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3193 Words
Marinette La cara de Lila era todo un cuadro. Y sí, debería estar aterrada, sobre todo por la expresión de Alya y ni hablar de la de Lila, pero lo cierto era que mi reacción al verla con toda su ropa llena de estiércol fue soltar una fuerte carcajada.   Podía sentir la mirada fulminante de Lila sobre mí y en lugar de acallarme consiguió que mis risotadas aumentasen. No solo Lila era lo más gracioso, sino que la cara de desconcierto de Chat Noir era todavía mejor.    —¿Qué te hace tanta gracia?—gritó furiosa, mirándome primero a mí y después a Chat, como si de alguna forma buscase consuelo en él.    —¿Cuánto tiempo hace que no lavas la ropa?—pregunté con un tono burlón—no es por entrometerme, pero... creo que está un poquito sucia.   Sus ojos verduzcos me fulminaron con la mirada. Su mandíbula estaba tensa y sus manos se ceñían con fuerza sobre su ropa.    —¡E- Esa golfa me la ha jugado!—exclamó Lila señalando a Alya—Ella era la encargada de lavar la ropa, y está claro que ha hecho de todo menos su trabajo.    —¡Ese trabajo es de todas!—se defendió Alya—.Y ya estoy cansada de que me dejéis el trabajo sucio a mí.   La idea de tirar la ropa de Lila al fango fue mía, y sin embargo Alya no decía nada delante de ambos.   —Mis obligaciones está en otra parte—contraatacó Lila—y tu trabajo está en la cocina y en las espuertas.    —¿Qué obligaciones son? ¿Revolcarte con todos los hombres de Miraculous?—espetó Alya con desprecio.    —¡Cerrad el pico de una puta vez!—intervino Chat Noir y por su expresión, había perdido toda la paciencia. Se frotó la frente con gesto cansado y después suspiró—¿Es cierto qué tiraste su ropa a la mierda?—preguntó mirando a Alya con seriedad.   Oh no, conocía esa expresión, tan seria y neutra significaba algo malo.    —Pues... bueno...—titubeó Alya agachando la mirada. Se notaba que sentía un fuerte respeto por ese cretino, en realidad toda la banda temía a su mezquino jefe—sí que lo hice pero...   —Fui yo—interrumpí de golpe—.Fue mi idea tirar la ropa a la basura...  La mirada de Chat se plasmó en mí y la de Lila también.   Sostuve la mirada de la bruja número uno y cerré mis manos en puños. No iba a dejarme intimidar, y lo que le había ocurrido con su ropa, no tenía comparación con lo ocurrido en el arroyo.    —¡Y lo hice para cobrarme lo que me hiciste tú y las dos arpías que te acompañaban!—exclamé furiosa. No era justo que fuese ella la que se las diese de víctima después de que había sido ella la que casi me mata por una hipotermia.    —¡¿Perdona?!—Lila se acercó a mí amenazante y se quedó a apenas unos centímetros de mí. Ella era claramente más alta que yo, para ser exactos media cabeza, pero a pesar de la altura no pensaba sentirme pequeña—¿Quién te crees tú para exigir nada? ¡Tú aquí lo único que eres es un bicho que no durará ni un mes aquí. Porque eso es lo que hacen las bestias con una mosquita muerta como tú.    —Entonces no necesitas lavar la ropa porque una bestia no es nada sofisticada—solté, y no pude evitar sonreír con suficiencia.   Estaba tan orgullosa de mí misma por haberle hecho frente, que no me di cuenta de que Lila echaba humo por las orejas y levantaba una mano para agarrarme de los pelos.   Justo antes de que me tocase un solo pelo Chat Noir se puso entre las dos y le agarró la mano a la loca que estaba a punta de abalanzarse hacia mí.    —A ver que haces con esa mano—. Dijo Chat Noir con un tono de voz serio. Después se giró hacia mí y me fulminó con la mirada—y tú, ¿Querías ser útil, verdad? Pues ya tienes trabajo. Quiero que laves toda esa ropa.   —¡¿Qué?! ¡Pero no es justo!—refunfuñé molesta. Era cierto que quería hacer cosas por mí misma, pero no lavar la ropa de esa mujer precisamente, cuando se me ocurrió la brillante idea de echarla al estiércol de los caballos no era para limpiarla.    —Eso haberlo pensado antes de hacer tonterías, bichito—dijo, con una media sonrisa en su boca. Volvió a prestar atención a Lila y le hizo un gesto de cabeza para que lo siguiese. Ella gustosa lo hizo como un perrito faldero, me lazó toda la ropa a la cara y se metió en la cabaña de Chat.   