Capítulo XIX

1821 Words
Aitor estacionó frente a mi casa y fue en ese momento cuando ví que sus nudillos estaban lastimados entonces sin pensar demasiado tomé su mano para mirarla mejor. —Estás lastimado. Alcé la mirada hasta él viendo como se tensaba ante mi agarre como cada vez que pasaba cuando estábamos tan cerca o tocándonos. —No es nada —mintió enseguida pero yo negué con la cabeza. —Déjame limpiarte tus heridas, después de todo debo agradecerte por haberme defendido de ese hombre despreciable. »Entra a la casa —le dije—. Tengo un kit de primeros auxilios. Él se me quedó mirando poniéndome mucho más nerviosa pero accedió a entrar saliendo de su auto. Enseguida abrí la puerta sin ver a mi madre por ningún lado, debía estar durmiendo ya así que le dije que se sentara en la sala para buscar el kit y una vez más él lo hizo. ¡Dios mío, Aitor está en mi casa! Una sonrisa atontada cruzó por mi rostro pero la aparté a duras penas tratando de que él no notara nada. Con el corazón latiendo más rápido que nunca busqué el kit y regresé a donde estaba él arrodillándome justo frente a Aitor. Limpié sus heridas con alcohol mientras soplaba su piel sin embargo él no hacía ni siquiera una mueca de que le dolía. —Esta pomada evitará la infección. Alcé la vista hasta su cara mientras que nuestros ojos se encontraron de repente dándome cuenta de lo intensos que podían ser estos. Perdí el hilo de la conversación pero cuando él sonrió y habló me hizo volver al presente. —No creo que se me infecte —se burló él y yo me encogí en hombros fingiendo que estaba tranquila con su cuerpo imponente frente a mí así que temblorosa me levanté quedando frente a él y ahora era Aitor quien miraba hacia arriba para poder ver mi cara solo que sus orbes se detuvieron unos segundos en mis pechos y la mirada abrazadora que me envió puso a tartamudear mi corazón. Mis mejillas enrojecieron notablemente sin poder evitarlo. Sin embargo cuando alzó sus ojos a mí rostro parecía tan tenso. — ¿Quieres tomar algo...? No obstante antes de que acabara de preguntar él se levantó tan abruptamente que tuve que dar un paso atrás intimidada por su presencia. —Debo irme Alondra —dijo con la voz más ronca que había escuchado antes venir de él. Yo asentí decepcionada sin querer que se fuera pero me esforcé porque no lo notara. —Déjame acompañarte entonces a la puerta. Así lo hicimos. Caminamos en silencio hasta que salimos y cerré la puerta detrás de mí. Nerviosa pasé mi lengua por mi labios inferior antes de sonreírle con cierta timidez. —Yo... Te agradezco por lo que hiciste por mí. Intenté alejar a ese hombre pero él no se apartaba de mí. —Lo sé —dijo él lleno de convicción como si hubiera estado al pendiente de cada uno de mis movimientos aunque de repente no me parecía una idea tan descabellada. Después de todo él había llegado justo a tiempo para rescatarme. Lo extraño es que hubiera estado mirándome cuando desde el momento que llegamos había estado ignorándome sentado junto con Victoria. —Esto, buenas noches —le dije con cierta timidez antes de que me alzara en puntillas y pudiera poner mi boca sobre su mejilla rasposa—. Gracias una vez más. Añadí con cierta vergüenza dando un paso atrás y cuando estuve a punto de irme él me detuvo del brazo entonces antes de que pudiera imaginarlo él se inclinó para cubrir sus labios con los míos en un beso increíblemente intenso que puso a prueba mi racionalidad. Mi corazón casi estalla por las increíbles sensaciones que estaba causando en mí. Me sentía como gelatina entre sus dedos sin embargo el beso no duró mucho tiempo más pues él de repente se apartó de mí para clavar sus ojazos en los míos. En estos podía ver posesividad y una conexión inexplicable, no obstante la máscara de frialdad volvió a cubrir su rostro de inmediato ocasionando que mi corazón se detuviera aunque aún sintiera que el deseo bullía en el aire pero yo creía que era algo unilateral. Nunca imaginé que lo que pasaba realmente por su cabeza era que debía alejarse lo más pronto posible de mí o terminaría tomándome como un animal en el suelo de mi casa a expensas de que mi madre nos pillara. Ninguno de los dos dijo nada más. Aitor trazó con su dedo pulgar mi labio inferior antes de darse la vuelta e irse a su auto. Rápidamente encendió ese y tan pronto como pudo se perdió en la llanura de la noche mientras que mi corazón latía indomable en mi pecho y yo creía que iba a morir de amor. Me llevé una mano a mi pecho aún sin poder creerlo sintiendo como mi mano subía y bajaba con cada respiración. — ¿Estoy soñando? ¡Dios, no puedo estar soñando! Con una sonrisa tonta en mis labios entré a mi casa apoyándome en la puerta son dejar de reproducir el momento exacto en el que sus labios habían tocado los míos y entré en una especie de nirvana que no podía explicar. * — ¡¿Te besó?! ¡j***r, lo sabía! Yo lo mandé a hacer silencio completamente sonrojada por las miradas curiosas que los demás comenzaban a dirigirme. — ¿Y qué pasó después? —Se fue sin decirme nada y ahora estoy confundida, no sé cómo actuar frente a él hoy en el trabajo —le dije angustiada a Santi y él me sonrió. —Yo sí que sé lo que harás. »Mi tío espera que seas como las demás mujeres que lo siguen de arriba a abajo. Debes mostrarle que fue un buen beso, pero que no es el único que puede llegar a besarte así ¿Lo entiendes, dulce Ali? Después de que él se haga el tonto tu también lo harás hasta que él explote, entonces tú te harás la indiferente. ¿Lo tienes? —Lo que tengo son unos nervios horribles Santi. —Eso es completamente normal pero vas a superarlo —me dijo sonriendo y yo asentí. —Ali ¡Vamos a clase! —me llamó Adri y yo asentí en su dirección levantándome. —Me texteas —pidió Santiago y yo sonreí acercándome a Adri quien me miró con el ceño fruncido. —Estás reemplazándome por él —señaló mi mejor amiga celosa y yo enseguida negué con la cabeza. —Jamás haría eso Adri, mejores amigas por siempre ¿Recuerdas? Ella enseguida me sonrió y juntas entramos a la clase. * Aitor y yo comenzamos a trabajar como si nada hubiera pasado entre nosotros el viernes por la noche y este cada vez parecía más incómodo y frustrado. Hasta que al parecer no pudo aguantarlo más y me miró fijamente acelerando mi respiración. —Lo siento —soltó de repente haciéndome encoger. Parecía tan sincero que esto me hizo sentir mucho peor. ¿Que lo sentía? Eso quería decir que no le había gustado besarme y que se arrepentía por ello ¿Verdad? Yo me quedé completamente muda frente a él y Aitor se levantó para quedar frente a mí y mirarme a los ojos. —Lo más importante en este mundo para mí es Santiago, Ali —me dijo en un tono suave que erizó mi piel enseguida—. Sé que ustedes están juntos, sé que le gustas muchísimo y jamás quise hacerle daño besándote —soltó al fin mientras que mi respiración se hacía más pesada y estuve a punto de sonreír pero me contuve. — ¿Por qué lo hiciste? —pregunté en vez de reírme porque de verdad quería saberlo—. ¿Por qué me besaste? Me estaba muriendo porque me lo contara. No había podido ser un simple impulso ¿Verdad? Pero si me respondía eso estoy segura que mi corazón se pondría a temblar de inmediato. Él me miró con una profundidad absoluta mientras daba otro paso en mi dirección abarcando mi espacio personal. —Porque estaba muriéndome por hacerlo Ali —murmuró y pude ver la cruda verdad en sus pupilas marcada, tallada a fuego—. Porque no podía pensar en otra cosa que no fuera la calidez de tu boca, cómo se sentiría besarte... Me eché a temblar y sentí como el deseo llegaba a cada parte de mi ser haciéndome estremecer. ¡Oh por Dios! ¡¿Realmente está diciendo eso?! —Necesitaba tanto tu sabor en mis labios para apartar esa obsesión insana que tenía por probarlos... Pero adivina qué Ali. Lejos de saciarme con tu beso me dejaste mucho más hambriento de lo que estaba. Enseguida sentí como mis pezones se ponían duros debajo de mí sostén e inevitablemente salió por mi boca un susurro. —Santi y yo no estamos juntos —susurré al sentirlo tan cerca al mismo tiempo que escuchaba mi corazón bombear cada vez con más fuerza. Sus orbes me escanearon de arriba abajo famélico. —Sin embargo él siente algo por ti, no soy ciego... Mierda, cada hombre se perdería por ti Alondra, eres la niña más tentadora que he visto en mi vida y ese es otro problema. Eres una niña para mí. Yo negué con la cabeza tragando saliva. Sabía que la diferencia de nuestras edades supondría un problema para él sin embargo no podía ser un impedimento razonable. Habían demasiadas parejas en el mundo que tenían estás diferencia de edades, incluso aún más grandes. —Soy mayor de edad Aitor —afirmé con la vista fija en cada uno de sus movimientos hipnotizantes—. Tengo derecho a decidir lo que quiero y definitivamente lo que quiero eres tú —susurré finalmente como liberándome de una cadena muy pesada. Por un momento pensé que él se alejaría de mí, no obstante para mí sorpresa me tomó en brazos ocasionando que levantara mis piernas del suelo para poder darme un beso que me dejó completamente aturdida por todas las sensaciones que me causó. Era maravilloso. Adictivo. Pero sobretodo caliente. Colocó mi trasero sobre la superficie de su escritorio colándose entre mis piernas sin dejar de besarme de esta forma devastadora que me desarmaba. La pasión explotó entre nosotros como una granada arrasando con nuestra racionalidad y en menos de un segundo Aitor terminó deslizando su boca desde la mía hasta mi cuello lamiendo y chupando este como si quisiera marcarme y en secreto yo quería lo mismo. Estaba desesperada por sentirlo. Porque está sensación nunca terminara. Pero aún más porque Aitor no diera marcha atrás ahora que el fuego estaba encendido. Porque estoy completamente segura de lo que siento por él y no me alejaré por ningún motivo. A menos que no lo pueda evitar.
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD