 19.30 h, lo que me produjo aún más ansiedad, ya me había hecho los exámenes y ahora solo debía lidiar con este engreído y sexy personaje sacado de una revista.
No terminaba de pensar cuando sonó el timbre del departamento, extrañada miré y fui a abrir la puerta, era él, miré nuevamente el reloj de pared y dije aún no son las 8, sonrió y me entregó un ramo de flores que me traía, ¡maldición! Se veía tan sexy, vestía un pantalón color caqui, con una camisa beige a tono, con un abrigo café que combinada a perfección con él ¡como rayos lidiaría con este apuesto galán!
Sonrió cuando vio que lo observaba y mordía mi labio, lo invité a pasar, dejando claro que no se atreviera a propasarse conmigo de lo contrario mañana sería parte de las noticias de criminalística.
-¿ Aún no estas lista? – me preguntó con una voz muy seductora.
- No, y créeme me tomaré mi tiempo, ya que hoy ha sido un día muy difícil, especialmente porque me fui a atender con el ginecólogo – Lancé
Vi de reojo como su cuerpo se tensaba, él no había pensado en eso, olvidó por completo las implicancias que conlleva tener s**o.
- Aunque no te preocupes, no soy estúpida y me cuido, solo fui a comprobar que no me hubiese contagiado de algo
- Por mi parte no te preocupes – comentó – suelo cuidarme y no he estado con nadie más que tú durante los últimos meses y gracias por aclarar que no hay embarazo – finalizó.
Eso fue un balde de agua fría para mí, él no tenía otra mujer, y no había estado con otro mujer durante el último tiempo, pero cómo, cómo sería eso posible si este hombre era un adonis.
Le hablé desde mi dormitorio, preguntando si quería beber o comer algo, y que si era así podía servirse lo que quisiera, a lo que él respondió que no me preocupara que él estaba bien así.
Me vestí y maquillé, tomé mi cartera y salí en dirección al living y ahí lo veo de pie, esperando por mi, nos miramos por unos instantes y él dijo – te ves hermosa, sé que lo eres, pero te ves aun más deslumbrante.
Me sonrojé y dije – gracias, no es necesario que mientas – mientras pasaba por su lado.
Respuesta inmediata a eso fue que él me tomó del brazo y me acercó a él – No te atrevas – dije rápidamente, pero ya era tarde, su boca se posó en la mía y comenzó a besarme lenta pero apasionadamente, me tomó por la cadera y me atrajo hacia él, no podía pensar, no me dejaba hacerlo, sentí como su cuerpo se activaba y el mío le seguía el paso. Se detuvo y me miró – lo sé, no quiero salir mañana en la prensa, solo quería saber si estabas lista.
¡Lista! ¿Para qué? ¿Para caer en su juego perturbador?
Me alejé de él, y solo dije – Sí, estoy lista para acompañarte y conocer tus mentiras.
- ¿Mentiras? ¿A qué te refieres con eso?- señaló
- Sé que estás jugando conmigo, no creo nada de lo que dices
Sonrió y tomó mi mano y me llevó camino hacia la salida del departamento.
No supe a dónde íbamos, solo me subí al auto enfocada en no ceder ante ese hombre.