Escapada en yate

1473 Words
Me siento agotada cuando mis amigas me despiertan gritando feliz cumpleaños. Corren hasta la cama de Kate, donde dormí esa noche y se lanzan sobre mí, exprimiéndome en un fuerte abrazo grupal. Gruño por el esfuerzo que hago de no volver a tirarme en el colchón y dormir hasta el día siguiente. Estoy terriblemente segura que mis ojeras se notarán aunque las cubra con toneladas de maquillaje. Apenas las chicas dejan de apabullarme, convierten la habitación en un verdadero desastre en pocos minutos, pues se ponen a correr de un lado a otro, sacando vestidos y bañadores. —Eh, ¿se puede saber que sucede? —pregunto aún adormilada. —Nos saltaremos las clases —canturrea Maggi. La miro sin comprender. —¿El yate de mis padres? ¿Tres días en el mar Caribe? ¿No te suena? —dice Every. —Oh —murmuro al recordarlo. Por un momento me viene a la cabeza escenas de la noche anterior. Rápidamente me pongo de pie, algo sobresaltada. Caigo en cuenta de que no me han preguntado por lo que pasó en mi habitación. —Chicas, no me han interrogado sobre mi reto —comento, extrañada. —Ya nos lo has contado todo, ¿no te acuerdas? —informa Kate tomando un bañador rosa y metiéndolo en una mochila. —¿Lo hice? —pregunto, más para mí que para ellas. —Creo que aún estás dormida —se ríe Maggi sentándose a mi lado. —¿Cómo no contarnos tu cita con el chico más guapo de la uni? —¿Cita? —cuestiono totalmente incrédula. —Rose, ¿en serio que no te acuerdas? ¿Cuánto bebiste, mujer? Anoche saliste con Jason. Y lo besaste. Ese fue tu reto —me cuenta Maggi en voz baja. Flechazos de unos ojos rojos vienen a mi mente. Entonces sí fue un sueño. ¡Como se me ocurre, claro lo fue! Los demonios no existen. Ni tampoco salir ilesa de una caída de tres pisos. —Hora de los regalos —grita Kate antes de saltar sobre mí. . . . —Necesito un novio —se queja Maggi al ver al mozo del yate. El muchacho es guapísimo. Aparenta unos veinte años. Tiene pelo oscuro y ojos marrones, el uniforme blanco y n***o le queda como un guante, abrazando sus bien formados músculos. —Es gay, Maggi. No se fijará en ti —dice Every, bajándola de las nubes. Suelto una risita divertida al ver su mueca de decepción. —De todos modos, el capitán no está tan mal —comenta Kate. —Venga. Si parece tener como 37 años —me burlo. —Pero es guapo —se defiende ella. —¿Venimos a discutir los gustos de Kate o a disfrutar del yate? —pregunta Every. Asiento hacia mi amiga. —¿Qué tal si probamos las motos acuáticas? —sugiere el espíritu aventurero de Maggi. —Por eso te amo tanto —la abrazo. Nos pasamos el resto de la tarde haciendo carreras de motos acuáticas alrededor del yate, tratando de mojarnos unas a otras, evento que termina en un chapuzón colectivo. Al parecer este va a ser el mejor cumpleaños que he tenido. Simplemente con saltarse las clases ya es suficiente. En la noche, después de la cena, nos ponemos los pijamas y nos reunimos en el camarote principal para ver una maratón de películas. Toda la superficie visible del camarote está cubierta de suaves y pequeñas plumas, producto a la feroz guerra de almohadas que tuvimos hace una hora. Las palomitas preparadas por Fernando, el mozo, son deliciosas. Al final, y con mucho esfuerzo para ponernos de acuerdo, elegimos "El Conjuro", que ya había visto, pero accedí con tal de acabar la disputa. Después de la tercera película decidimos irnos a dormir ya que era muy tarde y mañana promete ser otro día interesante. Luego de "establecer las parejas", término usado por Kate y que nos provoca una oleada de carcajadas, nos dividimos los dos camarotes principales. ..... Horas después me despierto y miro a mi alrededor, extrañada. No sé como, pero estoy parada al frente de un espejo, medio dormida y con la vista un poco nublada. Las paredes están enchapadas en color crema. Una bañera descansa a mi izquierda y junto a ella el váter a juego. Este lugar me resultaba familiar, luego caigo en que es el baño del yate. En el lavamanos