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3026 Words
Chat Noir Me estaba echando a mí la culpa de todo. No jodas, no había sido yo el que había dejado sin familia a un niño de cinco años. Sabía que era un monstruo, de hecho estuve entrenándome durante quince años para llegar a ser lo que soy ahora: Un hombre al que la sociedad teme.  Podían  llamarme monstruo por robar, secuestrar y matar, pero todo lo que soy  ahora es por culpa de Los Dupain-Cheng. Yo no fui el que empezó con esta guerra, simplemente defiendo lo que un vez me quitaron.  Me moría de ganas de contarle por qué la tenía aquí, encerrada como un perro. Quería que supiese que estaba aquí para pagar la deuda de su familia, y no porque a mi me saliese de los huevos. Yo era tan monstruoso como su padre, y tal y como ella decía, si morir a mi lado era sencillo, hacerlo junto a su padre lo era aún más.  Terminé por morderme la lengua y no soltar una bomba de la que después me arrepentiría.  Sabía que ella no tenía ni idea de lo que sus padres hicieron en un pasado y sabía que por eso me odiaba, porque pensaba que yo la tenía aquí por gusto. En parte, prefería que siguiese odiándome, sería más fácil para los dos. Después de todo ese es el único sentimiento que se puede tener hacia la persona que te tiene en cautividad.  Fije mis ojos en su rostro, estaba llorando, aunque no sabía si era por el pájaro o porque le había dado un ataque de ansiedad claustrofóbica.  Entrecerré los ojos y la miré de la forma más fría que pude. Ella era mi prisionera y no tenía ningún derecho a hablarme así. Además ella trajo al pájaro aquí, y ella es la que tiene que acarrear las consecuencias.  Caminé hacia la puerta y cerré dando un estruendoso golpe. ... Marinette  Habían pasado tres días desde que había salido de ese cuarto, y desde entonces no lo había vuelto a hacer, simplemente porque Chat Noir no se había presentado en la habitación, ni siquiera para dormir.  Alya tampoco había venido, en su lugar me había llevado la comida otra mujer que parecía no tener ni una expresión en su cara.  En estos tres días me había dado tiempo a todo, y sobre todo a deprimirme. Sabía que mis palabras habían sido un claro insulto hacia él, pero en verdad no me arrepiento de haberlas dicho. Aquello era lo que pensaba y aunque me hubiese arrebatado la libertad no dejaría que también me quitasen la libertad de expresión.  Chat Noir me estaba haciendo mucho daño, y no me refería a lo físico, sino a lo psicológico. Me habían quitado a mi familia, me había quitado a mi madre, y nunca me dieron tiempo ni a despedirme de ella. Todo lo que ocurrió ese día fue muy rápido y lo único que recuerdo son todos los cuerpos masacrados y el corral de comedias hecho una ruina. Fue como una pesadilla, aunque con la diferencia de que en mi caso no podía despertar.  Suspiré y miré por la ventana, o lo poco que se podía ver por ella. Era lo que más se parecía al mundo exterior.  Si tan solo pudiera arrancar los barrotes y poder salir de allí...    Aún no comprendía mi estancia en ese lugar, no sabía por qué Chat Noir me había elegido para ser su mascota. Pero había escogido mal, no pensaba pasar el resto de mi vida de brazos cruzados y tumbada en una cama. Tenía muchos planes de futuro, sobre todo viajar. Mi sueño era coger un barco y recorrer el mundo entero, sobre todo visitar la India y todos los países de Asia, ver su cultura y como vivían. Para mi padre aquello era una locura, y ahora que estaba prisionera, lo era aún más.   —Toda mi vida es una completa basura— murmuré.   El sonido de la puerta abrirse de golpe me sobresaltó. Al principio pensé que sería la misma señora que me había traído la comida, pero para mi sorpresa era otra persona que desgraciadamente conocía. Levanté la mirada y sin decir nada me quedé ahí, observándolo. Él también estaba parado, de brazos cruzados. Enarcó una ceja siendo consciente de como mis ojos lo descuartizaban con la mirada.   —Nos vamos—soltó entonces.  Debo admitir que aquellas palabras fueron las últimas que esperé oír.  