Capitulo 2: ¿Recordar el pasado?

5000 Words
Aquel ser seguía avanzando hacia él, por lo que Darius no dudó más y le disparó justo en el pecho. Pero el hombre siguió en pie y siguió avanzando. Darius disparo varios tiros, hasta quedarse sin balas. Por lo que esté ser aprovecho para poder acercarse a ellos con una velocidad sobrenatural. Atrapando entre sus ágiles manos a Michael. Mientras que Darius era lanzado por los aires. Chocando su espalda contra una gruesa columna, lasimandolo en el acto. Darius cayó al suelo sin más. Gimiendo de dolor pues aquello le había dolido tanto. Al ver esto el sujeto compuso una mueca un tanto extraña. Llena de preocupación podría decirse. Tanto así que estaba por lanzarse y tomar entre sus brazos al joven pero detuvo sus impulsos y aferró con más fuerza al pequeño Michael tomándolo por el cabello. -¡Darius!- gritó Michael completamente desesperado y muy preocupado al ver a su hermano mayor tirado en el suelo. El pelinegro, cómo pudo se levantó, apoyándose con el rifle que mantenia aún entre sus manos y valientemente encaro a aquel sujeto misterioso. -¡Suelta a mi hermano!- pidió con firmeza, dejando de lado su dolor. Pues a él lo único que le importaba era el bienestar de su pequeño hermano. Le dolía enormemente verlo retorcerse de dolor al ser tomado bruscamente por aquel sujeto indeseable. Cualquiera que se atreviera a dañar a su hermanito, podría considerarlo un enemigo seguro. -Podria hacerlo, pero tendrías que darme algo a cambio- Darius no podía creer que ahora este sujeto estuviese tratando de negociar con él. -Puedes tomar lo que quieras, pero deja a mi hermano en paz - habló Darius refiriéndose al dinero o joyas que sus padres podrían tener. Sin embargo aquel ser y a pesar de la tenue luz. Esbozo una sonrisa burlona que Darius pudo apreciar perfectamente. Más no supo decifrar el porque de ella. -No me interesa lo material- hizo una breve pausa, mirandolo fijamente-...el que me interesa en realidad,...eres tú - aquella respuesta dejó helado al joven pelinegro. Recordando las palabras que su hermano le había dicho con anterioridad. A quien quería aquel ser maligno era a él. -¿P-porque?- pregunto nervioso Darius. Pues no entendía que es lo que aquel sujeto quería de el. El hombre comenzó a caminar, llevando a rastras a Michael con el. Quien se quejaba aún de dolor. Avanzó hasta quedar cerca de una ventana, donde la luz de la luna entraba completamente. Fue entonces que la sangre de Darius se congelo aún más de ser posible y un escalofrío lo recorrió de la cabeza a los pies. Pues no se esperaba ver a esa persona ahí. Una cabellera rubia platinada y larga apareció ante el, al igual que unos hermosos ojos color violeta que permanecían bien clavados en él. Ese ser, aquella persona que había irrumpido en esa casa y había matado a todos los guardias y ahora tenía a su hermanito como rehén no era otro más que el Duque Agnew Kendrick. Aquel sujeto que recién había llegado al pueblo y al que había conocido durante la fiesta del Emperador. -P-pero.... usted - titubeó Darius. Retrocediendo unos cuantos pasos. Pues no podía creer que aquel sujeto fuese capaz de eso. Y que tuviera ese tipo de fuerza y velocidad inhumana- ¡¿Que rayos es usted?! -Yo, mi querido muchacho. Soy algo mucho más antiguo. Un ser poderoso e indestructible. Así que rindente de una vez ante mi. Pues no puedes hacer nada. Darius vio las posibles consecuencias que enfrentarse a él le traerían. En todas era probable que tanto Michael como el salieran lastimados o peor aún, muertos. Pero era eso, o acceder a irse con él. Pronto Darius comenzó a sentirse mal. Sientiendo su cuerpo demasiado pesado. No sé dio cuenta en qué momento los ojos del Duque habían cambiado a un color rojo intenso, casi llegando a oscurecerse. Parecía que estaba poniendo una especie de hechizo sobre el que lo obligó a caer nuevamente de rodillas. Agnew se acercó hasta donde estaba Darius. Rompiendo por completo el espacio personal. El más joven se maldijo a si mismo por no llevar otra arma consigo. -Es momento