No había derecho. La vida no era justa ¿Por qué tenía que hacer yo el trabajo sucio? Ahora, mientras que yo quitaba los excrementos de los cabellos, Lila estaría haciendo dios sabe que cosas con Chat Noir.   Eso me molestaba. No quería ni imaginarme lo que ocurriría ahí dentro.   Me fijé que Chat le decía algo en a un tipo bajito, este último me miró y pronto se dirigió hacia mí.   Aquella iba a ser un día muy largo...   ○○○ Marinette Ahora comprendía el trabajo de los agricultores que recolectaban en los terreros de papá. Trabajar bajo el sol era agotador. Me sentía como una pocilga: mis manos estaban manchadas de la suciedad reseca de los vestidos de Lila, por no mencionar que tenía la sensación de que el mal olor de la ropa se me había pegado. Me sequé con la manga del vestido el sudor de la frente y solté un suspiro de cansancio.   Miré de reojo al tipo que Chat Noir había mandado vigilarme y no pude evitar maldecirme internamente. Odiaba que la gente estuviese pendiente de todo lo que hacía. Tiré de mala gana el último vestido de Lila sobre un barreño de madera y me recosté sobre la pequeña tinaja de piedra.   Estaba completamente agotada y adolorida de la espalda. Después de estar horas frotando de rodillas hasta que toda la suciedad abandonase la tela de los vestidos.   Maldito Chat Noir... Lo maldigo mil veces.  Un suave tirón de mi vestido captó mi atención. Miré confundida a mi alrededor y pronto vi a una pequeña de brillantes ojos avellana que me miraba expectante.    —Hola—me dijo la niña.   Mi mirada se suavizó y no pude evitar sonreírle amablemente.    —Hola pequeña—saludé agachándome levemente. Por fin veía a un ser humano que no despertaba en mí ningún instinto asesino—¿Cómo te llamas?    —Manon—me respondió ella mirándome con una expresión seria.    —Que nombre más bonito—alagué—el mío es Marinette.    —El tuyo también es muy bonito—aseguró.   Me fijé que sujetaba un libro entre sus manos y se aferraba a él con fuerza.   —Vaya, ¿Qué tienes ahí?—pregunté.   —Es un cuento—explicó mientras lo miraba como si fuese el tesoro más valioso del mundo—.Mi papá lo ha robado para mí.   «Oh, vaya. Qué gran ejemplo»    —Que... bien...—dije sonriendo falsamente—¿Me lo enseñas?   La niña se sentó en la hierva y abrió el libro. Yo me acomodé el vestido y me senté junto a ella prestando especial atención al contenido.    —Me gustan los dibujos—dijo.—Son muy bonitos.    —Es verdad, esa sirena que aparece en tu libro es muy guapa—dije mirando las escenas con detenimiento.   Pasar el tiempo con un alma inocente era lo que necesitaba para apartarme de tanta agresividad y crudeza que desprendía Chat Noir .    —Lo que no entiendo es que son esas cosas tan raras que aparecen aquí—señaló las letras e inevitablemente me empecé a reír por la forma en la que había llamado a las letras.   Era obvio que un m*****o de la banda no enseñase a su hija a leer, aunque por el contrario sí que le robaba un libro ¿Qué irónico, no?    —Esos símbolos se llaman letras y te dice lo que está pasando con los dibujos—expliqué.—¿Me lo dejas?   La niña dudó un momento, pero finalmente acabó cediendo y me tendió el  cuento.    —¿Quieres que te lo lea?—pregunté.    —¿Leer?—inquirió la pequeña confundida.    —Sí, contarte lo que dice el cuento—dije.    —¿Y tú sabes hacer eso?—preguntó.   Asentí con la cabeza y fui a la primera página del libro.    —Había una vez una preciosa sirena que vivía en las profundidades del océano con el resto de su grupo y sus amigos los animales acuáticos—comencé a leer. Ella me miraba con los ojos muy abiertos, como si estuviese viendo el mayor espectáculo de su vida—tenía una voz muy bonita y era la más joven de todas—pasé la página y proseguí—Un día la pequeña sirena fue capturada por unos seres muy extraños que no tenían aletas como ella, sino dos largas piernas con las que podían andar por tierra.