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2112 Words
Marinette Una mezcla de emociones estalló dentro de mi interior. Estaba contra la espada y la pared, completamente acorralada, sin salida, más atrapada que un ratón en una ratonera. Si de verdad había llegado a cuestionarme si este tipo pudiera llegar a ser mas cruel de lo que ya había visto, aquella acción ya me lo estaba afirmando en bandeja de plata. ¿De verdad estaba haciéndome aquella pregunta en un momento como este? ¿ estaba dispuesto a ver morir a una persona delante suya sin algún tipo de remordimiento? A pesar de estar atrapada en aquellas arenas, mis manos se cerraron en puños, mis ojos se entrecerraron fulminándolo con la mirada y dedicándole una expresión de completo odio y aquedad. Su mirada esmeralda, se veía divertida e iba acompañada de una media sonrisa burlona. Sabía que no tenia elección, sabía que me tenía completamente atrapada, conduciéndome hacia el camino que él quería que siguiera. —Prefiero morir, antes que entregarme a un bicho tan asqueroso como tú—restregué mis palabras con odio, no faltó nada más que escupirle.  Aunque claro, no lo hice, pues no era para nada de la altura de una dama de mi categoría. Él abrió mucho los ojos, mostrando confusión y sorpresa. Si de verdad pensaba que iba a arrastrarme ante sus ordenes estaba muy equivocado. Yo tengo una honra y aún más importante, tengo una dignidad que no estoy dispuesta a ir regalando al primer infeliz que se me presente por delante. Solté un pequeño y apenas audible gritito cuando las arenas movedizas tiraron de mí hacia abajo con más fuerza. Tuve que alzar mi rostro para que no me tapasen la nariz y la boca y me removí con fuerza. Chat Noir se acercó hacia mi aún más, lo notaba tenso y algo estresado, como si de alguna forma, él fuese quien estaba siendo arrastrado hacia el núcleo terrestre. Espera... ¿qué demonios estoy diciendo? Él jamás presentaría algo de preocupación por alguien de mi clase social. —¡¡Maldita sea, ¿A qué demonios esperas?!!—me gritó. Cerré mis ojos con fuerza y apreté mis labios de forma que mi boca quedó cerrada. De ella jamás saldrían palabras que sellasen mi destino de una forma tan miserable. Chat Noir me observó con una expresión que no sabía muy bien como explicar, pero sin duda la diversión ya no figuraba en ellos, mas bien ansiedad.    —Joder... —lo escuché murmurar. Justo en ese momento todo mi cuerpo se sumergió por completo en aquellas viscosas arenas, mi nariz no podía respirar, tampoco podía ver nada, no era capaz de abrir los ojos.  Unas manos me agarraron de los brazos y tiraron de mí hacia arriba. En cuanto entré nuevamente en contacto con el aire, tomé una bocanada de aire y comencé a toser con fuerza. Mi rostro se encontró de golpe con el de él, que se veía ejercer demasiado esfuerzo para sacarme de allí. Pero era en vano, mi cuerpo estaba atrapado y las fuerzas de la naturaleza superaban las suyas. Volvía a ser arrastrada hacia el interior de las arenas y Chat Noir al tenerme agarrada también iba siendo arrastrado poco a poco. Derrotado y sin ver resultados, me soltó de golpe y yo me hundí aún mas. Al final, si me que iba a dejar morir. —Por favor no te vayas— le pedí. Sí, sabía lo cursi que sonaba, pero volverme a ver sola en aquel horrible charco me causaba pánico. Se dirigió al caballo y ató una cuerda a la silla de montar, después caminó nuevamente hacia mí y sin pensárselo dos veces saltó al interior de las arenas sumergiéndose junto a mí.   —¿Qué estás haciendo?—  pregunté sorprendida— ¡ahora nos hundiremos los dos! —¡Cierra la boca y haz lo que te diga!