Me pongo en pie un poco confundida. Al parecer ya conocía a ese enorme lobo. Miro a Asmodeo, que me observa con cuidado como esperando algo. Dudo un segundo sobre qué hacer. ¿Sólo digo su nombre o tengo que sacrificar a un animal para que aparezca? Me decido por la primera opción. —Claurovorus —llamo con voz nerviosa e insegura. Un aire frío se levanta. La diferencia de temperatura se nota al instante. Me encojo en la camisa mangas largas que tengo puesta. Él resplandor del sol se oscurece y unas nubes negras salen de la nada, cubriendo la mayor parte del cielo. Una nube de polvo blanco se levanta y me obliga a cubrirme el rostro con las manos. Con los ojos entornados lo primero que logro ver son sus patas más grandes que mis manos, saliendo de la niebla con un caminar fuerte y decidid