Caminó nuevamente hacia la salida y al percatarse de que no me movía se detuvo y se apoyó en el marco de la puerta.   —¿Vienes o no?—insistió con tono borde.   —¿Adonde? —inquirí con la confusión reflejada en mi cara.   —Dijiste que querías salir ¿No?—dijo.—Entonces no hagas preguntas y sígueme.   Lo miré con desconfianza, pero cuando vi que se iba sin mí y volvía a cerrarme la puerta, me apresuré a saltar de la cama y correr hacia él. Me colé por el pequeño hueco que quedaba en la puerta y salí.   —Eres rápida cuando quieres bichito—dijo con una sonrisa burlona, más prepotente. Se notaba que aquello le divertía.   No tenía ni idea de qué pretendía hacer conmigo, era como ir a ciegas y no ver por donde caminas.  —Había pensado en atarte y llevarte como mi perrito faldero, pero como vas a ser buena supongo que irás a mi lado y no intentarás nada raro.  Lo fulminé con la mirada. Odiaba cuando me comparaba con un animal, era simplemente humillante.    —A veces si que me gustaría ser un perrito faldero,—dije entonces con una fingida sonrisa. Él enarcó ambas cejas, descolocado por mis palabras—para poder arrancarte los ojos con los dientes y hacer tu piel tiras con las garras.  Soltó una carcajada socarrona.   —Hoy estás más agresiva que de costumbre ¿Has dormido mal?—se llevó una mano al mentón pensativo—¡Ya se! Tienes problemas con el color rojo.  ¿Pero que se cree?   —¿Me has sacado de la habitación solo para burlarte de mí?—quise saber.  —No solo para eso—dijo simplemente.  Pasamos por la orilla del arroyo y eso provocó que un escalofrío recorriese todo mi cuerpo. El resto  del trayecto lo pasamos tranquilamente, no dije nada y el tampoco. La incógnita me estaba matando y de Chat Noir podía esperar cualquier cosa.  ¿Y si planteaba matarme de una vez y enterrar mi cuerpo en una fosa para que nadie lo encontrase?  Tan solo pensar en esa idea mi cuerpo se tensaba.   Y mis sospechas se agudizaron cuando vi que nos deteníamos en una gran laguna rebosante de agua. Mis pupilas se hicieron pequeñas y  todo mi cuerpo comenzó a temblar.  No, cualquier cosa menos agua...  Tenía sentido, me había tenido encerrada para analizarme  y ver mi punto débil  cuando lo hiciese, lo utilizaría para acabar conmigo.   Me fijé en el agua, tan oscura y distante que me costaba mantener la mirada en ella. Parecía que no había fondo, como si de alguna forma te fueses a hundir eternamente.   —Quítate el vestido—me ordenó.  Esa frase me sacó de mis pensamientos.  "¿Qué?"  Mis ojos revolotearon hacia él y vi que se estaba quitando la camisa.  "Maldición"   —No... No voy a hacer eso—conseguí decir, dejando de lado los nervios y el temor que me estaban matando.   Chat Noir puso los ojos en blanco y lanzó su camisa negra hacia un lado.   —El vestido va a entorpecerte y te vas a ahondar—explicó con seriedad—no te lo recomiendo si esta va a ser la primera vez que vas a nadar.   "¿Cómo que nadar?"  Estaba loco si pensaba que me iba a desnudar frente a él y encima meterme en el agua. Esas dos cosas en un mismo día... Ni en broma.   —No voy a meterme ahí dentro, y mucho menos desnuda ¡¿En qué estás pensando?!—exclamé con nerviosismo.  Lo escuché maldecir para el mismo.   —j***r, no voy a hacerte nada —me aseguró—solo voy a quitarte ese miedo que le tienes al agua, al menos para que no parezcas más inútil de lo que ya eres.     —¡¿Cómo que inútil?!—exclamé furiosa.   —Bueno... Patética, si te gusta más.   —Mira... seré una inútil, una patética y todo lo que quieras llamarme—dije—pero yo en el agua no me meto.   Chat Noir resopló mostrando como su paciencia iba menguando.   —Mira esto se puedo hacer por las buenas o por las malas—dijo—está en ti decidir el camino más cómodo.   —No voy  a bañarme y tú no puedes obligarme—sentencié cruzándome de brazos.  Chat Noir enarcó una ceja  y me retó con sus ojos verdes.   —Venga no me hagas de ir y arrancarte ese vestido, porque como lo haga yo, va a pasar algo más que una clase de natación—amenazó.  Le sostuve con la mirada dejándole claro que no pensaba ceder.   —Tienes cinco segundos para quitarte esos trapos—levantó su mano y alzó el primer dedo —uno.  