de irnos- Agnew soltó con fuerza a Michael, arrojandolo hacia una de las esquinas con demasiada brusquedad. Dejándolo inconciente en el acto. Darius trató de gritar y ponerse de pie pero era inútil. No podía. El poder que aquel sujeto ponía sobre el era demasiado. Muy a penas podía mover los ojos y levemente sus brazos. Agnew al encontrarse tan cerca de él. No pudo evitar acariciar con suavidad una de las mejillas de aquel joven tan encantador que le había robado sus pensamientos. Convirtiéndose a partir de ese día, que lo vio en el baile en su más grande obsesión. Darius trato de alejarse. El simple hecho de que aquel sujeto lo tocaste le resultaba repugnante. Fue entonces que vio una oportunidad. Agnew portaba una espada plateada. La cual traía colgando sobre su cinturón. Aprovecho que Agnew aún se encontraba demasiado embelesado con el. Que reuniendo todas sus fuerzas, logró tomar la espada entre sus manos. Rompiendo así el control que aquel sujeto ejercía sobre el. Agnew sinceramente no se esperaba eso. Admirando aún más al joven por la osadía que el demostraba. Esa determinación lo hacía muy atractivo a sus ojos. Pero a pesar de ser un ser inmortal, sabía que aquella espada, podía causarle un poco de daño. Y al ver cómo Darius la tomaba sin ningún problema supo que él era el indicado. Darius lo amenazó con la espada. Y Agnew no se movió ni un milímetro de su lugar. Por lo que sin despegar su mirada de el. Se acercó con cautela hasta donde se encontraba su hermano. Se agachó un poco, sin dejar de mirar a Agnew. Y tocó el pulso de Michael. Alegrandose de que aún siguiera con vida. Nuevamente se puso de pie. Tenía que acabar con esto. Tenía que matar a aquel sujeto. No permitiría que se lo llevase y mucho menos que se atreviera a tocar de nuevo a su hermano. Agnew sonrio, pues aquello comenzaba a ponerse interesante. Se puso en guardia. Dispuesto a recibir el primer golpe del más joven y aunque no tenía arma. Sus manos y su gran agilidad eran suficientes para poder luchar contra el. Darius se lanzó hacia el, tratando de clavarle la espada, pero solo logro hacerle un pequeño rasguño en uno de los costados. Rasgando también la tela de su vestimenta en el proceso. Así se mantuvieron durante un buen rato. Darius tratando de encestar correctamente la espada en alguna parte vital del cuerpo de Agnew, pero aquel era demasiado ágil y rápido para el. En un movimiento rápido. Y ante un descuido Agnew tomo la punta de la espada con una de sus manos. Pero no sangró, solo la herida quedó ahí. Aprovechando la distracción del joven ,Agnew volvió a acercarlo hacia el. Robándole la espada. Colocándola en su cuello. Darius se maldijo ante ese descuido tan estúpido de su parte pues, ahora se encontraba acorralado entre una pared y aquel hombre. Agnew enterró un poco la espada sobre el blanco y exquisito cuello de Darius. Provocándole una pequeña herida. Unas cuantas gotas de sangre comenzaron a emerger de la herida. Y Agnew comenzó a entrar en un frenesí. La sangre de Darius olía demasiado bien y eso lo enloquecía. Lanzó la espada a un lado. Aprisionando por completo a Darius contra la pared. Este trato de zafarse. Pero el Duque fue más rápido. Y lo tomó de ambas manos, colocándolas sin ningún esfuerzo sobre su cabeza. El cabello n***o de Darius se encontraba algo revuelto ante la batalla que anteriormente habían tenido. Haciendolo lucir más tentador y hermoso de lo que ya era. Agnew gruño y escondió su rostro sobre el pálido cuello del contrario. Lamiendo las gotas de sangre que seguían saliendo de la herida. Ante esto Darius se estremeció. Nadie nunca se habia atrevido a tocarlo de esa manera por lo que no pudo evitar sonrojarse. Se encontraba enojado si, pero muy avergonzado también. -Por....por favor no lo haga. Darius habia visto a las bestias de fuera morder a sus guardias y tuvo miedo que lo mismo le pasará a el. Sin embargo Agnew no lo escuchó. Y sin previo aviso mordió el niveo cuello de Darius. Este grito fuertemente. Y forcejeo, moviéndose de un lado a otro. El dolor era