Capítulo 03

1602 Words
Tan pronto llego a casa, me percato que Eliot también ha llegado. Lo sé porque las luces de la sala están encendidas y sus llaves están sobre la mesa del centro. Dejo mis zapatos en el estante junto a la puerta, donde también están los suyos y sigo caminando. Tomo las llaves y las dejo en la bandeja color bronce que está sobre la chimenea, como siempre. Es allí donde tienen que estar pero no hay forma de que lo comprenda. Hay un silencio abrumador en todo el lugar. No hay rastros de él ni en la sala, ni en el salón de descanso, ni mucho menos en la cocina. Así que me voy escaleras arriba, camino directamente a su estudio. Toco la puerta y la abro. Lo veo sentado en el borde del escritorio de roble, está hablando por teléfono. Asiente suavemente mientras escucha a la persona que está al otro lado. —Sí, hermano. No hay ningún problema. Mañana hablaré con los inversores y les diré que el proyecto no prosigue. Está bien— Sonríe —¿Cuándo empiezas a trabajar en lo de Santorini?— Hace una pausa—Por supuesto— Hace otra pausa —Adiós. Tan pronto como cuelga la llamada suelta un grito de exasperación y avienta el celular tan fuerte como puede. Veo que rebota contra la alfombra y doy gracias al cielo que no se ha partido la pantalla o al menos no sufre ningún daño visible a la distancia que me encuentro. El Eliot amable se ha fugado en cuestión de un segundo. Está enojado, no tengo que ser clarividente para darme cuenta de ello. Está bufando del coraje y sus mejillas se han tornado rojas, casi tan rojas como mi labial. Su enojo tiene nombre y apellido: Colin Onassis. —Amor, ¿qué te ha hecho ahora tu hermano?— Camino lentamente hacia él, con precaución. Me detengo al frente suyo y busco hacer contacto con su mirada. Él primero fija la vista en el suelo pero luego me ve a mí. —¿Recuerdas el proyecto que comenté del banco PerCapitol? ¿Qué querían abrir una sede en Canadá y nosotros seríamos la empresa encargada del diseño y construcción?— Yo asiento. Había hablado de eso al menos los últimos tres meses —Me ha dicho que no ¡Que no!— Grita frustrado —Según él, no vale la pena porque eliminando los costos de logística, las ganancias no son tan altas. Yo acaricio sus mejillas con mis manos, en busca de que se tranquilice. Detesto a Colin, él siempre saca a relucir lo peor de Eliot. Eliot es el chico más dulce y atento que he conocido en mi vida pero tan pronto tiene un percance con su hermano, se transforma en… esto. Un manojo de rabietas que se esconde detrás de su rostro de chico bueno. —Hey, Eliot…— Él me mira —No vale la pena que te pongas de esta forma, Colin tiene celos de que tu muestres mejor liderazgo. —Mientras tanto me hace la vida imposible. No entiendo por qué mi papá le dejó más acciones a él que a nosotros —¡¿Qué hay de tu otro hermano?! Eh, ¿Jim? —Joe… —¡Joe! ¡Él! Si consigues que te respalde… —Eso no va a suceder— Dice enseguida, desplomando mi no tan brillante idea —Joseph, tiene voz pero no voto. Él accedió mantener las acciones sin tener que vincularse en las decisiones de la empresa. Eliot me mira con una expresión de cachorro malherido, me parte el alma verle así. Me toma de la mano haciendo que nuestra distancia se acorte y pasa su otra mano por mi cintura. Une su frente a la mía y respira un par de veces para desacelerar su pulso. —Ya no estés molesto… —Perdóname, perdona que tengas que lidiar con mi mal carácter— Me susurra. —No tienes nada que disculpar— Le doy un beso en la mejilla. Él se pone de pie y camina hasta su asiento, al otro lado del escritorio, yo tomo asiento en la silla de cuero caoba que está en este extremo. —Mejor dime cómo te fue, qué era eso que quería tu editora. —Nada importante— Pongo los ojos en blanco —Solo quería informarme que mi libro saldrá en una séptima edición— Prefiero ahorrarme lo demás. Él tiene su propio problema. No necesita escuchar el mío. —¿Y por eso te citó? ¿Solo para decirte eso? —Ya ves, Shonda es súper exagerada. Apoyo mis pies en la alfombra, la textura de la lana es casi relajante. Recuerdo entonces que hace unos segundos Eliot tiró su teléfono contra el suelo y me inclino para tomarlo. Enciendo la pantalla para percatarme que está bien. Al menos prende sin ningún inconveniente. Se lo devuelvo. —¿Te parece si vamos a comer? No he almorzado y tampoco pienso volver a la empresa, no tengo paciencia para hacerlo… —¡Por mí sería perfecto!