— No pienso permitir que mis hermanas sean casadas tan jovenes padre, es una locura, Adalet apenas y llegó a la mayoría de edad.— Estoy que pierdo los estribos por tremenda estupidez, no puedo creer que permita esto.
— Tu abuelo ya lo aceptó y yo también, incluso tu hermana que tiene un mejor sentido del deber con esta familia que tú, ha aceptado.— Dice el viejo mientras deja su puro en el cenicero.— Mira, Orhan, estoy cansado de que nos lleves la contraria, si Adalet ya dijo que si no hay más nada que hacer y NO VAMOS A MANDAR A LA MIERDA el honor de esta familia ¿quedó claro, maldita sea?
Dejo las cosas estar y me dirijo a mi habitación pensando en un plan que logre evitar la muerte de mi hermana pues puedo ver la furia de mi padre surcar sus facciones y el puño estrellado en la caoba barnizada de su escritorio lo confirman, en nuestro país el honor lo es todo y si mi familia ya aceptó el matrimonio de mi hermana no hay mucho que hacer pero no se me hace correcto.
— Mamá estaría decepcionada por esta mierda.—
— ¡No te atrevas a mencionar a tu madre, Orhan!, mejor dedica tu puta vida a ser un maldito perro del ejército y deja de joder.— Esas palabras son lo último que escucho antes de cerrar la puerta de su despacho y alejarme de ahí con mil pensamientos en la cabeza.
Me encontraba dividido entre dos mundos, dos caminos que parecían chocar sin remedio en mi interior. Por un lado, el deber impuesto por la familia, un linaje de tradiciones que demandaba obediencia ciega a las decisiones tomadas por mi padre y mi abuelo. Por otro, mi deseo ardiente de proteger a Adalet, mi hermana, de un destino impuesto que, para mí, era una prisión disfrazada de honor.
Mi mente no dejaba de dar vueltas mientras caminaba por los largos pasillos de la mansión. El eco de mis propias pisadas resonaba en mi cabeza, mezclándose con las voces enojadas de mi padre y mi abuelo. Sentía la necesidad urgente de actuar, de encontrar una salida que permitiera a Adalet ser libre, ser ella misma sin tener que sacrificar sus sueños en el altar de nuestras tradiciones.
Decidí que el ejército sería mi refugio, mi vía de escape. Allí, encontraría el entrenamiento y los recursos necesarios para proteger a mi hermana y, al mismo tiempo, hallar mi propio camino, lejos de las sombras de la mafia familiar. Una vez dentro, podría buscar aliados, compañeros de armas que compartieran mi deseo de justicia y libertad, y así poder actuar en favor de Adalet.
El honor de la familia era importante, sí, pero no podía permitir que se construyera sobre los sueños destrozados de mis seres queridos. Adalet merecía más que un matrimonio impuesto por la tradición; merecía la oportunidad de decidir por sí misma, de ser dueña de su futuro. Y yo haría lo que fuera necesario para asegurarme de que esa oportunidad llegara a sus manos.
Me encontré con Adalet en la sala de la mansión, donde las rosas de los ramos de hace días aún mantenían su fragancia a pesar del aire cargado de tensión que flotaba entre nosotros. Sus ojos, normalmente llenos de vitalidad, reflejaban ahora una aceptación serena que me partía el alma.
— Orhan, por favor, no sigas discutiendo.— Dijo Adalet en voz baja, evitando mi mirada directa mientras jugueteaba con los pétalos caídos.
—Adalet, no puedo simplemente quedarme de brazos cruzados mientras te imponen algo que no deseas.— Repliqué, luchando por contener la frustración en mi tono.
Ella suspiró, un suspiro cargado de una conformidad resignada que me dolió profundamente.
— Ya he asumido esto, Orhan. No puedo seguir enfrentándome a papá y a abuelo. Han tomado la decisión y ya no puedo cambiarla.—
— No deberías tener que sacrificar tu felicidad por el capricho de ellos.— Protesté, deseando desesperadamente encontrar alguna manera de liberarla de ese destino impuesto.
— La felicidad no siempre es algo que podamos elegir en nuestra posición, Orhan.— Dijo con voz suave pero firme, finalizando la discusión con un deje de tristeza. — Acepté esto para mantener la paz en la familia. Por favor, no hagas que sea más difícil para mí.—
Me di cuenta de que no podía seguir presionándola. Sus palabras, llenas de una aceptación resignada, eran un peso en mi corazón, pero entendí que ella ya había tomado su decisión.
El tiempo pasó en la mansión Barak, y aunque los días transcurrieron con una quietud aparente, el peso del futuro planeado para Adalet pendía sobre nosotros como una sombra constante. Una semana después, o quizás fue un mes, las puertas de la mansión se abrieron para dar paso a la familia del novio de Adalet, llegando para concretar los detalles finales de la boda.