horrible. Y sentirlo succionando su sangre no era nada bonito y mucho menos agradable. Agnew se encontraba en una especie de transe. No podía dejar de beber la dulce y adictiva sangre del joven. Y ante esto Darius comenzaba a perder fuerza, sentía que la vida se le iba lenta y tortuosamente. Con dificultad, poso su vista en el pequeño cuerpo de su hermano que aún permanecían inconciente. Y le pidió perdón por no haberlo protegido hasta el final. Sus ojos comenzaban a cerrarse contra su voluntad. Dándose por vencido, supo que ese sería su fin. A lo que sin poderlo evitar perdió sus fuerzas, cerro sus ojos y se rindio ante la debilidad,desmayandose entre los fuertes brazos de Agnew Kendrick. Quien al darse cuenta de esto se detuvo de golpe. Había sido un imbécil al dejarse llevar, por poco y lo mataba. Lo bueno era que no había bebido completamente la sangre de Darius. Completamente satisfecho. Tomó a Darius entre sus brazos cargandolo al estilo princesa sacándolo de la biblioteca. Avanzo con él por toda la mansión hasta qué salió por la puerta de entrada, viendo en el jardín un desastre sin remedio alguno. Sus chicos se habían divertido de lo lindo. Y él había conseguido llevarse un gran tesoro. Le dedicó una ultima mirada al joven que llevaba en brazos. Y sonrió triunfante. Pronto sería suyo por toda la eternidad y nada ni nadie podría impedirlo. Uno de los subordinados de el que ya había vuelto a la normalidad se acercó hacia donde el estaba. Para preguntarle que más había por hacer. A lo que Agnew sin una pizca de remordimiento. Ordenó que quemarán la mansión aún con el pequeño Michael dentro de esta. El vampiro asintió e hizo una reverencia, y a continuación cumplió con la orden que su amo le había dado. Agnew llevo a Darius hasta el carruaje que aguardaba en lo profundo del bosque. Recostandolo sobre uno de los asientos. Se arrodilló ante el, quitando algunos mechones de su cabello de su bello rostro. -Se perfectamente, que si descubres esto que hice para tenerte a mi lado. Me odiarias demasiado. Pero no tenia otra opción. Todo esto lo hice por ti.- le habló a un inconciente Darius. Nuevamente acaricio su mejilla sonriendo de manera cálida y amorosa. Era la primera vez que se sentía así por alguien. Pero lo que más le sorprendió es que se tratara de un hombre quien le causará todo esto. Cosa que a él no le importaba en lo absoluto. Los vampiros no tenían problema en elegir a su pareja, no había una ley como tal, así que era libre de elegir si estar con un hombre o una mujer. Daba lo mismo, Estaba seguro que Darius era su Alma gemela. Aquel ser destinado a estar a su lado de por vida. Eso lo supo en cuanto lo vio. Acaricio su cara una vez más. Antes de morderse la muñeca con sus propios colmillos. Sangrando al instante. La sangre que salía desmesuradamente, era de un color mucho más rojizo que el de un humano normal. Aún así acercó su muñeca lastimada intencionalmente hacia la boca de Darius. Vertiendo aquel líquido rojo sobre sus labios. Haciendo que Darius se tomará todo el líquido hasta la última gota que le saliera. -No te preocupes, el proceso será doloroso una vez que despiertes, pero una de las ventajas es que habrás olvidado todo lo relacionado a tu vida pasada. A partir de ahora mi querido Darius, seremos solo tú y yo. Al terminar de darle de beber su sangre, la reacción fue casi inmediata, pues la herida en el cuello de Darius comenzó a cerrarse rápidamente. Solo quedando una extraña marca rojiza sobre el área. Una marca que lo hacía oficialmente suyo. Agnew sonrio ampliamente mientras contemplaba por la ventanilla del carruaje como es que toda evidencia y rastro de lo que el había hecho. Era borrado por aquel incendio al igual que la vida del pequeño Michael. Le pidió a su chófer que se encaminara hacia su castillo, a lo que esté obedeció. Agnew se sento en el asiento de enfrente. Sin quitarle la vista a su nueva y más bella adquisición. El carruaje se alejó, mientras al fondo la mansión de los Allen era consumida por el fuego completamente. (...….