III

2122 Words
Adalet Recibir la noticia de que me casaría con un joven de una familia socia de la nuestra me dejó sin aliento. Aunque no lo expresé a mi padre en ese momento, una parte de mí sabía que no quería casarme tan joven ni con alguien que no conocía. Pero en este mundo donde el honor familiar y las tradiciones pesan más que las decisiones individuales, guardar silencio parecía la única opción que tenía. Los días pasaron, y mi mente se convirtió en un campo de batalla entre terribles escenarios imaginados y esperanzadores pensamientos sobre mi desconocido prometido. A veces me encontraba angustiada pensando en las historias que circulaban sobre matrimonios concertados, temerosa de lo que podría depararme el futuro. Otras veces, me sumergía en la esperanza de que, tal vez, este matrimonio arreglado podría convertirse en algo bueno, en el descubrimiento de un amor verdadero. Finalmente llegó el día en que conocí a mi prometido. Cuando lo vi por primera vez, mi corazón dio un vuelco. Era apuesto, con una presencia segura y un encanto que me dejó aturdida. Lo vi por primera vez, noté que era un hombre alto, de al menos un metro ochenta. Su presencia imponente llenaba la habitación y parecía emanar confianza en cada paso que daba. Su ropa ajustada delineaba unos brazos musculosos, indicando que seguramente se dedicaba al ejercicio. La luz tenue de la sala resaltaba su piel bronceada, una tonalidad que parecía brillar con una suave luminiscencia. Lo que más llamó mi atención fueron sus ojos, intensos y penetrantes, que recordaban la mirada feroz de un halcón. Parecían capaces de escudriñar hasta lo más profundo de mi ser. Y sus labios, carnosos y perfectamente contorneados, provocaron un pensamiento inesperado en mí: eran apetitosos. El sonrojo instantáneo que inundó mis mejillas me hizo desear que la tierra me tragara en ese mismo instante. Sentí una atracción física instantánea, una emoción que nunca antes había experimentado. Su presencia me dejó sin palabras, pero también sentía algo de vergüenza al verle pues jamás había estado tan cerca de un hombre que no fuera parte de mi familia. Luego de las presentaciones todos nos dirigimos a la mesa para la cena que tanto habían planeado mi padre y mi abuelo, yo me senté al lado de Orhan y justo frente a Kadir quien no dejaba de verme cada que podía ¿le gustaba o me veía como una molestia? No tenía ni idea pues nunca cambió su expresión seria. Podía escuchar como los hombres mayores hablaban de todo especialmente negocios que no me incumbían, sentía de vez en cuando la mirada intensa de Kadir y también la de Orhan sobre mí. Tenía mil pensamientos en mente y estaba a la vez concentrada en comer mi cena sin provocar un desastre debido al temblor repentino que se apoderó de mis manos desde que lo vi cruzar el umbral de la puerta. Escuchaba pequeños fragmentos sobre la boda y no pude evitar sentirme triste por dos razones: sería mi boda y no he opinado nada al respecto y mi madre no estaría en el día más importante de mi vida. Fruncí ligeramente el ceño para evitar que las lágrimas se desbordaran y dar una mala impresión a la que también sería mi familia. Dejé de escuchar lo que decían para concentrarme en no llorar entonces él habló, y su voz resonó en mis oídos como una melodía suave y tranquilizadora. Mis mejillas se sonrojaron involuntariamente, mi cuerpo reaccionando a la emoción del momento. Era como si el tiempo se hubiera detenido y solo existiéramos él y yo en ese momento. — ¿Pueden preguntarle a Adalet cómo quiere nuestra boda? Seremos nosotros los que nos vamos a casar por lo menos démosle ese beneficio.— Podía sentir la mirada expectante de todos sobre mí y mientras tomaba un sorbo de agua para tranquilizarme podía ver perfectamente como mi mano se sumía en un temblor por los nervios pero ¿nervios de qué? No sé sin embargo debía dar una respuesta antes de papá se desespere. — Yo… yo, me gustaría casarme con el vestido de bodas de mamá y… que sea al atardecer en nuestra mansión. Si eso se puede claro.