Camino casi sonámbula por el pasillo de la universidad. Por primera vez soy consciente de cada músculo de mi cuerpo, todo por la sencilla razón de que me piden a gritos que me largue a casa y no salga de la cama hasta que hallan pasado 10 años de sueño. Maldigo mentalmente a Asmodeo por su insistencia de buscar el próximo objeto esta noche. Mi cerebro se encarga de hacerme saber que no podré aguantar más de unas pocas horas despierta, me llevo una mano a la boca para ahogar un bostezo que no tarda en convertirse en dos. Sigo caminando sin prestarle atención al pasillo abarrotado de estudiantes. No sé por qué razón tardo tanto en llegar a mi casillero. Vuelvo a bostezar y cierro los ojos con pereza justo cuando choco con un muro, caigo al suelo y mis libros se esparcen por todo el lugar.