El bullicio de las voces familiares, los ricos aromas de la comida preparada con esmero y la tensión palpable que acompañaba la ocasión llenaron la mansión con una energía abrumadora. La presencia de extraños mezclados con nuestros propios rituales familiares creó una atmósfera discordante, como si dos mundos chocaran en un mismo espacio.
El novio, Kadir, llegó junto con su familia. Era un hombre apuesto, con la mirada segura y una sonrisa encantadora que parecía ganarse a todos a su alrededor. Sus rasgos, típicos del hombre turco promedio, estaban marcados por una tez bronceada, ojos oscuros que reflejaban confianza y cabello oscuro y bien peinado. Vestía con elegancia, llevando consigo el aire de alguien que sabe cómo moverse en cualquier círculo social.
No pude evitar sentir un pinchazo de celos y preocupación al verlo. Era solo un par de años mayor que yo, pero esa diferencia parecía un abismo entre la juventud de Adalet y su experiencia. Mi mente, inundada por la imagen de mi hermana siendo entregada a un desconocido, luchaba contra el impulso de estallar en oposición a esta unión impuesta.
Mis pensamientos se entrelazaron con el diálogo que se gestaba en la sala principal de la mansión entre mi padre, mi abuelo y el padre de Kadir.
— Es un honor tenerlos aquí para discutir los detalles de esta unión.— Dijo mi padre, con una mezcla de orgullo y emoción en su voz que me resultó enfermizo.
— La unión de nuestras familias será beneficiosa para ambos linajes.— Respondió el padre de Kadir con una voz calmada pero llena de determinación.
Mi abuelo, Hamza, intervino con su voz grave y autoritaria.
— Estamos aquí para asegurar la felicidad y la estabilidad futura de nuestros hijos.—
Hubo un intercambio más de formalidades, cada palabra llevando consigo capas de expectativas y acuerdos tácitos que resonaban en el aire como un eco cargado de presiones familiares y tradiciones arraigadas.
Veía a mis hermanas sentadas en la mesa escuchando todo lo que los hombres hablaban yo igual guardaba silencio sabiendo que de abrir la boca aquí podría desarrollarse una guerra entre familias, sin embargo odiaba todo esto.
Aún así pude notar algo extraño en Adalet veía atentamente a Kadir mientras sonreía o al tener contacto visual con él podía notar sus mejillas sonrojadas ¿le estaba gustando? Bueno de ser así sería más fácil la vida de casada para ella pero no dejaba de ser enfermo casar a una chica de dieciocho años con un hombre de al menos veinticinco y más siendo un desconocido.
Ellos hablaban de la boda como si mi hermana no existiera junto a nosotros pero algo paso que de verdad me sorprendió; Kadir habló por primera vez interrumpiendo a su padre.
— ¿Pueden preguntarle a Adalet cómo quiere nuestra boda? Seremos nosotros los que nos vamos a casar por lo menos démosle ese beneficio.— Mientras decía aquello veía a mi hermana con una intensidad que me sacaba de quicio ¿a él también le gustaba Adalet?.
Todos veíamos a Adalet quien no sabía a quien ver en la mesa, podía notar el temblor en su mano mientras dejaba la copa con agua en la mesa.
— Yo… yo, me gustaría casarme con el vestido de bodas de mamá y… que sea al atardecer en nuestra mansión. Si eso se puede claro.— A medida que hablaba su voz iba perdiendo volumen y volviéndose un susurro mientras jugaba nerviosamente con sus dedos, noté que no podía ni ver a su prometido y en parte se me hizo cómico.
— Bien… la novia ha hablado. Vayan y busquen el vestido de mi difunta nuera y arréglenlo para que mi nieta pueda usarlo. Por lo demás nosotros nos encargamos.— Dijo mi abuelo con una sonrisa viéndome fijamente.
— Yo pagaré por lo demás, señores Barak. El maquillaje, peinado, los arreglo que Adalet quiera, eso irá de mi cuenta ¿les parece correcto?.— Cuestiona Kadir y no sé porqué pero no me agrada ese tipo.
— Por nosotros esta bien, nos encargaremos de contratar al organizador de eventos y el banquete, lo demás lo iremos hablando en estos próximos días.—
Así terminó la cena y yo lo agradecía en gran manera en lugar de quedarme a dormir decidí salir a caminar un poco necesitaba despejarme.
No podía evitar pensar en mamá y qué pensaría ella de todo esto, sin embargo no sería mucha diferencia incluso ella y papá se casaron en un matrimonio concertado pero ellos se enamoraron, deseaba que Adalet viviera eso y que no viva un infierno.