Por su mirada, sabía que no estaba de broma, pero el temor de ese lago era superior a cualquier cosa.   —Dos.  "Maldición ¿Y yo que hago?"   —Tres.  Me está poniendo nerviosa con la dichosa cuenta atrás.   —Cuatro.  Vi como comenzaba a caminar hacia mí, con ese semblante tan seguro de sí mismo que lo caracterizaba.   —Cinco.   Vale, este hombre iba a enserio.   —¡Está bien, está bien!—terminé diciendo mientras atropelladamente me iba despojando de mi vestido.  Su sonrisa de satisfacción era claramente perceptible.   Vi como seguía cada uno de mis movimientos con los ojos conforme me iba desvistiendo.  Me quedé con una muda que cubría mi entrepierna y parte de mis muslos, con un corpiño bastante deteriorado y una fina tela que ocultaba mi pecho. Más de eso no pensaba quitarme.   —El corpiño te va a pesar mucho cuando se moje—dijo.   —Me da igual, como si quiere pesar una tonelada—sentencié.  Se encogió de hombros y se quitó las botas.  Me quedé otra vez mirándolo, aprovechando que estaba de espaldas. La vida estaba muy mal repartida ¿Cómo podía ser alguien tan atractivo y tan retorcido a la vez? ¿No podía ser guapo y caballeroso?  Me hizo un gesto con la cabeza, incitándome a seguirlo. iba a meterse con los pantalones puestos, lo cual consideré injusto: Yo iba a estar en ropa interior y él no.  Miré hacia arriba, estaba bajo la copa de un árbol muy frondoso, a decir verdad y lo único que me apetecía era tumbarme debajo de él y disfrutar de la naturaleza que me rodeaba. Sin agua ni gatos molestos.   Así que, ignorando por completo a Chat Noir me senté y olvidé todo lo que me rodeaba. Solo necesitaba un poquito de paz y tranquilidad sin sentirme atrapada a todo momento. Nadar no me servía de nada, no era algo esencial en la vida, gracias al cielo vivimos en tierra y no en el mar como los peces. No entendía porque se le habrá metido en la cabeza enseñarme a nadar, pero de algo estaba segura: De ahí yo no me movía.   Noté como algo me nublaba el campo de visión, quitándome todo el sol de la cara.  Me contuve para no mandarlo a paseo, pero sabía que él era lo bastante orgulloso como hacérmelo pagar si le hacía alguna falta de respeto. Suspiré.   —No quiero meterme en el agua—murmuré pegando las rodillas en mi pecho y abrazándome las rodillas —Ya sabes que me da pánico.   —Te he traído hasta aquí precisamente para que dejes de tener miedo—aseguró él—.Así que deja de hacer el gilipollas y ven conmigo.   Negué varias veces con la cabeza, fijando la mirada en un puno exacto del suelo. No quería mirarlo.   Lo escuché gruñir y vi como se movía de un sitio a otro, como procesando lo que estaba a punto de hacer.    —Está bien. Tú lo has decidido, ahora no me vengas con que no te lo dije—dijo, y justo después se agachó para cogerme sin ningún esfuerzo en volandas y llevarme hacia el lago.   —¡No!—comencé a patalear con fuerza y a removerme con desesperación, pero solo conseguí que Chat Noir me sujetase con más fuerza. Cuando vi que estaba metiendo sus pies en el agua y caminaba hacia el interior, me apegué a él  y abracé su cuello con ambos brazos, como si en ese momento él fuese mi único soporte.—¡Por favor, detente! ¡No voy a poder...!   —Tranquilízate, bichito. No vas a ahogarse—dijo,  y por su tono de voz, sabía que aquello le hacía gracia.  Sentí el frescor del agua mojar mi cuerpo. El agua ya le llegaba  a Chat por la cintura. Fue justo en ese momento cuando dejó de hacer presión sobre mi cuerpo y caí al agua. Comencé  a chapotear con desesperación, sentí como mi ropa se empapaba y se hacía más pesada, y aunque mi cabeza no se metía en el agua, la sensación de no poder respirar estaba presente.  Chat Noir me agarró de uno de los brazos y me acercó a él de forma que choqué contra su esculpido torso. Me sujetó por la cintura y yo instintivamente volví a abrazarlo para que no volviese a soltarme, por más que lo odiase, pero esa mi supervivencia lo que estaba en juego en ese momento.  