Los días que vinieron después Aitor se mantuvo muy serio conmigo.
Hablaba solo para lo necesario pero se ponía peor cuando escuchaba los mensajes que me llegaban de Santi.
La esperanza estaba renaciendo en mí respecto a Aitor.
Por otra parte no había tenido más episodio de tricotilomanía y esto me hacía muy feliz aunque no quería cantar victoria todavía sin embargo no podía dejar de estar orgullosa de mí misma.
La meditación y ver videos de internet sobre el amor propio me habían hecho florecer poco a poco.
Es increíble lo que puede hacer la autoconfianza por una persona.
Las afirmaciones positivas...
Es como magia.
Tan maravilloso.
— ¿Puedes apagar el teléfono o quitarle el sonido? —el gruñido de parte de mi jefe me hizo dar un respingo sacándome de mis pensamientos y atrayendo mi atención a él.
—Lo siento, no lo había escuchado —susurré y pude ver lo avergonzado que él se volvió por haberme gritado de esa forma.
Le quité el sonido poniéndolo en vibrador y miré una vez más en su dirección.
—Yo lo lamento, he estado un poco tenso.
Las palabras de Santi se me vinieron a la cabeza de golpe, seducir pero no mostrarme como una seductora. No era sencillo de explicar pero le había entendido muy bien lo que quería decir.
—Lo comprendo, hay muchísimo trabajo —le dije yo asintiendo—. Pero podría hacerle un masaje, soy buenísima dándoslo.
Él me miró con verdadera sorpresa y puse todo de mí para no dejar escapar una risa de mis labios.
Ahora mismo estaba divirtiéndome.
—Alondra…
—De verdad —afirmé yo cortando cualquier cosa que fuera a salir de sus labios—. Después de que termine con usted, jefe, estará mucho mejor.
Sonreí fingiendo inocencia y él miró mis manos apretando su mandíbula luciendo tan sexy y atractivo como siempre que estaba tenso.
Él era tan perfecto.
— ¿Tan buena eres? —me preguntó él con voz ronca y algo se tensó dentro de mí.
A pesar del nerviosismo alcé la cabeza actuando como una mujer fatal antes de sonreírle con coquetería pero no demasiada.
—La mejor —afirmé y no tardé en ver un brillo salvaje en sus ojos que me gustó—. Entonces ¿Quieres el masaje?
Arqueé una ceja y su entrecejo se frunció levantándose abruptamente.
—Quizás luego —dijo antes de aclararse la garganta—. Tengo que salir un momento.
Agregó rápidamente pero no lo suficiente como para que yo viera lo que había querido ocultarme.
Aitor Escarrá, casi el rey del hielo se había excitado y yo creo que había sido la causante.
Mis mejillas se colorearon de un rojo más fuerte pero está vez no pude evitar sonreír no solo excitada sino también emocionada.
Ahora me daba cuenta que esto estaba valiendo la pena.
“Comienza a gustarme muchísimo este plan.”
Mensajeé a Santi y él no tardó en responderle pero yo no me molesté en mirar el teléfono porque sabía cuál había sido su respuesta.
Esta nueva yo sé sentía poderosa.
Y me encanta.
Es como si todo se estuviera alineando en mi vida.
*
— ¡Lo conseguimos! Nuestra nueva autora consiguió que su libro sea el más vendido —me dijo Aitor emocionado y está noticia me llenó de satisfacción.
La verdad es que habíamos trabajado muy duro durante estas semanas. Tenía la confianza de que está chica lo consiguiera y así lo había hecho.
Sorprendiéndome Aitor me hizo girar entre sus brazos y de repente supe que le había hecho muy feliz la noticia porque durante estas semanas había estado evitándome a toda costa y que me tocara deliveradamente me hacía latir el corazón con rapidez.
—Estoy muy feliz, sabía que se convertiría en mejor vendido.
Él me sonrió dejándome en el suelo sin embargo estuvimos frente a frente sin movernos ni poner distancia.
—Estoy orgulloso de ti, muchísimo —afirmó Aitor mientras nuestras pupilas se conectaban—. Eres muy buena en esto Ali.
Mi corazón saltó al escuchar una vez más mi apodo en sus labios que hacía tiempo no me lo decía.
—Me gusta… Lo que hago —aclaré aunque me moría de ganas por decirle quien en verdad me gustaba era él.
La sonrisa que me dio fue igual a la primera que me había mostrado al conocerme.
Pero había algo en sus ojos que me tenía paralizada.
—Siempre debes hacer lo que amas —asintió él y lo sentí tan cerca que contuve el aliento sin embargo dos segundos después se apartó de mí decepcionándome.
—Eso trato —susurré.
—Victoria está organizando una fiesta de celebración ¿Quieres… Venir? —preguntó dudoso y no supe qué responderle.
No me había esperado que él me hubiera invitado a la fiesta.
¿Debo aceptar de inmediato o decir que iría con Santiago para ponerlo cabreado?
Durante estas últimas semanas Santi me había invitado a su casa para irritar a Aitor y todas las veces él había tenido la misma reacción.
Sin embargo prefería acceder a ir sola porque esto se trata de algo de trabajo, no quiero que Aitor se moleste por llevar a otra persona… Incluso cuando esta persona es su sobrino.
—Me gustaría ir ¿Dónde será?
Pude ver el alivio en sus facciones lo que me hizo pensar si él había creído que yo no aceptaría.
—Saldremos todos de aquí juntos. Puedes venir conmigo —me dijo y yo de inmediato asentí aunque disimulé mi interés.
— ¿Irás a celebrar con nosotras? —me preguntó Beth en el descanso pero antes de que pudiera hablar lo hizo Kerr.
—Ella es menor de edad.
—Hace semanas cumplió los dieciocho años Kerr.
Ella me miró sorprendida y yo asentí.
—Me gustaría mucho ir.
—Pues bien, puedes venir en mi carro Ali —me invitó Beth y no estuve segura si contarle que nuestro jefe me llevaría pero no tenía otra explicación más que la única.
—El jefe me llevará —ante todo el mundo llamaba a Aitor «El jefe» para mantener las distancias aunque en privado él me había insistido para que lo llamara por su nombre. A veces no lo hacía y podía ver que esto lo cabreaba un poco.
Tanto Kerr como Beth abrieron sus ojos con sorpresa pero yo las corté inmediatamente para que no dijeran absolutamente nada.
—No es lo que están pensando. Solo está siendo amable.
Beth me miró con picardía sonriendo de la misma manera.
—Oh pequeña, estás entrando en un campo peligroso —advirtió ella sin embargo no quise escuchar.
—Debo ir a buscar un café para el jefe, adiós —solté apresuradamente antes de darle la espalda e irme corriendo del lugar.
Yo sabía que estaba entrando en un lugar sin salidas pero por primera vez en mi vida me quiero arriesgar y no escucharé a nadie que me diga que debo dar un paso atrás.