—Sentí como su cabecita se apoyaba sobre mis piernas—.Estaba horrorizada y lo único que deseaba era volver a encontrarse con sus amigas, pero entonces uno de esos humanos entró a su celda. Era muy guapo, rubio y de expresivos ojos verdes—. Al leer aquello, su mente se desplazó inevitablemente hacia Chat Noir. El protagonista se parecía mucho a él—nada más verlo, la sirenita quedó prendada de su belleza. Nunca había visto a un humano como él, especialmente con esos ojos tan brillantes.    —Cuando sea mayor yo quiero a ese chico—dijo la niña.   Sonreí.    —Estoy segura de que lo encontrarás—aseguré—mis ojos volvieron a plasmarse sobre el papel, pero entonces una voz nos sobresaltó a las dos.    —¡¡Manon!!—gritó una mujer que se acercaba a ellas amenazante—¡¿Qué demonios haces ahí?!    —¡Mamá me está leyendo un cuento!—exclamó la niña emocionada. Sin embargo, yo tenía la sensación de que esa mujer no me iba a agradecer el estar cuidando a su hija.   Agarró a la niña del brazo y bruscamente la levantó del suelo.    —¡Te dije que te fueses a casa!—gritó enfadada—¡Y no quiero que andes con gente como esta!   «Golpe bajo»   Ahora hasta los niños sentirían asco por mí.    —¡Pero mamá!—protestó la pequeña—¡Yo quiero seguir escuchando el cuento!    —¡Ni se te ocurra llorar porque sino te quedas sin cenar!—le dio un pequeño azote en el trasero, lo que avivó aún más los llantos de su hija.    —Disculpe señora pero ella no... —no pude llegar a terminar la frase, la mujer se giró hacia mí y me miró amenazante.    —¡¡Y tú!! ¡No se qué harás por aquí suelta cuando deberías estar con un bozal para que cierres esa boca venenosa que tienes!—me soltó. Y reconozco que ni el mismísimo Chat Noir me había hablado con tanto odio—pero no voy a dejar que le comas la cabeza a mi hija con tu mentalidad conformista y acomodada, no se que le habrás contado, pero esta será la última vez que te acercas a mí hija ¿Entendido?   Me quedé sin palabras y completamente inmóvil en mi sitio. Las dos se marcharon, la mayor gruñía y la menor lloraba. Noté como mis ojos se iba empañando poco a poco hasta que las lágrimas recorrieron mis mejillas. Me llevé una mano a la boca para sofocar un sollozo y me djé caer sobre el herbáceo suelo.  ○○○ Chat Noir Pues resultaba que la cascarrabias al final tenía buena mano para los críos. No tenía ni puta idea de como lo hacía, pero siempre acaba sorprendiéndome de alguna forma.   Cuando salí a buscarla para comprobar que ya había terminado de lavar la ropa de Lila, jamás me la imaginé verla sentada tan campante entreteniendo a esa niña. Reconocía que aquella había sido una escena digna de ver, sobre todo después de estar rodeado de tanta delincuencia.   Pero claro, tenía que aparecer la hija de puta de su madre a j***r el momento. La cría empezó a llorar escandalosamente y la madre con la voz de p**o que tenía, formó un escándalo de puta madre. Aunque para ser sinceros, la escena de madre e hija no estaba dentro de mi campo de visión: la miraba a ella, que estaba completamente abatida, llorando arrodillada en el suelo. Y no faltaba más, a cualquiera le jodería lo que esa urraca  había dicho.    Ella no se merecía eso.  Sobre todo porque ella no era la culpable del por qué estaba aquí, y al parecer todos la pagaban con ella. Cerré mis dos manos en puños, sintiendo la ira y la impotencia recorrer mi cuerpo.  Me aclaré la garganta y con decisión corrí hacia la madre más tocapelotas del mundo.    —Eh—la llamé.   Tanto madre como hija se giraron hacia mí.    —Señor... Que sorpresa...—titubeó la mayor.   —Necesito que vayas a ayudar a Dionisia en la cocina, algo no va bien con el fuego—dije con voz autoritaria.   —Oh, ya mismo voy—dijo, y la voz que había utilizado antes con Marinette se había metamorfoseado completamente en la voz más dulce del mundo. Se giró hacia su hija y le dijo:—vete a casa directamente—ordenó.   La cría asintió simplemente.    La amargada caminó hacia la hoguera y la niña intentó no mirarme y escabullirse.    —Ey ¿Y tú dónde vas, canija?—pregunté esbozando una sonrisa. Se giró rápidamente hacia mí y me miró.    —¡Yo no soy una canija!—exclamó molesta.   —Como sea—me agaché para quedar a su altura y apoyé una rodilla en el suelo—¿ves a esa chica de allí?