7

2436 Words
Marinette   No podía hacer crédito a lo que mis oídos escuchaba. Aquello no podía estar ocurriendo, no debía ser otra que una mala jugada de una alucinación mía, pues sin duda aquello tenía más lógica que lo que se estaba desenvolviendo delante de mis ojos.   Jouvet no podía haber accedido al trono. El pueblo no podía ser tan ignorante como para poner en la corona a una clase de hombre como lo era él. Y para colmo su primer propósito como rey era encontrarme, muy posiblemente para seguir cortejándome, o incluso aprovechar su poder para chantajearme a mí y a mi padre para una propuesta de matrimonio.    Tan ensimismada estaba en mis propios pensamientos, que no me percaté de que Chat Noir forcejeaba con estos hombres tan extraños. Entraron a la sala tres tipos más para ayudar a los ya presentes pues Chat Noir era sin duda un gran desafío para ellos y les estaba dando una buena paliza, y odiaba reconocerlo, pero luchaba muy bien, quizás demasiado.   Uno de los nuevos inquilinos lo pilló por sorpresa atizándolo con fuerza  y calló de rodillas al suelo, después lo agarraron de los dos brazos y lo golpearon en la cara y en el estómago. No pude evitar arrugar la nariz con tan solo imaginar el dolor que debía estar sufriendo.   Pero, me daba igual, en realidad se lo merecía, e incluso me gustaría poder golpearlo yo misma para cobrarle todo el mal que me ha hecho, a mí y a mi familia.   Sentí como tiraban de mí y me obligaban a ponerme en pie para arrastrarme literalmente al centro de la sala, me colocaron junto a Chat Noir que lucía algo débil.   Tomaron mi mano a la vez que la de Chat Noir y nos colocaron a cada uno unas esposas que nos mantenían unidos de los brazos.   "No, no, no. Maldita sea, esto ahora no" Maldije para mis adentros.    —¿Qué pasa?—preguntó Chat Noir con cierto tono de burla—¿es que tenéis tan pocos cuartos  que tenéis que encadenar a dos presos con una misma cadena?    —Digamos que soy una caja de sorpresas—dijo Chat Noir. Y sentí como su mano se movilizaba con agilidad. Tramaba algo, lo sabía—Nunca se sabe, cuando daré el siguiente movimiento.    Tras decir aquellas palabras, con su mano libre tomó una navaja y la clavó en la palma de la mano de uno de los hombres que nos tenían cogidos. Este último soltó un grito de dolor al ver su mano clavada en el suelo de la habitación.   Chat Noir tiró de mí obligándome a ponerme en pie y me agarró nuevamente cogiéndome como su presa.    —Si tanto la necesitáis—comenzó a decir apuntando con la misma navaja manchada de sangre procedente de la mano del tipo anterior—no querréis que le pase nada malo ¿verdad?    —Debí imaginarlo—maldijo el capataz del grupo—tus típicos juegos sucios acaban salvándote el pellejo.    —No son juegos sucios—se burló—es inteligencia.   Chat Noir no perdió el tiempo, hizo una reverencia burlesca y echó a correr llevándose a su paso a todo aquel que se interponía en nuestro camino. Por consiguiente, yo también salí tras él, pues mi mano derecha estaba encadenada a la suya.   Se detuvo levemente para inspeccionar el terreno. Miré hacia atrás para comprobar si aquellos tipos irían tras nosotros, si este idiota no escapaba nos volverían a atrapar.    —Vale—dijo él pensativo—por aquí.   Nos adentramos entre las diferentes cabañas y chozas de aquella pequeña aldea, esquivábamos personas y numerosos obstáculos mientras que por atrás nos pisaban los talones los perseguidores de antes.    —¡Cuidado con la cacerola!—me advirtió Chat Noir mientras saltaba por la gran hoya rebosante de caldo.   Me mordí la lengua a la vez que saltaba con dificultad para esquivarlo, cosa que me salió el tiro por la culata ya que mi pie le dio una patada y todo el interior se desparramó por el suelo.    —¡Eh, criminales desvergonzados!—gritó una mujer mientras veía todo su trabajo por los suelos.    —¡Lo siento!—respondí mientras sintiendo mis mejillas arder. Pero que torpe.    —No te disculpes—refunfuñó Chat mientras aún intentaba hallar una salida—¡Agáchate!    —¡¿Qué?! ¿Por que...?—De repente él me tiró al suelo al mismo tiempo que un puñal se clavaba en el tronco de un árbol.    —Porque por poco te conviertes en un pincho moruno—Volvió a tirar de mí pillándome por sorpresa, me levanté dificultosamente y tropecé aunque luego logré recuperar el paso.    —¡Ahí están!—se escucharon unas voces de fondo—¡Atrapadlos!   