Fruncí el ceño. —Tengo que hacerlo. Esas chicas me necesitan—. —Necesitan una Kilua del ejército, no una chica inocente como tú. No necesitas rodearte de todo eso: muerte y lucha—. Él frunció el ceño. Suspiré, entendiendo su frustración. —Tengo que hacerlo, papá. Conozco el camino, más o menos, y prometí ayudar a esas chicas a salir de allí. Soy más fuerte de lo que parezco, soy un linaje original. Puedo ayudar a la gente, papá. Y Phoenix ganó—. No dejes que me pase nada.— Su ceño no flaqueó pero se reclinó en la silla. —Él te mantendría a salvo marcándote, pero no lo ha hecho—. —No lo ha hecho porque el vínculo de pareja podría debilitarme y hacerme caer en un sueño profundo—. Resoplé. —Y está el hecho de que habría tenido que luchar a muerte por mi lugar—. Mamá jadeó. —Tu no debes.—

