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2570 Words
 Chat Noir Putos cabrones de mierda. Me cago en ellos y encima me sobra mierda para repartir. ¿Y estos de que coño van? ¿Amenazarme a mí? Ni de coña.   Mis ojos se desplazaron hacia los de ella. La tenían agarrada de ambos brazos y cuando intentó liberarse la tiraron con brusquedad al suelo, junto a mí. Veo como aprietan la pistola sobre su frente y ella cierra los ojos instintivamente.    —A ella no la necesitamos, no nos causaría mucha molesta eliminarla—dijeron— así que mas te vale ser cuidadoso ¿verdad que nos vas a obedecer?   Mis ojos se desplazaron hacia la pistola y después hacia ella, me quedé mirándola con seriedad. ¿Qué me importaba si la mataban o no? ¿Enserio me venía amenazando con esto? ¡Venga ya!  Mis labios conformaron una media sonrisa hasta que finalmente desembocaron en una risotada.    —No tenéis ni idea de quien soy yo—espeté mirándolos aún son sorna.    —Claro que lo sabemos, por eso necesitamos que vengas con nosotros.   —No, no me conocéis en absoluto. Si de verdad lo hicierais, sabríais que yo no me arrastro, ni cumplo órdenes de nadie por la vida de otra persona, mucho menos por una como esta—señalé a mi "trofeo con patas" con la mirada—ni lo haría ni siquiera por mi vida.      —Eres algo despreciable—murmuró ella apretando su mandíbula.    —Tranquila, tú tampoco me agradas en absoluto bichito—le respondí ignorando por completo a aquellos tipos que nos rodeaban por todos lados.    Escuché el sonido del gatillo de la pistola recargarse. Ella respiraba entrecortadamente y aunque intentase negarlo estaba asustada, en realidad no me sorprende.   —Iras con nosotros igualmente, con—apretaron más la pistola sobre su cabeza—o sin ella.  En serio, estos cretinos ya me estaban cabreando. Me importaba una mierda la vida de esa noble, pero de una cosa si estaba claro ella era solo mía, su vida me pertenecía y yo era el único que decidía cuando debía morir, yo era el único que podía matarla.  Además... si voy con estos, me llevarán hasta su ratonera y será muy fácil atacarla cuando llegue el momento.   —Esta bien—dije—llevadme con vosotros. Pero que conste que no pienso ser un huésped por mucho tiempo.   Uno de los asaltantes le hizo una señal al imbécil de la derecha y este bajó el arma.  Me cogieron de la manga de la camisa y me obligaron a ponerme en pie, giré mi cabeza hacia un lado para ver que estaban haciendo con ella. Me ataron las manos con una cuerda que se podría soltar con  solo soplar, pero preferí sobre actuar y seguirles el juego.  —Ahora caminad, y será mejor que no intestes nada raro, porque a lo más mínimo os vuelo la cabeza a los dos—me dieron fuerte empujón obligándome a caminar. Apreté mis manos conteniendo mis ganas de reventarle la puta cara. Odiaba que me dieran órdenes, yo era el que las daba y sobre todo sabiendo que les estaba dejando ventaja, porque si por mí fuera los hubiese dejado a todos fuera de combate en tan solo unos segundos, pero no podía permitirme ese lujo, por más ganas que tenía de golpearlos, no podía, si quería que me llevasen a su guarida tenia que sobre guardar las apariencias. Ya tendría oportunidad de meterles una paliza llegado el momento.    —Eres preciosa, mamacita—escuché una voz a mis espaldas.  Me detuve en seco.    —¡¿Por que te detienes?! ¡Camina!—Me dieron un empujón para que emprendiera la marcha nuevamente.    —Quiero que la llevéis aquí, a mi lado—dije.   —Tu muñequita está jugando un poquito con los muchachos atrás. No entiendo por qué preguntas siquiera por ella ¿Acaso que no te importaba en absoluto?  Solté una pequeña maldición para mis adentros   —¡Soltadme!—la escuché gritar detrás de mí—quita tus asquerosas manos de mi.    —¡Eh! pásala para acá que yo también quiero tocar—dijo uno de ellos.   Torcí el gesto y giré mis cabeza hacia un lado. Estaban pasándose a la chica como una pelota entre ellos mientras que con esas manazas iban tocado todo cuanto podía. Que cabrones.    —Sobra ropa—volví a escuchar.    Apreté mis mandíbula con fuerza y me mordí la lengua.   "Aguanta. Contrólate sino quieres echar el puto plan a perder, sigue caminando como si nada. Además es una noble, no importa lo que le ocurra"   Un grito descomunal se escuchó, pero no fue de ella, sino de uno de los tipos esos.    —Me ha escupido—se quejó.     —Tráela para acá que yo le enseño modales,—dijo otra voz—yo se como tratar a las hembras.   De repente sentí que algo chocaba contra mí. Me giré, fulminando con la mirada a aquello que me había golpeado, entonces la vi a ella.    —¡Pelma!