Vi como su rostro me miraba con su característica prepotencia y socarronería. Comenzó a acercarse. Sentí su frío aliento sobre mi cuello y como sus labios rozaban el lóbulo de mi oreja. Toda mi piel se erizó  y un fuerte escalofrío inundó mi columna vertebral.  —Te dije que te quitases el corpiño, bichito—susurró contra mi oreja.  Su voz me dejó paralizada, como si aquel gesto tan descarado hubiese provocado en mi algo que no había sentido nunca. Sentí como sus manos viajaban desde mi cintura hasta la parte trasera del corpiño y comenzó a desabrocharlo.  En otras circunstancias me hubiese negado rotundamente, pero mi cuerpo estaba en estado de shock. Bien por el agua o bien por el efecto que Chat Noir estaba provocando que mí.  Cuando me despojó de aquella molesta prenda, me sentí más ligera y menos pesada. Odiaba admitirlo pero este cretino tenía razón.  Sus manos me incitaron a separarme de él y la sola idea de encontrare nadando sola ya me aterrorizaba.   —Por favor no me sueltes—le pedí agarrándome con todas mis fuerzas.   —No voy a soltarte la mano—me aseguró, y el tono suave  relajado provocó que me girase para míralo. ¿Estaba siendo amable conmigo?—intenta hacerlo tú sola un momento.  Conseguí soltarle, pero la mano que Chat me tenía cogida la sujeté con fuerza.  Para mi sorpresa, sentí como mi cuerpo flotaba y no se ahondaba. ¿De verdad estaba nadando? ¿estaba en el agua sin ahogarme?   —Lo estoy haciendo...—murmuré para mí misma mientras sentía como la adrenalina de conseguir algo como aquello se apoderaba de mí—¡Lo estoy consiguiendo!   —Es más difícil ahogarse que nadar, bichito—me aseguró y metió su cabeza en el agua. Cuando salió comenzó a alborotar su cabello provocando que pequeñas gotitas de agua salpicasen mi cara—además, tocas el suelo perfectamente.  Pestañeé varias veces y con cautela estiré mis piernas hasta que mis pies tocaron la tierra húmeda del lago.  "Pero mira que eres idiota"  Cuando aseguré una buena superficie me liberé de su mano y lo solté.   —¿Quieres probar a bucear?—preguntó, pero mi atención estaba en las pequeñas gotas que resbalaban por su perfecto abdomen.   —Ni hablar, ya tengo bastante con estar aquí metida contigo—justo en ese momento sentí como algo se reliaba alrededor de mi tobillo. Solté un grito de terror y me abalancé hacia Chat, me agarré a su cuello y mis piernas se arrollaron alrededor de su cintura, de forma que mis pies no tocasen el suelo. Tal fue el miedo que me entró que ni siquiera me di cuenta de lo que acaba de hacer.  Él casi pierde el equilibrio hacia atrás pero logró reincorporarse, posando ambas manos sobre mi espalda para que no me cayese.  Fue en ese momento cuando mi mirada chocó con la suya esmerada.  Estábamos muy cerca... demasiado.  El tacto suave de sus manos sobre mi espalda provocaron en mi una sensación bochornosa que terminó por convertirse en un extremo calor que tiñó mis mejillas de rojo. Mi respiración se entremezcló con la de él.  El estaba igual de consternado que yo y por una vez no dijo ninguna de sus sarcásticas frases. Sentía su torso tenso contra mi pecho que captó su atención cuando sus ojos bajaron por mi cuello. Mi piel quedaba prácticamente al descubierto, la tela que me cubría estaba empapada y completamente translucida.  Por un momento me sentí tan desprotegida frente a él como un animalito asustado. Allí prácticamente apartados de todo y de todos  estaba completamente a su merced,  podía hacerme lo que él quisiese conmigo.  Quería leer su mirada, quería saber lo que estaba pensando en esos momentos, qué era lo que pasaba con su cabeza. Pero era como un libro cerrado, imposible de descifrar.  Pero había algo que estaba más claro que el agua en el que nadábamos y era que nuestros labios estaban a escasos centímetros de distancia. Solo hacía falta un ligero movimiento de cabeza para que ambos nos fundiésemos en un beso.  ¿Acaso sería capaz de besarlo? ¿Besar a mi secuestrador?   ¿Sería capaz de besarme él a mí? ¿Besar a su prisionera?  ¿Seríamos capaces de besarnos? ¿Besar a la persona a la que posiblemente más odiásemos en el mundo?
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