— Exclamo y casi doy unas palmaditas en el aire. Me pongo de pie en un segundo y camino hasta la puerta seguida de Eliot, bajo por las escaleras, camino hasta el umbral de la entrada y tomo mi calzado. Eliot hace lo propio. —¿A dónde quieres ir? —Louisa me habló de un nuevo restaurante de sushi en Hollywood Boulevard, podríamos ir— Le digo mientras nos dirigimos al garaje —Podría escribirle para que me envíe la dirección exacta. Eliot asiente y yo procedo a hacer lo que me ha dicho, en cuestión de un minuto, Louisa me envía lo que necesito. El viaje en auto se hace eterno, son poco más de las doce. Solo deseo que el restaurante no esté tan abarrotado de gente. Cuando llegamos nos recibe uno de los meseros, nos indica una mesa en un lugar bastante reservado. Me gusta el lugar, es como muy espacioso pero a la vez es íntimo por lo que a pesar de haber muchas personas no se siente tan abrumador. —No está mal el lugar— Me apunta Eliot. —Yo siempre confío en Louisa, tiene como un don para reconocer buenos restaurantes. Después de inspeccionar el menú y ordenar, saco mi inseparable gel. Rocío mis manos y lo extiendo hacia Eliot para aplicar en sus manos también. Él pone los ojos en blanco pero a regañadientes recibe el líquido transparente en sus manos. Eliot dice que soy una exagerada y que mi inclinación hacia la limpieza y la pulcritud acabarán fuera de mi control. Pero la verdad es que cada vez que pienso cuantas manos habrán tocado lo mismo que yo toco, casi me dan nauseas. Solo Dios sabe cuántos germenes hay allí. —Si tan solo Joe tuviese la delicadeza de acceder a intervenir en los asuntos de la empresa…— Espeta después de unos segundos. Pensé que el tema Colin había quedado en el olvido pero ya veo que no es así. —¿Y por qué Joe no se inmiscuye en la empresa? —Le da completamente igual. Él tiene sus propios negocios. Él tiene su propio… imperio. ¿Ha dicho imperio? Vaya. De repente siento más curiosidad por este… Joe. —¿Dónde es que vive tu hermano? —Miconos. Santo cielo, el paraíso en esta tierra. Miconos, Grecia. Todo tan blanco, todo tan azul, todo tan impoluto. Justo lo que yo necesito para que mi mente empiece a fabricar ideas productivas para mi libro. De repente, creo que la mejor idea que he tenido en mucho tiempo, se dispara a través de mis pensamientos. —¿Y si vamos a Miconos?— Suelto sin más. —Ya te he dicho que Joe no tiene voto… —Has dicho que no le interesa la empresa también— Le interrumpo —Si lo convences de que te venda sus acciones, tendrías más que Colin. Tú, Eliot Onassis, pasarías a ser el accionista mayoritario de Onassis Architecture— Digo esbozando una sonrisa triunfante. Él no dice nada, se queda pensativo. Ruego al cielo haber logrado convencerlo. Si accede, nos iríamos quien sabe por cuánto tiempo al paradisíaco imperio de su hermano, lejos de la muchedumbre y yo obtendría lo que deseo. Paz mental y lluvias de ideas. —De hecho había pensado ir hasta Atenas a plantarle cara a Colin pero lo que me dices tiene mucho sentido. Solo es cuestión de convencer a Joe y para ello podrías ayudarme— Él también sonríe. Nos estamos entendiendo. —¿Es un sí?— Digo sonriendo de oreja a oreja. —En teoría, sí. Solo tendría que hablar con mi hermano y si no tiene ningún inconveniente en recibirnos, no veo ningún problema. Yo uno mis manos en un gesto triunfante. Miconos, allá vamos. Ya me puedo ver caminando por sus empinadas calles, con él sol rebosante sobre mi piel, con el olor a flores exóticas por doquier, a la orilla de la playa escribiendo, dejando que las ideas fluyan. Los Ángeles es un detonante emocional para cualquiera y yo ahora mismo necesito un calmante y eso será Miconos. —No puedo esperar para contarle a Louisa. Morirá de la envidia cuando le diga que nos vamos a Miconos. Eliot sonríe y niega con la cabeza. Entiendo que él no esté tan emocionado como yo, tal vez podría extrañarse de mi efusiva reacción pero detrás de sus planes, está mi verdadero plan y no puedo creer que todo me haya resultado tan fácil.
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