Más de un mes después de la partida de Valentín, Victoria se encontraba en el pasillo del hospital observando por un vidrio a su pequeño hijo en la sala de neo-natología, había nacido con solo siete meses un par de semanas atrás y por suerte todo iba realmente bien. La felicidad por saber que su pequeño estaba bien la había ayudado a superar el trago amargo de separarse de su esposo, así que podía decirse que estaba bien. Intentaba mantenerse ocupada para no pensar demasiado y por suerte tener siete hijos y un trabajo exigente la ayudaba a lograrlo.
- Si sigue así, mañana lo llevas a casa – Damián se acercó a ella que le sonrió agradecida y dejó que la abrazara por los hombros – es un niño perfecto.
- Gracias al cielo – dijo ella – es casi un milagro con todo lo que pasó.
- Si – dijo Damián – un hermoso milagro – ambos suspiraron.
- Victoria – una voz masculina los interrumpió, se giraron y se encontraron a un hombre joven que los observaba serio, ella sonrió.
- Javier – saludó Damián al nuevo custodio de su amiga, que no le gustaba para nada, y el sentimiento era mutuo.
- Doctor – dijo sin mirarlo y se acercó hacia la mujer – ya es tarde debemos volver – le dijo, ella suspiró.
- Voy a preparar todo para que te lleves a Bautista mañana – le dijo Damián – esta es la última noche que te queda para dormir así que disfrútala – le besó la frente sonriendo.
- No voy a pegar un ojo de la emoción – dijo ella y se marchó – no puedo creer que mi bebé va a estar en casa mañana al fin – le dijo a Javier que la observó sonriendo.
- Me alegro mucho por vos – le dijo y le acarició la pierna por sobre la falda del vestido, para Victoria era solo un gesto de afecto, pero el aprovechaba cualquier oportunidad para tener contacto con su cuerpo.
Llegaron a la casa que ahora estaba fuertemente custodiada, nadie entraba ni salía sin autorización y cada m*****o de la familia tenía un custodio personal. Todas eran disposiciones de Javier para mantener a la familia "segura". Las cosas habían cambiado mucho desde que Valentín se había marchado, sus hijas mantenían muy poco contacto con el resto de la familia, por cuestiones de seguridad según Javier, a nadie le gustaba lo que pasaba, pero Victoria confiaba en él y de esa forma se sentía más segura, así que para no perturbar su paz todos acataban las directivas. El clima en la mansión era tenso, las niñas odiaban que alguien las siguiera a todos lados y aunque no querían reconocerlo extrañaban a su padre, demasiado. Se sentaron a cenar, con Javier ocupando el lugar de Valentín, algo que molestaba mucho a sus hijas, pero no había manera de cambiarlo. Ninguna de las niñas estaban cómodas con su presencia, pero Victoria tenía la cabeza en cualquier parte y no lo notaba, y ellas no querían darle preocupaciones innecesarios por temor a que sufra un colapso nervioso o algo por el estilo. Francisco ya no seguía viviendo con ellas porque Javier le había hecho la vida imposible y tuvo que irse antes de asesinarlo. Comieron charlando de cosas de triviales y al finalizar Victoria se quedó a solas con Javier y él aprovechó el momento, se paró detrás de ella que se sujetaba la cabeza con ambas manos debido a una jaqueca, y comenzó a masajear sus hombros.
- Estas muy tensa – le dijo.
- Me duele mucho la cabeza – le dijo ella, disfrutando un poco del contacto, él sonrió, dejó su tarea y de su bolsillo sacó un frasco de pastillas y le ofreció dos – gracias – dijo Victoria y se las tomó – es lo único que hace que el dolor se vaya.
- Son muy buenas – dijo él retomando el masaje, sintiendo como el cuerpo de ella comenzaba a ponerse liviano a medida que los fármacos hacían su efecto – cien por cien natural - le mintió.
- Eres un genio – le dijo poniéndose de pie, de repente se moría de sueño, no pudo evitar bostezar – me voy a dormir, ¿levantas esto? – le señaló la mesa, el asintió sonriendo y ella se fue.
- Limpien – ordenó a dos hombres que custodiaban la casa y él subió las escaleras, entró al cuarto de Victoria y la vio recostada en la cama, aun con los zapatos puestos, totalmente inconsciente. Cerró con llave la puerta y como lo hacía todas las noches desde que ella había salido del hospital, se acercó para deleitarse a su antojo con su cuerpo. Por el momento se contentaba con tocarla, porque él quería que estuviera despierta cuando la hiciera suya. Victoria no sentía absolutamente nada y al otro día se levantaba como nueva, hasta que los dolores de cabeza, cada más frecuentes, se hacían presentes, todo como consecuencia de las drogas que Javier le suministraba, ya sea como falsos analgésicos o triturados en su comida y bebida.
- ¿Y mi mamá? – preguntó Elena a Javier al llegar al comedor y no ver a su madre.
- Duerme – dijo él sin mirarla y de mala manera – está muy cansada – Elena solo asintió con la cabeza y se dispuso a desayunar, apenas probó bocado, no le tenía nada de confianza y prefería no ingerir nada que él hubiera tocado.
- Buenos días – Emilia llegó y también notó la ausencia de su madre, miró a su hermana buscando una respuesta y ella con un gesto le dijo que después hablarían, las demás niñas llegaron luego y desayunaron en silencio preguntándose porque su madre no se despertaba aun. Era un día viernes, y se fueron muy preocupadas al colegio.
- No me gusta Javier – Elena se encontraba en el recreo charlando con Rubén, el asentía sin quitar los ojos de encima del custodio que seguía a sol y a sombra a su prima, a él tampoco le gustaba – no nos deja tener teléfonos ni Internet porque dice que es peligroso, estamos encerradas en esa casa – dijo sin elevar demasiado la voz, no quería que su sombra la escuchara – y mi mamá – se mordió el labio – no está bien Rubén – le dijo con lágrimas en los ojos - parece alma en pena, no tiene ni fuerzas para caminar y Javier la maneja como un títere.
- Si lo noté – dijo el chico – tiene casi siempre los ojos vidriosos y la mirada perdida.
- Tengo miedo – le dijo y él la abrazó - ¿Qué vamos a hacer?
- No sé – dijo él – tienen que alejarse de él.
- No voy a dejarla sola con ese tipo – le dijo ella – la forma en que la mira me revuelve el estómago, ni siquiera mi papá en sus días de más excitación la miraba así.
- ¿Qué sabes de él? – le preguntó Rubén.
- Nada – dijo ella – no tenemos forma de comunicarnos ¿vos lo podes llamar?
- No sé si sea lo mejor – dijo el chico algo reacio a hablar con su tío.
- Por favor Rubén – dijo Elena con los ojos llenos de lágrimas – por nosotras, por mamá, él es el único que puede sacar a Javier de la casa.
- No sé dónde está – dijo abrazándola de nuevo.
- La abuela seguro sabe – dijo ella y él asintió – pero no uses tus teléfonos, creo que los tiene intervenidos a todos.
- No seas tan paranoica tampoco – le dijo sonriendo, ella lo golpeó.
- Mejor prevenir que lamentar – dijo ella.
Una semana después de aquello todo seguía igual y peor, Victoria apenas tenía fuerza para levantarse de la cama, Bautista estaba en la casa a cuidado de una niñera que Javier había contratado y nadie se podía acercar a Victoria porque él no lo permitía, siempre ponía excusas y sus hijas sola podían verla desde la puerta de la recamara, porque no las dejaba avanzar más.