…..........) La transformación en un vampiro es dolorosa. Mueres sintiendo dolor y revives sintiendo lo mismo. Es como cuando un ser humano muere. Todo lo de tu cuerpo muere contigo, y cada líquido innecesario es expulsado de tu cuerpo. Por cada agujero de él, sin excepción alguna.. Suena asqueroso pero es parte de la muerte. Pero al menos cuando el humano muere no siente lo que un vampiro, ya que desafortunadamente esté trasciende, su alma y lo que alguna vez fue desaparece sin más de este plano. En cambio el vampiro, se queda aquí en la tierra de los vivos experimentando la muerte en vida. Y todo lo que está conlleva. Ese proceso asqueroso y doloroso lo puede sentir. Absolutamente todo... Una vez concluido el proceso. Te conviertes en un muerto viviente. Un ser errante que vive por toda la eternidad. Viendo pasar los días, los meses y años. Viendo morir gente conocida y la evolución de la humanidad con el paso del tiempo. Así como su crecimiento. Sintiendo envidia de aquellos que se van. Darius Kendrick era uno de esos vampiros que odiaban su existecia como tal. No recordaba en qué momento fue en qué se convirtió en uno de estos seres chupasangre. Solo sabía que habia sido rescatado por su creador: Agnew Kendrick durante la época victoriana. Según este le había contado que lo había sacado de las calles y le había ofrecido el regalo de la vida eterna y la salvación al encontrarse este muy enfermo. Una historia muy creíble. Pero a pesar de ello Darius sentía que aquello no era del todo la verdad. Pero jamás se ha atrevido a cuestionarlo. Corría el año 2023, en el mes de Mayo. Darius admiraba la ciudad de Nueva York, desde lo alto de uno de los edificios más grandes de esa bella ciudad. Desde ahí podía ver a las personas pasear y hablar animadamente entre ellos. Hace poco se habían mudado a Nueva York por negocios. Y ahora residian en una de las zonas más exclusivas de la ciudad. Una mansión enorme. Que para Darius parecía una fortaleza. Según tenía entendido ellos eran originarios de Londres. Pero con el pasar de los años fueron mudándose de país en país. Viendo las diferentes épocas pasar. Recordaba que Agnew era un noble de alto estatus en Inglaterra y gracias a ello se había hecho millonario, acumulando una gran fortuna que les permitía darse la vida y hacer lo que les viniera en gana. El edificio Empire State era demasiado bello.Y sin duda su favorito. Darius suspiro profundamente viendo hacia el cielo. En sus ratos libres y cuando Agnew se lo permitía. Podía escabullirse para poder admirar la ciudad en la que se encontrarán. Sentía que si se mantenía encerrado en la mansión y al lado de Agnew se sofocaba. Pues aquel era demasiado sobreprotector y celoso con él. Su cabello n***o, estaba ahora algo largo, y su piel era tan blanca y pálida. Sus ojos eran tan azules como dos bellos zafiros. Y su vestimenta consistía en unos pantalones de vestir negros, camisa del mismo color y sobre ella una gabardina larga, bien ceñida a su cuerpo. Era demasiado atractivo, poseyendo una belleza antinatural que cautivaba a más de uno. Él lo sabía y poco le importaba. A decir verdad, nada le interesaba. Solo sentía un vacío enorme y no sabía porque. Sentía la imperiosa necesidad de saberlo; de recordar su pasado. Pero no podía. Se sentía bloqueado. Por eso creía que mirando a los humanos podría quizá averiguar algo. Quizá podría encontrar algo, más no sabía que era aquello. Resignado, decidió volver a la mansión. Y de un salto se fue de ahí. Desapareciendo en la oscuridad de la noche. (......