— Mi voz se fue perdiendo a medida que hablaba, no sólo porque me sentía incómoda al ser el centro de atención sino también porque sentía ganas de llorar al no tener a mamá junto a mí. — Bien… la novia ha hablado. Vayan y busquen el vestido de mi difunta nuera y arréglenlo para que mi nieta pueda usarlo. Por lo demás nosotros nos encargamos.— Comentó mi abuelo y todos dirigieron su atención a él haciendo que sintiera alivio de no tener tantos pares de ojos sobre mí. A excepción de un par que me veía intenso provocando un sonrojo en mis mejillas. Siguieron hablando de la boda y más negocios luego de que Kadir dijera que pagaría por cualquier cosa que yo quisiera, es una lástima que ni todo el dinero de ambas familias me traerían a mamá por al menos un segundo el día de mi boda. En medio de mi desconcierto, mis pensamientos parecían un torbellino. Me sentía cautivada por su presencia, pero también abrumada por la repentina realidad de la situación. Este hombre sería mi esposo, un hombre que apenas conocía y con quien compartiría el resto de mi vida. Era un pensamiento abrumador para una joven que apenas comenzaba a entender el mundo fuera de los límites familiares. Finalmente los dos hombre se fueron y todos nos retiramos a nuestras habitaciones, aunque yo no podía dormir tenía bastante rato dando vueltas sobre la cama con un mar de pensamientos sobre mi futuro matrimonio y marido. A pesar de la atracción física, el miedo y la incertidumbre aún se albergaban en lo más profundo de mi corazón. ¿Podría ser feliz con alguien a quien apenas conozco? ¿Podría construir una vida junto a este extraño? ¿Nos enamoraríamos como mamá y papá?. Eran muchas preguntas que daban vuelta en mi cabeza con cada segundo El encuentro fue breve, pero dejó una impresión profunda en mí. Me encontré dividida entre la emoción de esta nueva experiencia y el temor a lo desconocido. Aunque mi corazón se aceleraba ante su presencia, la idea de un matrimonio desconocido todavía era una carga pesada sobre mis hombros. El tiempo transcurrió lentamente después de ese encuentro. Mis pensamientos se centraban constantemente en él, recordando cada detalle de su apariencia, su voz, su sonrisa. No podía negar la atracción, pero tampoco podía ignorar el temor que se aferraba a mí. Me pregunté si él sentiría lo mismo que yo, si habría sentido esa conexión intensa que parecía resonar entre nosotros. En medio de todas estas reflexiones, mi corazón anhelaba encontrar un amor verdadero en este matrimonio impuesto, un amor que trascendiera las expectativas y tradiciones familiares. Decidí salir un rato al jardín para despejar la mente y vi a Orhan andar sin un rumbo fijo en la mansión por lo que decidí ir en su dirección, era mi hermano mayor y un hombre pero era mi mejor amigo y más preciado confidente después de mi diario. — ¿Tampoco puedes dormir, pequeña?.— Su voz grave me saludó en cuanto estuve cerca de él y me abracé a su definido torso como cuando era una niña. — ¿Tampoco tú?.— ~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~ Orhan — ¿Tampoco tú? — Adalet aferrada a mi cuerpo con su sonrisa infantil, una que conozco bien, que indica que quiere ser escuchada. No tengo más opción que acompañarla hacia la fuente en el jardín y sentarme a su lado. — No, el sueño parece evadirme esta noche. — Me acomodo, observando la quietud de la noche que contrasta con los pensamientos agitados que atraviesan mi mente. Adalet siempre ha sido una de las personas más importantes en mi vida, y verla envuelta en esta situación me perturba profundamente. — La cena fue... algo. — Ella se recuesta en el borde de la fuente, lanzando una piedrecita al agua y desviando la mirada hacia el horizonte. — Kadir parece un buen hombre, ¿no crees? Su pregunta me saca de mi ensimismamiento. ¿Kadir? ¿Un buen hombre? No puedo evitar sentir un cierto recelo hacia él, pero trato de no mostrarlo delante de Adalet. Ella merece pensar que todo está bien. — Parece. — Mi respuesta es breve, tratando de ocultar mi desconfianza. No sé por qué, pero algo en ese hombre no