—farfulló. Me agarró de la cintura y me acercó hacia él. Sentí su cuerpo chocar junto al mío. Alzó su mano libre con una pistola agarrada y apretó el gatillo haciendo disparar una de las balas al aire. Se agarró con mas fuerza a la cuerda y a mí me tomó firmemente. El caballo, se sintió despavorido al escuchar el ruido del arma dispararse y comenzó a correr. Su fuerza fue la suficiente como para arrastrar los dos cuerpos hacia delante de tal forma que en pocos segundos ambos salimos de las arenas movedizas hasta desembocar en la hierba semicrecida que dominaba el lugar. Mi respiración estaba entrecortada, mi pecho subía y bajaba con fuerza a causa de la adrenalina vivida hace unos segundos. Miré hacia un lado para fijarme en sus movimientos. Soltó un par de maldiciones para él mismo y se puso en pie. Latigó el aire con sus brazos para quitar el barro de su ropa y se quedó mirando hacia el horizonte.   —Por tu culpa he perdido el puto caballo— murmuró aun mirando la dirección por la cual se había escapado el animal. Lo fulminé con la mirada y me dispuse a replicar, pero entonces él gritó:     —¡Desagradecido!—dijo gritando al caballo desaparecido—¡Traidor, muérete de hambre! No pude evitar reprimir una mueca.  Este tipo estaba gritándole a un caballo. Eso había sonado muy infantil, una faceta que sin duda me había sorprendido.   —Puto caballo—repitió dando una patada a una pequeña piedrita.     Sus ojos verdes se desplazaron hacia mi rostro. Levantó su brazo y me señaló con su dedo índice. —Y tú. Mas te vale cumplirme el trato—me dijo. Toda mi cara se descompuso al instante. ¿Y este que dice? ¿Acaso estaba sordo?   —¡De qué estas hablando?—le  reproché con sorna.   —De que ahora en adelante, me perteneces, harás todo lo que yo te ordene.     Aquello era el colmo.   —Yo nunca acepté nada —me defendí —es mas me salvaste porque tu quisiste. Una sonrisa burlona se formó en su boca, se giró poco a poco hacia mí hasta quedar a muy poca distancia.   —Eso también me deberías agradecérmelo —también te he salvado de ese orgullo que no te dejaba aceptar el trato, es más ahora mismo estarías pudriéndote ahí abajo.   —Lo preferiría mil veces antes que dejarme tocar por un baboso como tú. Se rascó la barbilla sin borrar su asquerosa sonrisa de la cara.    —Escucha, digas lo que digas, nada cambiará el hecho de que hoy me debas tu vida, porque de no ser por mí tú estarías muerta. De alguna manera sigues perteneciéndome, además por tú culpa he perdido mi caballo, así que necesito una nueva sustituta, que me servirá para montar. O a lo mejor eres tú la que se monta encima de mí—estas últimas palabras las dijo con esa asquerosa sonrisa ladeada que tanto odiaba. Aquellas palabras hicieron que mi sangre hirviera, levanté mi mano y con fuerza me dispuse a golpearlo, le di una fuerte bofetada que lo dejó shockeado y a la vez furioso, después comencé a golpear su pecho, él se dejó , sin presentar ningún tipo de resistencia. Hasta que llegó al limite de su paciencia. Me agarró de ambos brazos y me hizo girarme bruscamente mientras me inmovilizaba. Mi espalda chocó con su pecho y sus fuertes manos me agarraban como pesadas cadenas.   —Tranquilita fiera—dijo—no me obligues a hacerte daño.   —Quítame las manos de encima —dije reponiéndome.   —Yo hago contigo lo que se me venga en gana ¿queda claro?—la última pregunta la dijo mas bien como una amenaza.   —¿Para eso me salvas? ¿Para seguir tratándome como una basura?—inquirí zafándome de su agarre y para mi sorpresa él me soltó sin emplear mucha fuerza.   —¿Acaso tú y tu corte de condes y duquesas no lo sois?— Chat Noir restregó sus palabras.   —No se exactamente si lo soy o no. Pero si de verdad valgo tan poco yo creo que lo más sensato es que desaparezca definitivamente del mapa—agarré la falda del vestido para no pisármela y caminé hacia las arenas movedizas. Caminó hacia mí amenazante y me tomó del brazo con fuerza, girándome hacia atrás para quedar cara a cara.   —¿Qué cres que estas haciendo?—me preguntó amenazante.   —Hacer respetar mi vida—solté de golpe—aunque eso signifique  terminar con ella definitivamente —lo encaré con la mirada —No acepto tú propuesta Chat Noir, no pienso entregarme a tí. Sentí que sus ojos verdes brillaron con mas intensidad y no pude evitar que un pequeño escalofrío me recorriese por dentro.     —No me importa, si quieres o no aceptarlo —dijo. Tiró de mí hacía atrás y me alejó del horripilante charco de arenas movedizas, tropecé ligeramente y caí de bruces en la húmeda hierba  del bosque. Lo escuché refunfuñar por lo bajo, ahora sí que había perdido el humor por completo. Se agachó y me volvió a coger del brazo, no tuvo que emplear mucha fuerza para levantarme y con un pequeño tirón hizo que me pusiera en pie.     —No puedes obligarme— grité zarandeándome para que me soltase.   —Oh claro que puedo—se burló. Sus pasos eran rápidos y largos, cosa que me hacía aun mas difícil seguirle el ritmo.     —Entonces lucharé, cada día que pase buscaré la manera de quitarme la vida, antes de que...—mis palabras se vieron interrumpidas. Chat Noir me tomó con mas fuerza y me empujó hacia atrás provocando que mi espalda chocase con el tronco de un árbol, inmovilizó mis manos hacia arriba atrapándome por completo con un único plano: sus grandes ojos verdes.   —De poder, puedo hacerte mía aquí y ahora ¿Cómo piensas quitarte la vida, "bichito"?— se burló él. Lo fulminé con la mirada e hinché mis mofletes llenándolos de aire e impidiendo que el oxígeno entrase a mis fosas nasales. No respiraré. Chat Noir enarcó una ceja y sonrió divertido. ¡Maldita sea! ¿Por qué demonios me había parecido  atractivo?   Me mantuve firme en mi objetivo, la respiración comenzaba a faltarme y un sonidito extraño se me salió.   —Eres patética— llevó una de sus manos a mis mofletes  los aplastó provocando que todo el aire que había dentro saliera haciendo una pequeña pedorreta y como consiguientes mi respiración volvió.   Liberó mis manos y me hizo un gesto con la mano para que comenzase a caminar.   —Venga, aligerando—dijo— no tengo todo el día.   —Pues tendrás que llevarme a rastras, porque yo no me muevo de aquí — firmé mis palabras con orgullo y me crucé de brazos. Sus ojos me atravesaron amenazantes y con cierto brillo de furia e ira. Lo había provocado, lo sabía.   De repente, todo se me volvió difuso, una mezcla de emociones se me vinieron encima y el espacio y tiempo parecieron detenerse cuando mis ojos se posaron sobre una flecha que volaba con agilidad por el cielo hasta desembocar en el hombro de Chat Noir. Este último cayó hacia atrás al tiempo que un grupo de cinco jinetes nos rodeaban en un círculo.   Algo me cogió a la fuerza de los brazos y me inmovilizó. Chat esbozó una mueca mientras sus ojos se plasmaban en mí y en el tipo que me tenia presa.   —No te muevas—uno de los bandidos apuntó con un arma Chat Noir.   —Quítame tus asquerosas manos de encima—grité removiéndome con fuerza. El tipo me  tiró al suelo y entré en contacto con la hierba entremezclada con la tierra húmeda. Miré a Chat Noir, quien se puso en pie al tiempo que se sacaba la flecha del hombro, pero no duró mucho, uno de los asaltantes lo golpeó en la cabeza provocando que cayese al suelo junto a mí.   Sentí que algo frío y metálico rozaba mi cabeza, me giré levemente y vi como me apuntaban directamente a la sien dispuestos a disparar.   —Ella no nos hace falta, Noir—le dijeron a Chat— no nos causaría mucha molestia eliminarla. Así que más te vale ser cuidadoso ¿Verdad que nos vas a obedecer? Mis ojos se desplazaron al instante hacia él, lo vi apretar su mandíbula y a matar con la mirada a aquellos tipos.   Sí de verdad creían que él estaría dispuesto a rebajarse por salvar mi vida, entonces estaban bien equivocados. Porque de una cosa estaba segura. Y era que Chat Noir jamás se rebajaría por un noble. Mucho menos por mí.
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