El camino había sido sospechosamente tranquilo. En ocasiones Van me avisaba cuando Lucien cruzaba camino con otros lobos, sin duda espías. Gracias a los dioses, ninguna criatura oscura se había presentado. La ciudad caída se levantaba en el horizonte. Estando tan cerca de nuestro destino decidimos tomar un breve descanso en las orillas de un arroyo. Lucien y su equipo apareció de pronto, indicándole a Van que lo necesitaban. Sintiéndome incomoda con la mirada de Lucien decidí darles espacio, diciéndole a Valerian que llevaría a Freiris a tomar agua mientras ellos hablaban. El apretó sus labios, no quería dejarme fuera de su vista, pero le asegure que estaría bien. Estábamos rodeados por nuestro ejército. Que peligro podía haber cerca? Me hinque a lavar mis manos buscando algo que h