—pregunté señalando a mi prisionera con la mirada.   Siguió la dirección de mi dedo con la mirada   —Sí—afirmó—me ha leído mi cuento muy bien.   Sonreí de lado y me acerqué al oído de la niña para susurrarle:   —Es muy guapa ¿A qué sí?—murmuré como si fuese un secreto.   —¡Si!—levantó el libro—.Se parece a la sirena de mi cuento.    —Eso es porque es una princesa igual que la de tu libro—aseguré.—Pero sin aletas.    —¡¿De verdad?!—gritó la niña abriendo mucho los ojos.    —¡Shh!—me llevé un dedo a los labios—pero no se lo tienes que decir a nadie ¿vale? Es un secreto.   Se calló de golpe y se llevó las dos manos a la boca.    —Nadie lo sabe lo sabe, por eso está aquí con nosotros, para protegerla de los malos—expliqué.   La cría me miró con el ceño fruncido.   —Mi mamá me ha dicho que está aquí porque es mala y hay que castigarla por lo que los de su clase han hecho—aseguró.    —Pero eso es porque tu madre es gilipollas ¡Quiero decir! Porque está equivocada—corregí—.Se expande ese rumor para que nadie encuentre el paradero de la princesa—la miré para ver si mis palabras eran lo suficientemente convincentes—¿lo entiendes?   La niña se quedó pensativa durante unos instantes, después sonrió y asintió.    —¡Sí!   Sonreí ladeado y me puse en pie.    —¿Guardarás el secreto?—le pregunté mientras le tendía la mano.     —¡Claro que sí!—me cogió de la mano y la conduje hacia el sitio donde se había quedado Marinette.    —Ahora vamos a darle las buenas noches a la princesa ¿vale?—pregunté.    —¡Vale!   Caminamos los dos de la mano y mi sonrisa de autosuficiencia se había acrecentado.   Había sido más fácil que quitarle el caramelo a un niño. ○○○ Marinette Tenía que dejar de lamentarme. No sabía ni por qué me afectaba, ya debería estar acostumbrada a ese tipo de desprecios, pero al parecer cada vez me dolía más.   Me limpié torpemente las lágrimas y suspiré.   Chat Noir estaría al venir, sobre todo para despotricarme cosas inútiles y el por qué no había acabado antes. Y la verdad no me apetecía en absoluto que se metiese conmigo por verme llorar.   Conté varias veces hasta diez para despejarme y me dispuse a levantarme, cuando un pequeño cuerpecito se abalanzó hacia mí y me abrazó con fuerza.    —¡Ya se que eres una princesa!—Me exclamó, y aunque no veía su cara, sabía de quien se trataba.    —Manon ¿Qué haces aquí?—pregunté con preocupación, temiendo que su madre regresase con sus palabras hirientes—¿Dónde está tu madre?    —¿Luego me vas a terminar de leer el cuento?—preguntó mirándome con sus expresivos ojos avellana.    —Claro que lo hará—la voz de Chat Noir provocó que un escalofrío recorriese toda mi espalda «¿Qué hacía él aquí?»—pero me temo que tendrá que ser mañana. Has venido a darle solo las buenas noches ¿no?   ¿Qué? ¿Pero que estaba pasando ahí?    —Es verdad—dijo Manon—solo venía a decirte buenas noches y también para decirte que aquí ningún malvado te hará daño, porque Chat Noir y yo te protegeremos. Además, él es como el príncipe de mi libro.    —¿P-Protegerme?—pregunté atónica.    —Sí... claro... —Chat cogió a la niña del hombro y la alejó de mí—muy bonito pero creo que ya va siendo hora de que te vayas con tu madre.    —¡Beso de buenas noches!—Manon tiró del brazo de Chat Noir obligándolo a agacharse y le plantó un beso en la mejilla.   La cara de él fue todo un show, un gesto entre sorprendido y a la vez molesto.   Después la niña corrió hacia mí y me dio otro beso. Yo le devolví el gesto y la vi alejarse corriendo hacia una gran hoguera donde estaban asando carne.    —¿Qué estás esperando?—la voz grave y dura de Chat Noir me sobresaltó—venga, levanta.   Atropelladamente hice lo que me dijo y cuando empezó a caminar yo le seguí sin decir nada.   Sin embargo tenía tantas ganas de decirle que había sido todo eso, ¿cómo había hecho para que la niña volviese a mí?   No, él no podía tener nada que ver. Y sin pensaba en algo así era que me estaba volviendo loca.   Esa noche soñé con princesas y apuestos ladrones que venían al rescate. 
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