Aquellas palabras se quedaron en un simple intento, pues cuando ellos echaron a correr nosotros ya habíamos sido devorados por las fauces del bosque.  ○○○ Chat Noir  Mis ojos se abrieron de golpe cuando recibí el impacto de su mano estampar contra mi cara, esa no me la esperaba. Esta chica estaba loca.    —¡Eres un idiota!—me insultó ella mientras continuaba golpeándome—¡Un maldito ignorante!   Con mi mano libre intenté agarrarla como fui capaz y con agilidad conseguí girarla inmovilizándola consigo, de tal forma que su espalda chocó contra mi pecho, la sujeté de las manos y esperé a que se tranquilizase.    —¡Todo esto es por tu culpa!—me gritó forcejeando.    —¿Qué es mi culpa exactamente?—pregunté haciendo fuerza para que no se me escapase.    —¡Es tú culpa! Si no hubieras matado al antiguo rey de París, ese tarugo no hubiera llegado al trono—me incriminó.    —Yo no tengo la culpa de que el mundo sea tan tonto de haber elegido a ese tipo como su rey—me defendí—y para que lo sepas, yo no tengo la culpa tus problemas con ese tipo.    —Claro que la tienes—prosiguió—mataste al rey, y a su hija. Ella era la heredera—se removió con fuerza entre mis brazos para intentar escapar—y ahora el pueblo no ha tenido más remedio que elegir a un idiota en leotardos que no hará otra cosa que conducirlo a la ruina.   Sonreí con satisfacción.    —Mejor, así me alegra el trabajito de hacerlo yo mismo—le susurré al oído.    —Quitame las manos de encima—dijo con cierto tono de amenaza.   La agarré con más fuerza y tiré de ella para empujarla hacia el tronco de un árbol, su espalda chocó con la madera arrugada de este y con mis dos manos inmovilicé las suyas hacia arriba.    —Si de verdad quieres que te suelte, tendrás que estar quieta—ordené—no intentes nada porque tú serás la perjudicada ¿Me has entendido?   Su mirada fulminante fue la única que me respondió.   —Ahora sígueme y mantén la boca cerrada—fui liberando sus manos poco a poco, aunque la derecha no pude, porque las putas cadenas no me dejaban separarme. Le dediqué una última mirada de advertencia y volví a emprender la marcha.    El sol había comenzado a ocultarse y pronto llegaría la noche.   Maldición, ahora sí que sería prácticamente imposible reconocer el camino por el que habíamos venido. Genial... Mi plan se había ido a la mierda, y para colmo ahora solo faltaba que no supiese regresar.   Ahora, para terminar el puto día, tenía que perderme y encima estar encadenado a ella a cada minuto.   Maldije para misa adentros y tiré con brusquedad de las cadenas para que me siguiese.    —¿En qué estás pensando?—preguntó ella con curiosidad.   La miré de reojo con indiferencia.   —En el cardo tan feo que tengo atado a mi mano—dije.  La escuché insultarme por lo bajo, aunque la cosa era que me daba igual.    —Yo si se el camino—soltó de golpe.   Me detuve levemente procesando las palabras que acababa de decir, después pestañeé varias veces y proseguí.    —Qué sabrás tú de como llegar—dije—es la primera vez que pasas por aquí.    —Fui dejando señales por donde íbamos pasando—explicó—sabía que escaparíamos, y si llevabas los ojos tapados no podía ver el camino.   Me giré con brusquedad y la miré a los ojos.    —¿Por qué lo has hecho?—pregunté con desconfianza. Estaba seguro de que ahora me pediría algo a cambio.    —Porque quiero vivir—soltó—sabía que conseguirías escapar, y lo último que quería era estar atrapada en el bosque durante dios sabe cuanto tiempo contigo a cada momento. Además no quería ver tu cara como última imagen antes de morir.    —Pues premio—sonreí burlón—¿Quieres que te aplauda en esa cara bonita que tienes?—ironicé—¿O acaso prefieres que te haga una reverencia?    —No—dijo—me basta con haberte demostrado que puedo ser inteligente y fuerte si me lo propongo, y no la típica mujercita indefensa que crees que tienes como prisionera.    —Ah—dije con ironía—Qué con solo haber dejado "señales" la señorita ya se cree una heroína y una mujer muy valiente.   Sentí su mirada fulminante en mí.    —Si me las he ingeniado para sorprenderte, también puedo hacerlo para escapar de ti—me amenazó.    —Si te escapas, te encontraré—advertí.    —No, porque cuando te des cuenta, ya estaré muy lejos—dijo llevándome la contraria.    —Te atraparía antes de que dieras un solo paso—contradije—además caerías en cualquier insignificante trampa, como las arenas movedizas.    —No si lo hago cuando menos lo sospeches e iría con más cuidado—volvió a decir.    —Gracias por la advertencia, ahora estaré alerta y pendiente de ti a cada momento—sonreí con satisfacción.    —Alguna vez tendrás que dormir—dijo.    —¿Nunca te han dicho que los gatos somos nocturnos?—vale, al principio era divertido pero ya comenzaba a cansarme. Era una pesada y no se callaba ni debajo del agua. Tuve el impulso de coger algo, no se, un puñado de hojas mismo y metédselas en la boca para hacerla callar.    —Pero tú no eres un gato. Eres un chiflado disfrazado de gato, que es diferente—insinuó.    ¿Pero qué coño? ¿Cómo se atreve?    —Hemos terminado de hablar—sentencié molesto—si abres la boca, para decir lo más mínimo—sonreí de lado—no tendré más remedio que castigarte.    Sentí sus ojos azules aniquilarme con la mirada.    —Está bien. Yo no hablo si tu no hablas—dijo.    —Bien—afirmé.    —Bien—repitió ella.   —Bien—volví a decir para ser el último que llevar la razón.     Pasaron dos segundos, y pensé que yo había ganado aquella batalla de palabras, pero finalmente ella susurró:   —Bien.   Maldije para mis adentros con molestia y tiré de la cadena con brusquedad aligerando el paso.    Mis ojos no volvieron a prestarle atención, sino que iba pendiente de las pequeñas señales que ella había ido dejando. Parecían absurdo pero debía reconocer que estaban sirviendo de gran ayuda, aunque claro esto jamás se lo diría en voz alta, mucho menos a ella, más que nada porque era una maldita egocéntrica.   Claro, ¿Qué podía esperar de una noble?   Además me estaba volviendo un puto blandengue. La dejaba llevarme la contraria e incluso le permitía insultarme ¿Qué clase de malhechor soy si consiente que su prisionera le falte el respeto? Chat Noir siempre había sido temido por todos, hasta tal punto de que muchos temía dirigirme una simple mirada y ahora dejo que esta mujer se me quede por encima.    —Podríamos detenernos un momento—dijo ella a mis espaldas, noté su voz casada y algo fatigada pero aún así no me detuve.   La ignoré completamente y continué caminando tirando con más fuerza de mi muñeca y por consiguiente que tropezase hacia adelante.    —Por favor, detente—pidió nuevamente, esta vez a modo de súplica.   —No voy a detenerme—sentencié—haberlo pensado antes de insultarme en la puta cara—farfullé.   Sentí que chocaba levemente con mi espalda y dejaba caer su peso en mí.    —No... No me encuentro muy bien, y siento que las piernas me fallan—dijo.   Me giré levemente para mirarla por debajo del hombro.    —No vamos a detenernos, así que no rechistes—me aparté con brusquedad de ella y continué caminando.    No iba a detenerme, el único que mandaba aquí era yo, y por lo tanto yo decidía cuando debíamos parar.   Aún así nuestro paso ahora era más lento, más que nada porque tenía que llevarla a rastras.  Refunfuñé algo por lo bajo y me quedé observando la pequeña marca del tronco de un viejo tocón de madera que ella misma había dejado horas atrás.  De repente, un grito de dolor proveniente de mis espaldas se hizo audible en el eco de la noche.  Me giré bruscamente y vi como cerraba los ojos con fuerza mostrando dolor a la vez que se llevaba su mano libre a la pierna.    —Si esto es un intento tuyo para hacer que nos detengamos, me temo que finges fatal—reproché mirándola con indiferencia.    —Al-Algo algo me ha picado...—su pecho subía y bajaba y notaba su respiración entrecortada y conformaba una mueca de dolor—no... no se que me pasa... no puedo... respirar—de repente sus ojos se cerraron y su cuerpo se desplomó.   Mis brazos actuaron al instante y la agarré justo antes de que llegase al suelo. Me senté en el suelo mientras que la inspeccionaba    —¿Y ahora qué le pasa?—refunfuñé para mis adentros.   Golpeé ligeramente su rostro para hacerla despertar.    —Eh—dije zarandeándola—oye, despierta.   Le alcé la falda sin miramiento alguno dejando sus piernas al descubierto.    —Joder...—Aquello fue lo único que fui capaz de pronunciar.    Ahora si podía decir que la cosa se me acaba de complicar completamente. Me llevé ambas manos a la cabeza apartándome el pelo que caía por mi frente mientras mis ojos no se apartaban de su pierna derecha o más bien a algo en específico.   El veneno de una cascabel podía ser mortal y la mordedura de su pierna tenía pinta de todo menos de buen aspecto. 
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD