Siento que han pasado muchas horas desde que me dejaron encerrada. Estoy completamente sola, cosa que es muy raro, pensé que la cárcel estaría llena de violadores y asesinos, pero no, esta completamente vacía, a excepción de mí. No puede ser que desde que llegue a la ciudad, solo me la he pasado encerrada. Necesito salir a un bar, o a comer a un restaurante. A parte de eso, no he ido a ver mi negocio y apuesto que tengo la bandeja de mi correo a punto de explotar. Escucho unos pasos acercarse y mis sentidos se ponen alerta. La detective que siempre me atiende, abre la puerta de mi celda y entra con un paquete en las manos y una sonrisa en su rostro. -Hola – saluda animadamente. -Hola – digo seca. -Entiendo tu mal genio, hasta yo estaría de mal humor si me encerraran en la cárcel, sien