Todas se encontraban en la sala de estudio acabando sus tareas en perfecto silencio, ya que tenían prohibido charlar mientras estudiaban y en cada esquina había un custodio para asegurarse que cumplieran, se sentían en una prisión y todas tenían el presentimiento de que algo malo ocurría con su madre y ellas no podían hacer nada, incluso se les dificultaba contactarse con sus tíos y su abuelo, porque siempre tenían a uno de esos tipos pegados a ellas, y solo salían al colegio, el resto del tiempo lo pasaban encerradas.
- ¡Por qué esta es mi casa! – escucharon una voz muy familiar gritando en la puerta y sin pedir permiso salieron corriendo hacia allí, se encontraron con Valentín luchando con dos guardias que querían sacarlo, pero él, con una muleta bajo el brazo y la pierna visiblemente lastimada no se dejaba – si no se corren por las buenas, los corro por las malas.
- ¡Papá! – Matilda gritó y corrió a su encuentro, con esto los hombres dejaron de luchar, Valentín no pudo agacharse para abrazarla pero lo hizo desde arriba, Manuela imitó a su hermana y las dos se quedaron abrazadas a sus piernas, Valentín miró a sus otras hijas, que se contuvieron las ganas de correr a abrazarlo pero le sonrieron felices, afuera se escuchaban quejidos y más forcejeo.
- ¡El viene conmigo! – gritó y los custodios dejaron avanzar a un hombre joven que cargaba el equipaje, ingresó a la casa quejándose.
- ¿Por qué tanta seguridad? ¿Acaso vive el presidente aquí? – preguntó de mala gana dejando sin ninguna delicadeza las maletas en el piso, Valentín bufó.
- ¿Qué sucede? – Javier bajó las escaleras luciendo agitado y molesto, lo habían interrumpido en su rato a solas con Victoria, pero al ver a Valentín parado en la puerta empalideció – vos no podes estar aquí – le dijo seguro, Valentín rió.
- Esta es mi casa – dijo y caminó con su muleta hacia él, Javier se relajó al ver que estaba lesionado – así que baja los humos y decime dónde está mi esposa.
- Victoria está descansando – dijo apretando los dientes – y no vas a molestarla – Valentín no lo escuchó, subió las escaleras, seguido de sus hijas, el hombre que lo acompañaba, Javier y dos hombres más, cuando avanzaba por el pasillo escuchó el llanto de un bebé y su corazón le latió con furia, su hijo estaba a metros de él, cambió de rumbo siguiendo el sonido y sin tocar abrió la puerta de la habitación, casi se muere al ver como una mujer sacudía al pequeño niño exigiéndole que se callara. Se acercó a ella.
- No sé quién eres pero tenés medio minuto para salir de mi casa – le habló con ese tono que le ponía la piel de gallina hasta al más valiente de sus enemigos, ella lo observó pálida y le entregó el niño antes de salir corriendo de allí, Valentín se sentó para poder dejar la muleta y cargar bien al pequeño que no dejaba de llorar – Elena pásame el biberón – le pidió y ella se lo dio, antes de darle de beber comprobó la temperatura y la notó hervida – enfríala un poco por favor – le pidió y ella obedeció, mientras tanto mecía al niño que poco a poco iba calmándose y terminó de hacerlo cuando pudo beber su leche. Por primera vez el pequeño Bautista se durmió en los brazos de su padre que no cabía en sí de la dicha de tenerlo así, había soñado tanto con ese momento que le parecía mentira estar así, pero no tenía tiempo para disfrutarlo como correspondía, Victoria aún estaba en problemas - ¿lo podes acostar en la cuna? – Le pidió a su acompañante que inmediatamente le obedeció, los demás estaban en silencio observando todo – ahora vamos a ver a su madre – dijo decidido y salió rumbo a su habitación. Javier estaba ahí, sin saber cómo ocultar lo que había estado haciendo, ya que Victoria estaba inconsciente y en ropa interior, Valentín lo notó pero no dijo nada para no preocupar más a sus hijas, se acercó a ella y le acarició la frente con delicadeza, la notó afiebrada y muy pálida – tiene fiebre – dijo y su compañero de viaje se acercó para comprobarlo.
- Y mucha – le dijo – prepara la tina con agua tibia para bajársela un poco – Javier se quedó mirando sin moverse, así que Elena y Alicia hicieron el trabajo.
- Voy a llamar a un médico – dijo Valentín.
- Ya la vio un médico y dijo que es cansancio – avisó Javier.
- Pero resulta que yo quiero que la vea otro médico y me lo diga en la cara – respondió Valentín y quiso cargarla en sus brazos para llevarla el baño, pero no pudo.
- Yo la llevó – dijo Javier relamiéndose por poder tocarla de nuevo.
- No - dijo Valentín – Enzo llévala voz – le indicó al hombre que lo acompañaba, que obedeció de inmediato, suavemente la colocó en la tina y ella se estremeció al sentir el agua contra su piel que hervía, abrió de a poco los ojos y se encontró con un rostro que no conocía mirándola serio.
- ¿Quién eres? – le preguntó confundida y tiritando.
- Mi nombre es Enzo Marín – dijo sonriendo – trabajo para su esposo – le indicó y Victoria notó que detrás de él estaba parado Valentín, sentía la cabeza tan abombada que no podía reconocer si aquello era la realidad o era un sueño, porque no se sentía despierta del todo, le costaba muchísimo mantener abiertos los ojos – Valentín – murmuró antes de caer dormida de nuevo. Enzo la tuvo en el agua por un tiempo más, hasta que consiguió que la fiebre le bajara un poco y luego la sacó y envuelta en una toalla la llevó a la cama, ante la atenta mirada de todos, al salir se encontró con dos nuevos hombres que no parecían ser custodios.
- ¿Cómo está? – preguntó uno, el mayor de los dos y se acercó a examinarla – tiene el pulso muy débil y la respiración agitada.
- Me parece una sobredosis a mí – dijo Enzo y todos lo miraron sorprendidos – es lo que me parece, que está al borde de una sobredosis por algún fármaco.
- Eso es imposible – dijo el otro hombre – Victoria sabe que ella no tiene que tomar esas cosas y menos sin consultarnos.
- ¿Ustedes son? – preguntó.
- Mi nombre es Damián y soy amigo de Victoria y su médico – se estrecharon las manos.
- Enzo, enfermero y amigo de Valentín – se presentó por primera vez a la familia.
- Nicolás – dijo Nico sin apartarse de su hermana – hermano de Victoria y soy psiquiatra.
- Un gusto – dijo Enzo – ahora en mi humilde opinión la señora tiene que desintoxicarse.
- ¿De dónde sacaría psicofármacos? – preguntó Nicolás que conocía los peligros de esas cosas.
- No sé – dijo Valentín, aunque tenía una idea muy clara del posible origen – lo importante ahora es ayudarla, hay que llevarla al hospital – dijo firme, los demás asintieron.
- Ya llamé a una ambulancia – dijo Damián y se alejó un poco para confirmar si ya estaban en camino.
Apenas ingresó comenzaron a hacerle los estudios, Nico se había quedado cuidando a sus sobrinas y cuando los demás se enteraron Clara y Cinthya se le unieron, los demás se fueron al hospital.
Valentín esperaba en la sala junto a Enzo cuando vio llegar a sus ahora ex cuñados, algunos sobrinos y a Armando. Se miraron sin decir nada por unos instantes, hasta que llegó Damián con algunas novedades. Valentín como pudo se puso de pie, ya que su pierna herida le dolía muchísimo.
- Estaba al borde de un sobredosis – dijo serio – todavía no determinamos todos los fármacos pero es un cóctel peligroso lo que estuvo consumiendo, muchos que no deberían mezclarse entre ellos.
- ¿Eso qué significa? – preguntó Armando.
- Me parece un intento de s******o – dijo Damián sin poder creerlo – esa combinación de pastillas no tiene otro motivo más que buscar la muerte.
- Victoria jamás se suicidaría – dijo seguro Valentín, bastante molesto porque la familia de su esposa consideraran esa posibilidad – parece que no la conocieran.
- Quedó bastante mal después de lo que le hiciste – dijo Patricio.
- Se nota que no conoces a tu hermana – le respondió - ¿puedo verla? – Le preguntó a Damián ignorando a los demás, luego se disculparía con ellos, ahora la prioridad era Victoria, Damián no sabía que decir – sigue siendo mi esposa – le dijo serio – tengo todo el derecho a verla.
- Esta inconsciente todavía, supongo que en unas horas va a despertar – dijo sin mirarlo – pero podes verla.
- Gracias – dijo Valentín y comenzó a dirigirse a la habitación y al hacerlo notó lo mucho que le dolía la pierna.
- Si seguís así no te va a sanar nunca la pierna – le avisó Enzo desde atrás – después no me culpes a mí – Valentín ingresó a la habitación y Enzo se quedó con todos ahí que lo miraban curiosos – somos novios – dijo serio, le divertía muchísimo ver las reacciones de las personas cuando él insinuaba que ellos eran pareja, pero ahora nadie lo creyó – yo soy su enfermero, me contrató para rehabilitarlo y para hacer todas las cosas que no puede, soy Enzo Marín, un gusto.
- Un gusto Enzo – dijo Armando – soy Armando el padre de Victoria.
- Lo supuse por los ojos – dijo el chico – tu hija es hermosa – confesó sin ningún pudor – no entiendo como el idiota de Valentín la engañó, ¿Qué más podría querer un hombre? – dijo y con eso se ganó la simpatía de todos allí, luego de las presentaciones siguieron interrogándolo.
- ¿Y por qué está lastimado? – preguntó Pablo.
- Un semental lo tiró – dijo divertido – en el pueblo todavía hablan de eso, el dueño de una de las estancias más grandes no sabe montar a caballo, como se burlan de él es genial – todos rieron por esto - ¿quieren ver el vídeo? – les preguntó y todos asintieron, entonces se puso a reproducir el vídeo que Andrés, el hijo de Raquel, había filmado y distribuido por todos lados.
Victoria comenzó a abrir lentamente los ojos, se sentía mareada y perdida, cuando cayó en cuenta de que estaba otra vez en un hospital bufó molesta, de los últimos seis meses había pasado demasiado tiempo en ese lugar, suspiró y observó la habitación que parecía vacía, pero al mirar a su derecha se encontró a su esposo que la observaba serio.
- ¿Qué haces aquí? – le dijo con un hilo de voz.
- Me aseguro que estés bien – dijo él – a pesar de que estemos separados tu seguridad y la de mis hijos sigue siendo mi prioridad.
- No hace falta – le dijo ella retirando la vista de él, se sentía demasiado débil y vulnerable para enfrentarlo, así que el techo le resultaba muy interesante.
- ¿Cómo te sentís? – le preguntó suavemente, no sabía cómo actuar con ella, ni que hacer, se moría de ganas de abrazarla pero no quería perturbarla.
- Me siento muy mal – le dijo segura – no tengo fuerzas para nada – Valentín suspiró.
- Son los efectos de las drogas que tomabas – ella lo observó sorprendida.
- Yo no tomaba ninguna droga – le dijo con el ceño fruncido, ofendida por la acusación.
- Encontraron un cóctel interesante en tu sangre – le dijo él – casi morís de sobredosis.
- Yo no tomé nada – dijo con lágrimas en los ojos, que el creyera que ella era capaz de hacer algo así le dolía demasiado.
- Yo sé que no las tomaste conscientemente – dijo para calmarla – pero alguien te las estaba dando.
- No es posible – dijo ella – estamos muy custodiadas y seguras con Javier y su equipo, nadie puede acercarse para algo así, debe ser un error – Valentín bufó.
- No hay ningún error Victoria – le dijo poniéndose de pie – o quisiste matarte o alguien intentó asesinarte.
- ¿De nuevo? – Dijo ella llorando - ¿Qué pude haber hecho de malo para que todo el mundo quiera matarme?
- Mi amor – le dijo con dulzura – vos no hiciste nada malo, si eres un angelito – ella lo observó sin decir nada – alguien quiere dañarme a mí, y saben que eres mi debilidad.
- Avísales que ahora Tamara es tu debilidad así la van a matar a ella – dijo molesta, el sintió que mil agujas le atravesaban el pecho – vos y yo no tenemos nada más que ver, salvo que eres el padre de mis hijos.
- El problema es que yo te amo – dijo seguro mirándola a los ojos – y el que está haciendo esto lo sabe.
- Dile que se equivoca que vos no me amas, así me dejan en paz – le dijo con rabia.
- Eso es mentira – dijo él – porque yo te amo y nunca podría negarlo.
- No quiero escucharte decir lo mucho que me amas, asquerosa rata traidora – le dijo volviendo a sonar como ella misma después de mucho tiempo – si me amaras no me harías sufrir.
- Ahora no vamos a hablar de eso – dijo porque no quería comenzar una discusión con ella en ese estado – tenés que recuperarte – y se sentó de nuevo.
- ¿Y Javier? – Preguntó ella, Valentín blanqueó los ojos – él puede cuidarme así vos seguís con tus cosas.
- Te lo voy a decir una sola vez – le dijo serio – la próxima vez que yo vea a ese tipo cerca de ti, él va a necesitar un custodio – Victoria lo observó seria.
- No sé qué ideas te hiciste – lo regañó – pero Javier es mi custodio nada más y si fuera otra cosa no es tu asunto, no tenés ningún derecho a reclamarme nada – el rió simplemente, no era por celos que iba a molerlo a golpes.
- Bebe – le dijo tranquilo – si vos no tomaste las drogas te las dio él y no querés saber que te hacia mientras estabas inconsciente – ella abrió los ojos.
- No puedo creer, el no haría algo así – dijo incrédula, aunque tenía sentido, muchas veces despertaba sin entender porque estaba desnuda.
- Todo apunta a él – le dijo seguro – me imagino que ya se fue de la casa con su gente.
- ¿Qué vas a hacer? – le preguntó asustada, él lo meditó unos segundos y luego la observó sonriendo.
- Nada – dijo con indiferencia – que se encargue la policía – ella se sorprendió.
- Si claro – le dijo con ironía – te vas a quedar de brazos cruzados.
- Ahora lo único que me interesa es que vos y mis hijos estén bien – dijo posando una mano sobre su cabello – Javier, si sabe lo que le conviene se va a mantener lejos de nosotros – ella suspiró.
- Soy una idiota – dijo y se golpeó la frente, al hacerlo la vía del suero se le salió un poco causándole dolor - ¡estoy harta de esto! – gritó fuera de sí y se arrancó las agujas de sus brazos.
- Quédate quieta – le ordenó él viendo que se quería poner de pie – estas sangrando.
- ¡No me importa! – le dijo ella – no soporto estar un minuto más dentro de un hospital, estoy cansada – él quiso sujetarla y no pudo, en el forcejeo tiraron unas cosas, llamando la atención del personal y de su familia, al ingresar encontraron a Victoria clavando sus uñas en Valentín que hacia lo posible porque regresara a la cama sin lastimarla, el rostro de ella era desquiciado – me quiero ir – gritaba sacudiéndose – ya no quiero estar más aquí.
- Mi amor por favor cálmate – suplicaba Valentín mientras unos enfermeros ya estaban con él para sujetarla.
- Tiene un ataque de nervios – anunció Damián – hay que ponerle un calmante.
- ¡No quiero calmantes! – Gritó sin quedarse quieta - ¡Damián me pones algo y no te hablo más en tu vida! – los gritos asustaban a todos los que pasaban por allí, entre cuatro tuvieron que retenerla para que Damián pudiera sedarla, solo le llevó unos minutos hacer efecto y volvió a dormirse.
- Las drogas le alteraron el sistema nervioso – avisó Damián agitado, no le gustaba para nada tener que hacerle a Victoria algo así, pero era por su bien – es imprescindible que no la alteremos hasta que eliminé todo del organismo – observó con reproche a Valentín.
- Yo no la alteré – dijo molesto de que lo culparan también de eso – estábamos charlando calmados y se alteró sola – nadie le creyó pero no dijeron nada.
- Ahora va a dormir hasta mañana – anunció Damián – yo voy a cuidarla no hace falta que se queden.
- Yo me quedo – dijo Valentín, pero Lucas no iba a permitirlo.
- Disculparas la falta de confianza – fue muy irónico al decirlo - pero no voy a dejar a mi hermana inconsciente a tu cuidado – y se colocó cerca de la cama – yo la cuido – Valentín bufó.
- Mejor – dijo Enzo – porque vos tenés un par de sesiones pendientes – le avisó con malicia – estoy seguro que te duele mucho la pierna.
- Si me duele o no es mi asunto – dijo él y se dispuso a salir, la verdad le dolía demasiado pero no iba a darles el gusto a ninguno de verlo quejarse, comenzó a andar por el pasillo, donde los sobrinos de Victoria se encontraban a cada lado, y lo miraban sonrientes. Prácticamente arrastraba la pierna porque ya no la podía mover, el dolor se hacía más y más intenso, estaba sudando y le costaba respirar.
- Te busco una silla de ruedas, que así no llegamos a ningún lado – dijo Enzo desde atrás y él se giró para responder algo pero apenas movió un poco la cabeza todo se le puso n***o, las piernas no le respondieron y cayó al piso.
Despertó de a poco sintiéndose un idiota por haberse desmayado en medio de esos chiquillos que lo odiaban y que seguramente ahora estarían riéndose de él, pensó que se encontraría solo pero se sorprendió al abrir los ojos y ver a Cinthya y Felipe en la habitación.
- ¿Estas bien? – Dijo ella algo alterada - ¿querés algo? ¿Agua? ¿Calmantes? – preguntaba sin respirar, el simplemente rió.
- No quiero nada y si estoy bien – le dijo sonriendo, seguramente por los efectos de los calmantes se sentía tan relajado y risueño.
- Tenés la pierna rota en tres lugares ¿Cómo se te ocurre andar así? – le dijo la mujer ahora enfadada.
- Por favor no grites – pidió él.
- Si mamá – dijo Felipe – tu voz me da jaquecas.
- Que lindo lo que decís a tu madre – se hizo la ofendida – y vos – le dijo a Valentín apuntándolo con el dedo - ¿Por qué no supe nada tu accidente? ¿Quién te cuidó? – comenzó a llorar, los hombres suspiraron.
- No dije nada porque no quería molestar y estuve bien cuidado no te preocupes – le dijo él - ¿Dónde está Enzo?
- Tu novio está afuera – le dijo Felipe con picardía, Valentín bufó, estaba cansado de esa historia que el enfermero contaba cada vez que podía.
- No sabía que tenías esas inclinaciones – dijo Cinthya seria – a mí no me molesta – le aclaró al ver el rostro desconcertado que él ponía – yo te amo igual y creo que eso explica muchas cosas – Felipe no pudo contener una carcajada.
- No soy gay – dijo él sin poder creer que ella pensara que era verdad – Enzo es un idiota que le cuenta eso a todas las mujeres que se me acercan, para espantarlas.
- ¿Seguro? – Dijo ella – porque hacen linda pareja.