03 de Junio de 2019.
Cada vez que camino por las calles de Los Ángeles me sorprendo con lo caótico que es como si fuese la primera vez. Las calles, largas, amplias y aparentemente interminables están abarrotadas de personas que solo se preocupan en sí mismos. O al menos eso es lo que yo hago. Los Ángeles es como Nueva York pero con menos rascacielos y más palmeras, menos neblina y más sol. Igual de bulliciosa pero menos deprimente. En Nueva York las personas son quienes son, en Los Ángeles todos aspiran a ser alguien más. O al menos eso lo que yo hago.
Tan pronto culminé la Universidad me mudé a esta ciudad, la ciudad de ángeles. Estaba dispuesta a ser la mejor escritora y para ello no podía quedarme anclada en mi ciudad natal, tenía que venir a la ciudad donde los sueños se hacen realidad. Y aquí estoy, seis años después mi nombre encabeza la lista de los autores jóvenes más vendidos, y soy, de lejos, la escritora más famosa de América.
Apenas cruzo en la calle veo a Shonda, mi editora. Está sentada en una de las mesas de Beti’s, café donde ella misma me citó. Mientras camino, la falda de mi vestido se agita, es un Carolina Herrera blanco con estampados abstractos en azul y rojo, muy veraniego. Cuando me detengo frente a la mesa donde está sentada, ruedo la otra silla para yo también tomar asiento. Coloco mi bolso sobre mis piernas y saco mi gel antibacterial para rociar mis manos.
—Aquí estoy— Digo mientras froto mis manos.
—Media hora después— Acota. Siento algo de recriminación pero no me interesa. Ha sido su idea citarme aquí, al otro extremo de la ciudad. De hecho…
—Espero que sea algo importante— Le digo —Detesto venir al lado Este de la ciudad. Es… ruidoso— Congestionado. Solo basta mirar el lugar para darse cuenta. Todas, absolutamente todas las mesas del local que están sobre la acera están llenas.
—Te cité aquí porque estoy más cerca de la editorial y lo he hecho de forma extraoficial porque…— Se detiene y niega con frustración —Da igual. Lo que te voy a decir te llegará por escrito, pero quiero que estés al tanto antes— Me advierte.
Yo hago una mueca confundida. Cuando me llamó ayer, Shonda me dijo que tenía algo bueno que decirme ¿por qué demonios ahora me advierte como que si fuese algo malo?
—¿Qué es exactamente eso que me tienes que decir?— Digo confundida. Retiro mis lentes de sol y los coloco sobre mi cabeza como una diadema —¿Es bueno o malo?
—Un poco ambos.
—Pues bien…— Hago un gesto de que diga. No tengo ni el tiempo ni las ganas de estar en un café abarrotado de gente en plena calle.
Antes de que Shonda pueda decir algo una mesera se acerca a despachar una orden: un café grande y un batido verde.
—Me tomé el atrevimiento de ordenar de una vez. Sé que solo bebes tu batido verde después de las ocho de la mañana y antes de las doce— Muy bien, Shonda. Bravo. Sonrío con gratitud y tomo un sorbo de la bebida. Ella prosigue: —La buena noticia es que ‘Rosie y la noche de la despedida’ será impresa en su séptima edición la próxima semana— Ella asiente mientras yo sonrío ampliamente, es todo un hito alcanzar la séptima edición de un libro en especial en estos tiempos donde la digitalización de los libros está a la orden del día.
—Eso es genial— Comento en vista de que Shonda trae cara de velorio.
—Lo es, por supuesto— Aclara su garganta —Pero la editorial lo está haciendo como un intento desesperado por seguir generando dinero de tu trabajo. Verás, Pauline, tu primer libro salió a la venta en abril de dos mil catorce, el segundo salió en septiembre de dos mil quince, de eso ya han pasado casi cuatro años.
—Lo bueno se hace esperar.
—Pero casi cuatro años es mucho. En Midlentton…— la editorial —…están cansados de esperar por esa tercera entrega y temen que los lectores también.
—¡Pero está casi listo!— Exclamo.
—Casi listo no nos sirve. Tiene que ser listo, a secas. Lo cierto es que quieren el libro en un plazo de tres meses, completo, con un final feliz o se verán obligados a deshacer el contrato.
—¡¿Qué?! Y ¡¿qué?!— Exclamo.
Muevo mi mano frente a mi rostro, no sé si es el enojo o el sol de casi mediodía pero el calor se está esparciendo por mi rostro y lo menos que quiero es que el sudor empiece a hacer de las suyas. Cierro mis ojos, tomo una bocanada de aire y vuelvo a recuperar la compostura.
—¿Cómo que terminar el contrato? ¿Y por qué tiene que ser un final feliz?— Chillo.
—El contrato estipula que estás comprometida a subir un libro anual, han sido demasiado condescendientes contigo al esperar tanto tiempo.
—Lo han hecho porque les genero grandes ganancias.
