Capitulo 2.
*Entre la espada y la pared.
POV Naomi.
Me siento confundida, no puedo creer todo lo que a pasado en solo minutos de empezar mi nuevo trabajo, me apoyo del lavamanos para tratar de calmarme recordando que dijo mi nombre, volteo acomodándome frente al espejo y recuerdo que mi delantal tiene un bolsillo donde mi identidad se puede notar, no ha Sido más que eso, por un instante me había sorprendido de que me hubiera conocido, es una tontería, es solo la presión del momento.
Tras minutos descansando de las emociones de este intenso encuentro, doy marcha a lo que he venido hacer, el tiempo juega en mi contra y no puedo detenerme hasta que terminó de cumplir con mi deber. Estoy recogiendo las bolsas de la basura, cuando noto sobre la mesa de noche dinero, no es la primera vez que los clientes dejen cosas de valor para probar nuestra integridad, lo que me lleva a ignorarlo, el dinero no es algo que me mueva, aunque lo necesito, me gusta ganarme la vida de manera honrada, por ello me retiro en cuanto terminó pasando el seguro a la puerta como él lo a ordenado.
— Ahí estás…— dice mi mejor amiga, casi mi hermana Mía, quien me espera en la entrada.
— He terminado, ¿Y tú?
— Lo hice, entreguemos el pase. — Sugiere y de inmediato nos acercamos a seguridad para entregar los pases y marcharnos. — ¿Cómo te fue? ¿Cuánto te dieron de propina? — Sus palabras me confunden.
— ¿A qué te refieres? ¿Pensé que la agencia me pagaba?
— ¿Qué? No, ellos siempre dejan el dinero en la mesa de noche.
— ¿Bromeas? Mía, Nacha me dijo que ellos me pegaban.
— Si, los clientes, no la agencia, ya la agencia cobra su comisión por suscripción de cada cliente, los clientes suelen dejar el dinero o por ende alguien en casa se encarga del pago, Naomí, ¿Qué hiciste?
— Voy a matar a Nacha, eso no fue lo que me dijo, esa desgraciada quiere que me corran o que renuncie, por eso hizo esto, primero dijo que no había nadie y el dueño estaba en casa, no fue grato el encuentro y además dejé mi dinero en ese lugar, debemos volver. — Exclamó muy alterada y enojada.
— Espera, espera Nao, no, no puedes volver, una vez que entregas la identificación no puedes regresar.
— Mía, necesito ese dinero, no tengo más que unos pocos días para conseguir el dinero del semestre, necesito volver, debes ayudarme.
— Lo haré, voy a llamar a Nacha, hablaré con ella, si él cliente llama pediré que coordine un nuevo encuentro, así podrás recuperar el dinero, ¿Dices que conoces al dueño? Estoy segura que va a entender la situación.
Me siento muy alterada camino sentándome en la orilla de la calle muy agobiada.
— No creo lograr la meta, si no hago algo voy a perder el semestre Mía, lo único que me importa ahora, tengo la renta, los gastos, la comida, la universidad es muy costosa, temo perder mi sueño.
— No lo harás amiga, tu eres una mujer luchadora, saldrás adelante, no te preocupes, en cuanto a la renta no te preocupes, lo pagaré y cuando salgas de lo del semestre lo reponemos, no te angusties…— Se sienta a mi lado. — ¿Está bien?— Golpea mi hombro con el suyo y asiento en forma de respuesta. — Bien, vamos, tienes que ir a clases, te ayudaré, está noche en club trataré de que los mejores clientes sean para ti, lo vas a lograr ya verás.
Nos levantamos y caminamos hasta la fila del autobús, tomando el colectivo hasta la siguiente parada y otra más hasta llegar al centro dónde nos despedimos y continuo mi camino hasta llegar a la Universidad donde como de costumbre llegó 10 o 20 minutos tarde.
— Señorita Scott, nuevamente llegando tarde.
— Lo lamento señor n…— Me Interrumpe.
— Explique eso en dirección.
— Profe le aseguro que…— Me Interrumpe nuevamente.
— Por favor, necesito continuar la clase, vaya a la dirección y pida un pase si desea presentar está clase. — Lo miro inquieta y asiento saliendo del salón.
Discutir con él no tiene sentido, creo que le caigo mal desde que me vio la primera vez, ahora no es indiferente y eso es notable.
— Pase…— Dice el hombre que tortura mi vida.
— Perdimos señor Alcan.
— Nuevamente Naomí, no me sorprende, adelante, tenemos que hablar. — Como ordena así lo hago. — Ya te has atrasado en el pago de la mensualidad, ¿Debo disponer de tu cupo?