…..........) La mansión se encontraba algo alejada de la ciudad, pero aún así rodeada de otras que pertenecían a varias de las familias más ricas e influyentes del país. Agnew había decidido establecerse ahí por cuestiones de negocios. Ya que tenía varias fábricas de autos, y de ropa por la ciudad. Además de varios centros comerciales de los que era socio. Se encontraba en la sala de juntas de su casa. Ya que ese día tenia una reunión importante con varios socios e inversionistas. Todo esto a él le favorecía. Pues el dinero era una cosa escencial en su vida. Eso y por supuesto un hermoso joven encantador de pelo n***o. El cual siempre lo hacía enojar ya que Agnew trataba de involucrarlo en los negocios. Pero siemore que habia una junta, nunca se presentaba o se escapaba. Agnew sabía que lo hacía a propósito. Sin embargo no podía molestarse con el porque lo amaba demasiado. Y a pesar de que los años habían pasado, no había intentado nada con el. Pues desde que el joven se transformo en vampiro tomó una actitud un tanto osca y recelosa con el. Que no le permitía acercarse mucho. Sabía que Darius sentía gratitud por haberle salvado la vida. O al menos esa era la mentira que él le había dicho para encubrir su crimen. Una vez terminada la junta, mando a llamar a uno de sus más fieles empleados. Stuart Jackman un joven y atractivo vampiro. De cabello castaño largo y piel pálida. -¿Me ha llamado mi señor?- preguntó con elegancia y respeto hacia Agnew. -¿Darius ha regresado? Aquel joven castaño se molestó ante la sola mención de ese tipo. Más no lo demostró para su jefe. Solo reprimió sus sentimientos. -No señor. Aún no llega. Agnew suspiro cansado. Tocándose con exasperacion el puente de su fina nariz. -Bien, me informas cuando haya llegado, retirate- le ordenó. Stuart obedeció. Despidiéndose una vez más con una reverencia y saliendo del gran salón. Una vez afuera sintió un olor repugnantemente familiar y arrugó la nariz. Era Darius, que acababa de llegar e ingresaba a la mansión con la cabeza en alto y gran altivez. Al verlo Stuart apretó fuertemente los puños, reprimiendo las ganas de lanzarse y matarlo. Aunque sabía perfectamente que aquel chico era demasiado importante para su amo. Por eso creia que Darius se las daba de gran cosa, porque contaba con el apoyo incondicional de su líder. Darius camino despreocupado. Y subió las escaleras. La verdad era que se encontraba algo cansado y estresado. Pero antes de poder avanzar, Stuart se interpuso en su camino. Justo enfrente del salón donde Agnew se encontraba. -Hasta que te dignas a aparecer - le habló de mala gana y con un tono llenó de completa hostilidad. Darius solo rodó los ojos, y quiso hacerlo a un lado pero Stuart lo tomó con brusquedad del cuello de su gabardina. -¿Te crees intocable no es así?- le pregunto con demasiado coraje. Demostrando el gran odio que sentia por el. -¿Porque razón habria de hacerlo?- le respondió con otra pregunta en tono de burla, Darius. Pues él no sabía que era lo que ese tipo tan desagradable tenía contra de él. Prefería ignorarlo o evitarlo de ser necesario. Pero por alguna u otra razón. Siempre terminaban de esta manera. Así que ya estaba harto de que lo acusara siempre de lo mismo -Te crees Todopoderoso solo porque el señor Agnew te apoya- al fin le soltó la verdad. Darius ante esto solo elevó una ceja incredulo. Poco sabía de las emociones. Y estaba más que claro que los vampiros podían llegar a ser intensos en la manera de demostrarlas. Con gran facilidad se liberó del agarre de Stuart, pues a pesar de ser un vampiro también. El era uno de bajo rango a comparación de Darius. El era mucho más fuerte y sabía que podía acabar con él si se lo proponía. -¿Entonces estás celoso? , ¿No crees que es algo estúpido e infantil que lo estés?- rebatió Darius de manera desafiante. Provocando que Stuart solo apretara los puños con furia. - Si tienes algo que hablar con Agnew díselo a él personalmente, no tienes que meterme a mi en tus problemas o desquitarte conmigo. Darius quiso dejar la charla hasta allí, pero Stuart al sentirse humillado, con gran fuerza tomó a Darius nuevamente propinandole un fuerte puñetazo en una de sus mejillas. A pesar de no haberle dolido el golpe, si logró descolocarlo un poco. Solo atino a agarrarse la mejilla y miro a Stuart algo aturdido. -¡¿Me pueden explicar que rayos está pasando aquí?! - esa imponente voz había salido del gran salón. Tanto Stuart como Darius dirigieron su mirada encontrandose con Agnew, parado bajo el umbral de la puerta, mostrándose muy molesto. Stuart empezó a tener