encaja del todo bien para mí. — A mí me gusta. — Su confesión es inesperada. Mis cejas se alzan casi imperceptiblemente ante sus palabras. Ella continúa antes de que pueda decir algo. — No sé si es el nerviosismo, o simplemente... bueno, él es atractivo, ¿no crees? Asiento con una ligera sonrisa, aunque por dentro mi preocupación aumenta. Adalet es tan joven y quizás está viendo todo desde una perspectiva más superficial. Pero, al menos, esa aparente atracción física le brinda algo de calma. Por mi parte, no puedo evitar sumergirme en mis propios pensamientos. ¿Cómo podría un hombre, prácticamente un extraño, despertar sentimientos positivos en Adalet tan rápido? ¿Estoy siendo demasiado receloso? Quizás es solo la juventud y la emoción lo que ella está experimentando. Sin embargo, mi intuición sigue sin confiar plenamente en Kadir. Hay algo en él que me inquieta, algo que aún no logro entender, pero que me hace dudar de su verdadera intención. Y por más que quisiera aceptar esto con optimismo, simplemente no puedo evitar sentirme cauteloso hacia su presencia en la vida de mi hermana. El silencio cae entre nosotros, y siento cómo el peso de la ausencia de nuestra madre se hace más fuerte. Adalet y yo compartimos un vínculo especial con ella, y la boda sin ella se siente aún más dolorosa. — El vestido de mamá... — susurra Adalet, con un brillo melancólico en sus ojos. — Quiero sentir que está cerca en ese día tan importante para mí. Es como si, de alguna manera, ella estuviera allí. Sus palabras me golpean profundamente. Mamá siempre fue el ancla emocional para ambos, y su ausencia dejó un vacío imposible de llenar. Asiento en silencio, incapaz de articular las emociones que me embargan al recordarla. Recuerdo la sonrisa cálida de mamá, su dulce voz cuando nos contaba historias antes de dormir, y cómo nos enseñaba sobre el amor, la familia y la fortaleza. Y ahora, la idea de que Adalet use su vestido de bodas para sentir su presencia es a la vez reconfortante y dolorosa. Nuestro silencio se prolonga, ambos sumidos en nuestros propios recuerdos, y el peso de la ausencia de mamá se hace más palpable que nunca. A medida que el viento nocturno acaricia el jardín, una leve sensación de nostalgia parece envolvernos, como si mamá estuviera susurrando a través de las hojas de los árboles. La brisa lleva consigo recuerdos de su perfume, de su risa, y de cómo solía cantar mientras preparaba su famoso pastel de manzana. — ¿Recuerdas cuando mamá solía cantar aquellas viejas canciones mientras preparaba la cena? — rompo el silencio con un suave tono de voz. Adalet asiente, con una sutil sonrisa, como si reviviera esos momentos en su mente. — Su voz siempre nos llenaba de tranquilidad. Y cuando reía, era como si todo estuviera bien en el mundo, incluso si las cosas estaban un poco confusas. El peso del recuerdo nos une en silencio. A pesar de que su ausencia aún duele, esos recuerdos nos regalan un pequeño alivio en esta noche de incertidumbre. — Creo que mamá estaría feliz de que lleves su vestido. Eso la haría sentir cerca de ti en este momento tan importante. — Mi voz se torna suave, tratando de transmitir un poco de consuelo. Adalet sonríe, sus ojos brillando con gratitud y añoranza al mismo tiempo. Esa mezcla de emociones refleja perfectamente lo que ambos sentimos en este momento. La luz de la luna parece susurrarnos palabras de aliento mientras permanecemos juntos, recordando a mamá y compartiendo la complicidad que solo los hermanos pueden entender. Adalet empieza a cantar la canción de cuna que mamá solía cantarnos cuando niños es curioso como su voz se asemeja tanto a la de ella y yo la sigo al igual que cuando mi padre cantaba con nosotros. Finalmente el sueño llega a nosotros y Adalet queda dormida por lo que me toca llevarla en brazos hasta su habitación. Dentro de mi habitación medito sobre lo que haré con mi vida, luego de la boda de Adalet me enlistaré en el ejército y de ahí en adelante veré que más hago con mi vida.
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