—Pues date una idea de lo cansados que están de esperar que están barajando la posibilidad de dejarte ir— Shonda es quien se muestra alterada ahora. Pero me temo que no tengo argumentos para llevar la contraria. Así que frunzo mis labios, cruzo mis brazos y de manera directa le digo:
—Y lo del final feliz ¿por qué?
—¿De verdad Pauline?— Dice como si la respuesta fuese muy obvia —Tus lectores han esperado casi cuatro años por ese final ¿crees que han esperado tanto para obtener un final triste?
—Apuesto que George R. R. Martin no acabará la saga de Juego de Tronos con un ‘colorón colorado, este cuento se ha acabado’ y nadie le dirá nada.
—Oh, Pauline— Exclama Shonda poniendo sus ojos en blanco —No hay punto de comparación entre tus lectores y los de…— Niega, derrotada. Une sus manos hacia el frente y en un tono más bajo dice: —Necesitas finalizar el libro, en estos tres meses. Sabes que fui yo quien llevo tu manuscrito a Patricia, incluso cuando ella se mostró reacia a darle el visto bueno. No quiero que piense que tiene razón— Dice por lo bajo.
—Espera ¿a qué te refieres con tener la razón?
—Patricia dice que…— Toma una bocanada de aire y prosigue —Nunca tuviste talento realmente, solo suerte de principiante.
La Editorial Middleton es una de las más reconocidas del país. Tiene un alto prestigio porque a diferencia de muchas otras, no se guía por la cantidad que puedan vender sino por la calidad que ofrecen sus textos. Cuando escribí Rosie y el sentimiento inútil, mi primer libro, Patricia –la Directora Ejecutiva- se rehusaba a ofrecerme un contrato temiendo que mi imagen pública, es decir, mi presencia en r************* , empañase la imagen de la editorial y la hiciese ver más mainstream. Pero Shonda, cautivada por mi escritora la convenció de que Rosie ofrecería ambas cosas: calidad y cantidad. Así que Patricia cedió y firmé contrato con ellos. Rosie y el sentimiento inútil vendió trescientas mil copias solo en su primer mes y gané el Premio Young Author.
—¿Suerte de principiante? ¡¿Suerte de principiante?!— Repito perpleja ¿qué se cree esa fulana Patricia? Mis dos libros juntos probablemente han vendido más ejemplares que el resto de los libros que la editorial ha publicado ¡¿y se atreve a llamarme principiante con suerte?! —Dile a tu querida y adorada jefa que no soy ninguna novata con suerte, que mi nuevo libro va a ser incluso mejor que los dos primeros y que va a vender más copias que cualquier otra. Si no es así…— Cállate, Pauline. No te precipites tampoco —…Yo misma buscaré anular contrato— Suelto sin tapujos. No puedo controlarme cuando tengo el ego herido.
Shonda asiente aunque su expresión es bastante hostil, no está contenta con mi decisión pero tampoco dice nada. Se mantiene en silencio procesando mis palabras, supongo. Finalmente habla:
—Muy bien. Pero si publicas el libro en el plazo fijado y cumples todo lo que has dicho, yo misma buscaré extender tu contrato por cinco años más y aumentar tus ganancias por ventas. Te doy mi palabra.
Extiende su mano hacia mí y yo, la tomo para estrecharla con la mía. Trato hecho. Vuelvo a sacar de mi cartera mi recipiente con gel antibacterial, limpio mis manos. Nada personal hacia Shonda. Es simplemente una pequeña costumbre que he adquirido. Dejo el batido donde mismo se encuentra, le han endulzado y yo solo lo tomo con fructuosa. O simple. Aclaro mi garganta y me pongo de pie.
—Hasta luego, Shonda. Nos vemos en tres meses.
—Hasta luego, Pauline. Espero que así sea.
Me coloco nuevamente mis lentes de sol y empiezo a caminar a lo largo de la acera. Tres meses. Necesito terminar la mitad de mi libro, y pensar en un final en tres meses. Un final feliz, además. Algo que he estado intentado por lo menos los últimos tres años. En qué me he metido. Por más que pienso, por más que trato de concebir una buena idea no puedo. Estoy atascada. Oh, no ¿y si Patricia tiene razón? ¿Si nunca he sido buena? ¿Si solo tuve una gran idea y ya? Nunca más pensaré en algo decente. Sacudo mi cabeza repetidas veces. No, nada de eso. Yo soy Pauline Hunter, yo derrocho talento. Repito mentalmente mi mantra de todas las mañanas.
Extiendo mi mano para hacer que un taxi se detenga. Un auto amarillo se estaciona frente a mí enseguida.
—Cielo Drive, trece diecinueve— Le indico cuando subo.
Necesito alejarme de esto, necesito dejar Los Ángeles atrás y buscar nuevos horizontes para poder conseguir mi inspiración. Un paraíso terrenal, lejos de aquí muy lejos... Un lugar donde expandir mi creatividad.