—gritó otro tío a otro de ellos—¡Has calculado mal, pasadla "pa' ca" !   Aún con mis manos maniatadas la cogí con brusquedad y la atraje hacia mí.    —Si no quieres seguir siendo el juguete de esos tipos, quédate aquí—le susurré al oído.    —Creo que tú tampoco estás en mejor situación que yo—me recriminó con molestia—además no necesito tu protección.   Entrecerré mis ojos y la fulminé con molestia.   Uno de los tipos apareció al lado nuestro.   —Aquí estás, preciosa—la agarraron del brazo nuevamente—aún no habíamos acabado de hablar.   Esta vez no me detuve, junté mis dos manos atadas haciendo una especie de martillo y con los dos puños justos golpeé el rostro del tipo provocando que este cayese hacia atrás.    —Las manos fuera—amenacé—no te acerques a ella. Es mía.   Lo vi levantarse del suelo y crujirse los dedos mientras se acercaba a nosotros amenazante.    —Detente—dijo el cabecilla del grupo cogiéndolo del brazo—no conviene tenerlo de enemigo, el jefe lo quiere de una sola pieza. Dejad también a la chica.    Me dedicó una mirada de advertencia y a quien voy a engañar, también de repugnancia y asco.   aunque me daba igual, soy Chat Noir, no hay nadie que pueda sentir por mí otra cosa que odio. Bueno... Lila quizás, pero solo me quiere porque soy bueno en la cama, al igual que Nino ese pobre idiota se piensa que tendrá algún privilegio en el grupo solo por ser mi mano derecha.   Y especialmente de la que más odio me he llevado es de ella, de la noble, aunque en este cosa el sentimiento es mutuo.     —Gracias—la escuché decir.   La miré de reojo.    —No las des—le respondí—no te he salvado por ti, sino por mí.    —Lo sé—dijo—pero lo has hecho.    —Lo he hecho porque odio a estos tipos y me has dado la escusa perfecta para golpear a uno, eso es todo—añadí sin mirarla a los ojos—además, recuerda nuestro trato, tú me perteneces y no voy a dejar que cualquiera te vaya metiendo mano por ahí.   En este caso no me respondió. Caminamos durante varios segundos en silencio, sin decir ni una palabra, ella caminaba a mi lado, bastante cerca, seguramente por temor a que volvieran a tomarla con ella. Mis ojos iban pendiente de cada rastro y detalle del bosque. Tenía que aprenderme bien el camino si luego quería regresar para joderles la madriguera donde se refugiasen estas ratas. Les seguiría el juego y después atacaría por la espalda.    —Nadie es de nadie—sus palabras me pillaron por sorpresa—las personas son libres, nacen con derechos y el único dueño de cada ser humano es uno mismo.     —No había escuchado nunca algo tan ridículo—espeté.    —Quizás porque eres un idiota sin cultura—me soltó de golpe ¿De qué coño iba?    —El mundo está hecho para la supervivencia del más fuerte, solo la r**a más poderosa prevalece en la naturaleza y los débiles mueren o se someten al ganador—expliqué. Si ella daba su opinión yo daría la mía—yo soy más fuerte que tú bichito, y por lo tanto estás bajo mis pies.    —Los seres humanos somos iguales, unos son más fuertes, otros más inteligentes, otros más guapos, otros más feos, algunos son ricos y otros no tienen la misma suerte, pero todos forman una sola r**a.   Fruncí el ceño y me giré hacia ella molesto.    —¿Me estás llamando tonto y muerto de hambre?—inquirí.    —¡Dejad de cuchichear u os corto la lengua!—nos amenazó el tío apuntándonos con su arma.   Refunfuñé por lo bajo y seguí mi camino. No le volví a dirigir la palabra, tenía un asunto más importante que entablar una estúpida conversación con ella.   ○○○  Mierda, me han vendado los putos ojos, tengo los ojos tapados ¡ Qué cabrones me la han jugado! ¿Y ahora cómo demonios voy a reconocer el sitio?    —Llegaste a tu destino Noir—me quitaron la venda de los ojos y mi pupila se contrajo.   Hice una pequeña mueca e inspeccioné el lugar. Estaba en una especie de tienda hecha a base de pieles y madera, sin duda nuestro conspiración era mucho mejor que la de estos mierdas. Esto parecía la edad de piedra o la prehistoria, ahora solo faltaba un mamut o completaría el premio.    —Es un placer tenerte aquí Chat Noir—dijo una voz nueva.   Pasé de largo de ese tío que se había sentado junto a mí y miré a mi alrededor ¿Dónde estaba ella? ¿Dónde coño se la había llevado?    —Si buscas a la chica, no está aquí—me respondió, como si de alguna manera hubiese podido leer mis pensamientos.    —¿Dónde está?—pregunté.    —Tranquilo, ella está a salvo. Si eso es lo que te preocupa.    —No, no me preocupa—dije con indiferencia.  Me sonrió de medio lado.    —Ya veo.    —¿Qué quieres?—recriminé bruscamente mientras que jugueteaba con la cuerda que ataba mis manos.    —Supongo que habrás sido consciente de la cantidad de ataques que has sufrido en tus territorios—dijo.    —Sí, y que quede claro. Un puto ataque más y juro que...—comencé a decir amenazante, pero me interrumpió.    —Tranquilo amigo. No estás en condiciones de exigir nada, no soy yo el que está atado frente a mí—inquirió.   Sonreí ladeado y mostré mis manos liberadas. Él me devolvió la sonrisa, no mostró mucho sorpresa ver mi jugarreta, aunque debería considerarlo lógico tratándose de mí.    —Está bien, ahora estamos en igualdad de condiciones y supongo que podremos hablar de una forma civilizada—afirmó.    —Desembucha—dije.    —París ha elegido tiene un nuevo rey, no han tardado mucho en elegir a otro m*****o de la nobleza para sustituir la corona—explicó—tengo entendido que el rey puede suponer una amenaza más seria para nosotros ahora, es más joven tiene más conocimientos y sabe reorganizar el ejército para emplear un contra ataque.    —Eso no es nada nuevo, era obvio que escogiera un nuevo gobernador—dije.    —Chat Noir, no estás entendiendo lo que te estoy sugiriendo—se inclinó hacia mí—los dos somos líderes de dos bandas que están en contra de la corona. Si nos aliamos podríamos ser perfectamente una seria amenaza para ellos, y... yo siempre he tenido entendido que has odiado a la clase alta.   —Y no te equivocas—aseguré—pero yo trabajo mejor solo .    —Piensa bien muchacho, estoy tratando un tema muy serio—me advirtió.    —¿Quien es el idiota al que han corona esa banda de bufones?—pregunté curioso.    —A un tal Jouvet Boulian—respondió—un m*****o muy influyente en la clase alta.     —No se quien es—me llevé una mano a la barbilla en gesto pensativo.    —No tardarás mucho en tener noticias de él. Su primera labor es mandar una tropa para buscar a la banda Miraculous... Y que casualidad que tú eres el jefe—informó—necesitaréis de alguien que os respalde.    —No necesitamos la protección de nadie—aseguré molesto—yo me valgo solo para defenderme.   —No solo se trata de ti. Si por casualidad, el rey llegase a encontrarme a mí a y los míos por vuestra culpa, no será solo la monarquía la que tengas de enemiga—me amenazó.    —Por eso nos has estado atacando ¿Verdad?—incriminé—eran advertencias.    —Eres un muchacho muy listo.    Ya me estaba empezando a colmar la paciencia, no solo me estaba amenazando sino que me estaba hablando como si fuera un crío.    —No pienso aliarme contigo, ni con nadie—sentencié poniéndome en pie   —Sabía que dirías eso—se levantó junto a mí—por eso tenía planeada una segunda propuesta.   Enarqué ambas cejas con burla y me crucé de brazos mientras esperaba a que soltase sus siguientes palabras.    —Entrégame a la chica y te dejaré marchar—soltó de golpe.   Vale. Reconocía que aquello me había pillado completamente desprevenido ¿Para que la querían?    —Si hay una razón por la cual el ejército del rey está detrás de ti y de tu banda, es porque saben que tenéis prisionera a la esa joven, tengo entendido que el nuevo monarca muestra gran interés en ella. Si se la entregamos puede que sea considerado conmigo y con los míos.   Me acerqué aún más a él y lo encaré.    —Nunca—sentencié.   Su expresión calmada y serena cambió de lleno a una más fría y poco amistosa.    —En ese caso no me dejas otra opción—levantó una de sus manos e hizo una extraña señal.   A los pocos segundos entraron a la habitación dos tipos que traían a rastras a la chica y atada de manos. La agarraron de la nuca y la obligaron a ponerse de rodillas.    —La hija de Tom Dupain-Cheng—dijo el jefe—Señorita Marinette, se me hace todo un placer conocer a la mujer más hermosa de todo París—le acarició la mejilla con su mano.   "Marinette" Así que ese es su nombre. Pero que interesante.    —Me gustaría poder decir lo mismo—espetó ella apartándose con cierta brusquedad.  —Tengo entendido que su majestad,  el nuevo rey Jouvet Boulian tiene cierto regocijo en encontrarla.Ese hombre ofrece una gran recompensa por su hallazgo, debe de ser algo muy importante para él si está dispuesto a tanto con tal de encontrarla.    Vi que la expresión de Marinette se desencajaba por unos instantes al escuchar aquellas palabras.  Saqué de entre mis botas un puñal y apunté con él a este tipo que comenzaba a sacarme de mis casillas.   Se giró hacia mí con cierta expresión divertida.    —Pero ofrece el doble de recompensa si le entrego a la muchacha con el ladrón que se la capturó. Lo siento mucho muchacho pero si no eres mi aliado, eres mi enemigo. 
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