miedo. Había cometido un error demasiado grave. Y lo peor era que Su señor lo había atrapado en el acto. -S-señor yo.... - trato de decir, pero Agnew solo levanto la mano, pidiéndole con ese gesto que se callara. Salió brevemente del salón, dirigiéndose hacia Darius. Este solo se enderezó y lo miro sin ningún sentimiento de por medio. Agnew tomo el rostro de Darius entre sus manos, acunandolo como si de algo valioso se tratara. Miro con atención donde Stuart lo había golpeado, notando a penas una pequeña marca roja. Eso lo alivio un poco. Ya que sabía que sanaria totalmente. -Te he estado esperando, te he dicho que cuando salgas me avises- le reprochó, pero Darius solo tomo sus manos, alejándolas de su cara. - entra al salón, tengo que hablar contigo - sin decir palabras alguna o dirigirle la mirada a Stuart, Darius obedeció. Una vez que esté se fue, el aura y el enojo de Agnew se hizo visible. Stuart realmente tuvo miedo. Así como él lo había creado, él podría destruirlo cuando quisiera. -Stuart...- lo llamo, con voz gruesa y profunda. Este al llamado respondió torpemente e hizo una breve reverencia ante el, disculpándose por lo que había hecho. Agnew se giro para verlo. Su mirada se había vuelto totalmente carmesí. Brillando como el fuego mismo. -Te lo advertire solo una vez, si vuelves a tocar a Darius, date por muerto- sentenció Agnew de manera amenazadora. Y Stuart sabía que este hablaba muy en serio. Por lo que solo supo agachar la mirada,disculparse de nuevo y temblar de miedo. -Largate de mi vista, no te vuelvas a parar por aquí hasta que yo te llamé - le ordenó, orden que Stuart no pudo desobedecer. Rápidamente desapareció. Y Agnew entró al salón, cerrando las enormes puertas detrás de el. Cuando estuvo ahí, observó a Darius quien permanecían de pie, mirando por la ventana. -¿Dónde estuviste?- le cuestionó con verdadera preocupación. Sin embargo Darius no respondió. - ¿Sabes lo preocupado que estaba?- ante esa última pregunta Darius lo miro finalmente. - Te he dicho que Cuando salgas me avises. -No soy un maldito niño, Agnew. Y mucho menos una marioneta que puedas manejar a tu antojo - le respondió con gran valentía y osadez. A pesar de saber que Agnew era su creador. No sentia la necesidad de adularlo y besarle los pies como lo hacían los demás vampiros. Agnew sin embargo y en lugar de molestarse, se sintió sumamente extasiado ante la Osca actitud de Darius. Pues a pesar de tantos siglos, él seguía igual de rebelde y encantador como siempre. Encantado se acercó hasta el, y con una de sus manos acaricio su mejilla. Ganas le faltaban para poder besarlo a su antojo y hacerlo suyo. Pero sabía que no podía. Sabía que tenia que suprimir esos deseos en lo más profundo de su ser. Darius solo se dejó tocar por el. Eso ya era una costumbre. Pero no le veía nada malo. Además el era un poco ingenuo y no se daba cuenta de las verdaderas intenciones de Agnew. -Si terminaste de regañarme, me iré a mi habitación - dijo, apartando la mano de Agnew de su cara. Este solo suspiro derrotado, pero aún así no se daría por vencido. -Quiero que estés presente mañana en una junta que se llevará a cabo a las 12 del medio día. -¿No es algo estúpido que siendo vampiros nos mostremos a plena luz del día? -No nos expondremos totalmente al sol. Solo iremos a una de las fábricas de uno de los inversionistas. Quiero que comiences a involucrarte más con los negocios familiares -¿Familiares dices? Tu no eres mi padre -Pero yo te cree -Eso es muy diferente. Yo no te lo pedí. Además no somos ni siquiera de la misma sangre. -Para mi eres alguien importante. Recuerda que desde el principio, desde aquel año de 1823 hemos sido tu y yo. -¿Recuerdos? - murmuró Darius, perdido en sus pensamientos. Poco recordaba de lo que había vivido en esa época. Solo recordaba cuando despertó y se convirtió en lo que era ahora. No recordaba más allá de su vida pasada. Ni eso que Agnew se cansaba de repetirle; su historia de agnoia y enfermedad. -Yo no tengo recuerdos de mi pasado y bien lo sabes. -Ya te he dicho cuáles