— No, no señor, le prometo que ante de la nueva fecha de pago tendré el dinero, por favor, solo deme la oportunidad.
— Naomí, está es la quinta vez que hablamos del mismo tema, sino tienes los recursos para estar en esta institución, te sugiero que busques algo más acorde a tus medios, no puedo seguir otorgándote pases y prorrogas para los pagos, una media beca no funciona, estás instalaciones son costosas, deberías intentarlo en un lugar mas acorde a tus necesidades.
— Por favor señor, he soñado con terminar mis estudios aquí, su titulo académico es reconocido, no tendría problemas en presentarlo en algún restaurante y podría tener el trabajo, sabe lo difícil que es conseguir empleo en un buen lugar, cocinar es mi sueño, es lo que me apasiona, le pido por favor me de estos días, le aseguro que voy a conseguir el dinero.
Me mira en silencio, sus ojos azules se unen con mis ojos color miel y espero con la esperanza de que su corazón se ablande por séptima vez.
— Bien…— Dice el hombre de tez clara que me ofrece una nueva oportunidad. — Se lo que es crecer sin padres y sin apoyo, solo por eso te doy una nueva oportunidad, Pero debes mejorar en cuanto a las llegadas y consigue el dinero Naomí, es la última oportunidad que te daré.
— Si, si, señor, se lo agradezco, muchas gracias señor.
Me firma la orden y vuelvo a clases para luchar contra mi profesor y sus prejuicios.
— Además de llegar tarde, lenta, apresúrese señorita Scott, los clientes esperan por usted.
— Si señor.
Lo doy todo en cada clase llevándome una aprobación de su parte, me reta y me presiona, sin embargo eso no me afloje ni me detiene, eso me gusta, ya que trabajo mejor bajo presión, no me rindo y lucho por ser la mejor aunque los prejuicios de mi profesor por las clases sociales me impida obtener la victoria, yo lucho por conseguir el primer lugar, se que voy a lograr mis objetivos, se perfectamente quien soy y mis capacidades.
Al terminar la clase son las 5 y 30 pm, han Sido horas agotadoras, pero eso no me detiene de subir a un nuevo autobús para ir a mi segundo empleo, se dice que la victoria no se canta hasta que se logra la mata, no importa que, no importa como, conseguiré el dinero para seguir estudiando y cumplir la promesa que le hice a mi tutora, lograre llegar lejos, lo presiento.
— Ahí estás, vamos, vamos, darte prisa, Fernando llegara en cualquier momento a supervisar que todos estén listos, Naomí, debes comprarte un celular, me tenias muy ansiosa y preocupada, por poco no llegas, si pierdes este empleo dudo que encontremos un lugar como este en otro lugar.
— ¿Ya están listas? — Pregunta Fernando. — Quiero esas mesas y todo organizado, ya las personas se están aglomerando para entrar. Dense prisa. Mía, Naomi, piso dos. Yala, Yala.
— Si señor.
Corremos mientras me ato el delantal.
Nos ha tocado el piso exclusivo del lugar, limpiamos y organizamos el área, empiezan a llegar clientes, servimos tragos, traemos pedidos de golosinas, chicas bailando, hombres platicando y poco a poco empieza a llenarse el lugar.
Estoy en planta buscando algunas órdenes cuando llega Mía muy emocionada.
— Vamos chicas empecemos la noche, busquemos propinas que nos hacen falta. — Exclama emocionada una compañera.
— Naomi es tu momento amiga, en el piso superior se acaba de llenar una mesa con personas importantes, aprovecha amiga, tú necesitas ese dinero, han pedido esto. — Me entrega la lista.
— ¿Estás segura Mía? tú también necesitas el dinero.
— Si, pero no tanto como tú, llegarán más durante la noche, más adelante me lo recompensas, ve, ve, no los hagas esperar.
Me muevo por los pedidos y voy al ala superior con varias bandejas, camino hasta una mesa y empiezo a servir los tragos, termino con esa mesa y prosigo con una bandeja hasta el fondo donde me agacho para dejar la bandeja que pesa un poco y dejar los tragos especiales que me han solicitado. Estoy terminando con los tragos y procedo a colocar el resto en la mesa que es cubierta con unos hombres que están platicando, distraída coloco las bebidas en la mesa y me dispongo a colocar hielo a uno de los vasos siendo detenida por un agarre intenso que me hace paraliza.
— No me apetece hielo, gracias.— Al levantar mi mirada lo veo frente a mí nuevamente.
— ¿Usted?
— ¿Es una coincidencia volver a verte de nuevo Naomí.