—¿Y esa expresión tan perdida? —Pregunta una voz masculina que me resulta levemente familiar. Me sobresalto por la repentina interrupción. Giro rápidamente haciendo que los libros que llevo en mis manos caigan al suelo. —Lo siento- se disculpa. —No pretendía asustarte. Me agacho al mismo tiempo que mi acompañante provocando un desafortunado choque entre mi cabeza y la suya. —¡Ay! —me quejo incorporándome y sobando mi frente para aliviar el dolor. —Lo siento —repite imitando mis gestos. Un poco molesta miro al idiota que acababa de chocar conmigo. Rápidamente lo reconozco como el chico de ayer en la mañana. El mismo que escuchó a Every decir que ya no era virgen. —Yo...mmm...también... —siento como la sangre caliente sube a mi rostro y me pongo roja al instante. Deja caer su mano y