son. Me duele que no confíes en mi- hablo dolido Agnew. Pero sin sentirlo realmente. Él tenia sus razones para haber hecho lo que hizo. Y eso era tenerlo a su lado para siempre. -¿Cómo se que me estás diciendo la verdad? - Agnew se dio cuenta de que Darius de un tiempo para acá comenzaba a cuestionarse sobre su existencia. Y el hecho de haberse convertido. No supo que responder. Así que guardo silencio. -¿Y me pides que confíe en ti? - le reprochó el joven vampiro con cierto deje de desilusión en su voz. -Bueno ya no hablemos de eso- carraspeo la garganta, aclarandosela antes de volver a hablar y retomar el tema de los negocios. -Sinceramente no sé porque tienes ese afán de seguir produciendo dinero, somos inmortales. Lo que tienes es suficiente para vivir de por vida. -Nunca está de Más tener un buen respaldo financiero. Además recuerda que cada cierto tiempo tenemos que fingir nuestras muertes. También está el poder y el estatus social. Caballeros como nosotros no deben pasar por mendigos aún sea así cambie la época en la que nos encontremos. Me niego a eso. -Ni me lo recuerdes. Eso es realmente desagradable.- Dijo Darius refiriéndose claramente a las estúpidas muertes que había tenido que fingir durante siglos. -Por eso hay que estar bien preparado y tener lo suficiente para vivir. Recuerda que es nuestra maldición. Darius nuevamente quiso rebatirle que él jamás quiso eso. Pero sabía que era inútil. Por lo que solo asintió dándole la razón esta vez. Agnew se acercó hasta el y lo abrazo con fuerza. -Nos tenemos el uno al otro y como tal tenemos que seguir juntos. No podemos separarnos. - le dijo. Y al mismo tiempo descubría el cuello de Darius, observando, completamente maravillado la marca que le había hecho él hace ya muchísimos años. Agnew dejo un casto beso sobre esa marca, haciéndolo temblar levemente, aun le resultaba algo incomodo que siempre hiciera eso. Por lo que avergonzado alejó a Agnew de el, tapándose la marca con el cuello de su gabardina. Darius se separó lo suficiente de el y decidió retirarse a su habitación. No sabía porque se sentía incómodo con el simple hecho de que Agnew lo tocara con tanta libertad. Estaba a punto de irse, cuando Agnew le dijo que la hora de cenar se habia llegado. Darius solo asintió y siguió a Agnew hasta el comedor. Una vez ahí. Entraron ambos. Encontrándose con una bella mujer de cabello rojizo y de cuerpo voluptuoso. Había varios vampiros ahí, entre ellos Stuart. Quienes miraban a la mujer realmente deseosos. Esta se encontraba recostada sobre la mesa, completamente atada de pies y manos. Forcejeando por liberarse y llorando descontroladamente. Esta se encontraba también con un pañuelo en su boca impidiéndole gritar. Darius se sintió realmente asqueado. Si no fuera porque realmente necesitaba alimentarse de sangre no lo haría. Esto era vital para él o de lo contrario moriría si no bebiera sangre de vez en cuando. Hasta ahora se había mantenido bebiendo la sangre de animales, claro a escondidas de Agnew. Pero había ocasiones como está en la que capturaban a una chica desafortunada, o cualquier chico tambien. Poco les importaba el género, la edad o si ellos tenían a alguien esperándolos. Trayendolos bajo engaños a la mansión y después todos los de la familia, bebian de su sangre, hasta la última gota. Agnew se sentó sobre la silla principal. Ya que como cabecilla y líder del grupo, debía hacer los honores y servirse el primero. Darius siempre se sentaba a un lado de el. -Primero que nada, quiero agradecerle a Myron por habernos traído la cena el día de hoy- le habló directamente a un chico alto y fornido. Realmente guapo, de cabello n***o que llevaba ya varios años dentro del clan. -De nada, mi Lord. Es un placer serle útil.-hablo de manera engreída. Lo que aquí reinaba era la competencia por ver quién era el que complacía mejor a su amo y señor. Cosa que a Darius no le interesaba en lo absoluto. Pronto Agnew hizo los honores. La chica trato de zafarse y retroceder lejos de ahí.
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