descansa un reloj. Su tic-tac me aturde, ese sonido hace eco en mi cabeza. —3:30 am —musito. Justo al decir esto un aire frío sopla delicadamente en el cuarto de baño, haciendo que mi piel se ponga de gallina. Miro a mi alrededor buscando qué lo ocasionó, pero no doy con el lugar de su procedencia, ya que no habían ventanas más allá de un pequeño portillo circular. Regreso la mirada al lavamanos y me quedo quieta. Ahora a cada lado del reloj hay un condón con sangre y una foto. Entrecierro los ojos hacia los objetos antes de darme cuenta que estos me pertenecen. ¿Estoy en otra pesadilla? Creo que me hizo mal ver las películas de terror. Aprieto los ojos para despertarme, pero lo único que consigo es seguir escuchando el horrible sonido del reloj. Doy media vuelta y me dirijo a la puerta, tratando de abrirla. Esta se resiste y el pánico comienza a apoderarse de mí. Me giro con miedo y le rezo a Dios porque sólo sea una pesadilla en la que me he quedado encerrada. La luz comienza a parpadear. El yate se mueve bruscamente a los lados haciéndome tambalear. Cada vez se vuelve peor hasta el punto que caigo de bruces contra la bañera, dándome un fuerte golpe que desencadena una lluvia de puntos negros en mi visión, pero la adrenalina no me permite desmayarme. Me toco la cabeza y mis dedos están bañados en sangre. Maldigo en voz baja e intento levantarme suavemente. El ruido de ese estúpido reloj hace que aumente mi dolor y desee haberme quedado inconsciente. Las luces se apagan completamente y el miedo hiela mis huesos. Mi mirada se dirige al espejo y allí hay reflejados un par de ojos como llamas. Retrocedo un paso y puedo apreciar como una sombra se va desprendiendo de él. Unos segundos después, a pocos centímetros de mí, aparece una figura terriblemente alta e imponente. Camino de espaldas hasta que choco con la puerta. Para mi gran terror, la sombra me sigue, sólo manteniendo entre nosotros un paso. Acerca mucho su rostro al mío. Tanto que casi se pueden tocar nuestros labios. —Me tienes miedo. Puedo sentirlo —me susurra con esa hermosa voz suya. Yo cierro los ojos con fuerza. No quiero ver lo que va a suceder. —Solo quiero proponerte un trato. No tienes por qué tener miedo. —Si vas a matarme, no juegues conmigo —le suplico con la voz más firme que logro emitir. —¿Yo?¿Matarte? —se burla, y noto que el sonido de su risa es mucho más hermosa que su voz. Oh, mierda. El golpe en la cabeza me está haciendo pensar cosas extrañas. —¿Para qué estas aquí si no? —le acuso. — Esto debe ser una pesadilla —aún no abro los ojos. —Lamento desilucionarte, pero no lo es. Y no voy a matarte. A no ser que no quieras hacer el trato conmigo —sigue hablando con diversión. —¿Cómo llegaste aquí? ¿Qué quieres? —pregunto, perdiendo los nervios. —Quiero que seas mía —dice simplemente, ignorando mi primera pregunta. Abro los ojos al instante. La sombra sigue pegada a mí. —N...no pienso tener ralaciones contigo —le informo. —Prefiero morir antes que hacerlo. Ahora sus carcajadas son fuertes. Me da un poco de espacio y puedo respirar de nuevo. —¿Desde cuándo yo soy un violador? —dice entre risas. —¿Cómo? —pregunto sin comprender. Esta vez avanza con rapidez sobrehumana. Pone ambas manos a cada lado de mi cabeza, acorralándome contra la puerta. Con una lentitud extrema, comienza a recorrer mi cuello con la nariz, haciéndome estremecer. —Escucha —murmura contra mi piel, su aliento rozando mi oreja —, no es ese sentido de mía. Me refiero a que tendrás que hacer lo que yo te diga —se separa de mí para mirarme a los ojos. —Tú a cambio, tendrás control sobre mí, ¿entiendes? Te devolveré todo lo que te han robado. Volverás a ser la mejor —me dice totalmente serio. Lo miro desconcertada. Sus ojos brillan ahora más que antes. Tomo una respiración profunda y trago saliva. Mi cerebro trata de comprender sus palabras, pero me quedo totalmente en blanco. Joder, no entiendo ni mierda.
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD