CAPITULO III: LAS MENTIRAS SALEN A LA LUZ (primera parte)

4550 Words
Un par de semanas después de aquella horrible noche, Valentín se sentía más miserable que nunca en su vida, se odiaba por lo que había hecho y no sabía de qué manera podía arreglar las cosas con Victoria, porque no podía mirarla a los ojos y tampoco podía decirle la verdad, eso solo haría que ella lo dejara, y él no podría vivir sin ella. Esa mañana se levantó decidido a arreglar las cosas, pensó que lo mejor sería hacer como que nada había ocurrido y rogar porque ella no descubriera su traición. A partir de esa noche no dormirían más en cuartos separados, se dijo a si mismo frente al espejo antes de bajar a desayunar. Encontró a sus hijas y su esposa desayunando sin dirigirse la palabra como cada mañana desde hacía días, y eso también se lo recriminada, si él hubiera intervenido, la pelea hace rato que estaría olvidada, porque no era la primera vez que ellas se disgustaban, pero si era la primera vez que él no ponía paños fríos en el asunto. - Buenos días – saludó, sus hijas lo saludaron sonriendo y Victoria solo le dijo hola sin levantar la vista de sus papeles, se sentó en su lugar y la observó detenidamente. Estaba hermosa, el nuevo corte de cabello le quedaba precioso al igual que la nueva ropa que había comprado, eso sumado al brillo que era tan natural en ella y que se hacía más notorio al estar embarazada, no podía entender como había pasado tanto tiempo lejos de su mujer. Amparo, la cocinera le sirvió el desayuno y luego acercó a Victoria una gran porción de avena, ensalada de frutas y tarta de manzana, la mujer la observó. - ¿Qué se supone que voy a hacer con todo eso? – preguntó Victoria observando la gran cantidad de comida que tenía frente a ella. - Comerlo – dijo Amparo seria – el doctor Damián me dijo que está perdiendo peso y de donde yo vengo una mujer embarazada gana peso, así que coma. - Es demasiado, no puedo comer todo eso – dijo alejando la avena y la tarta. - No es demasiado, es lo que necesita para que ese niño sea fuerte y sano – le acercó las porciones de nuevo – no me haga que la obligue – dijo amenazadoramente – si nadie se preocupa por usted en esta casa voy a hacerlo yo – no miró a nadie pero todos entendieron que el mensaje iba para ellos, Victoria la miró con lágrimas en los ojos. - Voy a hacer mi mayor esfuerzo para comer todo – dijo agradecida y la mujer sonrió y se retiró a seguir sus tareas. Victoria suspiró y meditó con que comenzar el desayuno. Si era sincera no tenía ganas de nada, pero sabía que tenía que alimentarse por su hijo, así que comenzó con la avena, que estaba deliciosa. - Me gusta tu corte de cabello – Elena rompió el silencio y la ley de hielo que hacía tiempo aplicaba a su madre, pero Victoria no se dio cuenta que le hablaba porque ya estaba acostumbrada a que la ignoraran – mamá – la llamó con timidez, Victoria la observó sorprendida – me gusta tu corte de cabello – dijo y le sonrió. Victoria se tocó el cabello sin saber que decir, sonrió aun sorprendida. - Gracias – dijo sintiéndose feliz por ese pequeño comentario. - ¿Quién te lo hizo? – preguntó Alicia, aprovechando que su hermana había roto el hielo, las dos habían escuchado la charla que su madre había tenido días atrás con Bruno y luego de analizarlo y de recibir los reproches de sus tíos y primos habían concluido que su comportamiento y su trato para con su madre era pésimo, y que no tenían ningún motivo valido para hacerlo. El problema era que todas eran orgullosas y no sabían cómo pedir disculpas, pero al parecer no era necesario, Victoria solo necesitaba que se acercaran a ella de nuevo. - No sé cómo se llama – dijo animada – Bruno lo contrató. - Debe ser bueno entonces – dijo la mayor – porque él siempre consigue lo mejor de lo mejor y más si es para vos – Victoria sonrió. - Ahora cuando llegue le preguntamos. - ¿Viene ahora? – preguntó Alicia. - Si – dijo su madre – va a acompañarme a la cita con el médico, como está seguro que va a ser el padrino – dijo divertida ya que desde el primer embarazo que Bruno había solicitado ser el padrino del primer hijo varón, y llevaba años esperando, pero ahora estaba seguro que le tocaba. - ¿Tenés control? – preguntó Valentín, intentando correr la misma suerte que sus hijas. - Si – respondió ella a secas y volvió a concentrarse en la comida. - Mami – ahora Candela la llamaba, y se bajó de su silla para ocupar la que estaba al lado de Victoria, ella la ayudó a subir – mi maestro quiere verte – dijo con voz de niñita pequeña, Victoria sonrió. - Esta bien – le dijo con una sonrisa – dale mi numero – le pasó su tarjeta – que me llame así arreglamos para vernos – la niña guardó la tarjeta en su bolsillo y miró a su madre con una tierna sonrisa. - Mi tutor también quiere verte – ahora era el turno de Emilia, ella no estaba muy de acuerdo en olvidar lo sucedido pero tenía que reconocer que extrañaba a su madre – no sé qué piensa él que hice, pero es mentira. - Voy a organizarme y voy a verlo – dijo tranquila - ¿y ustedes? – preguntó a las mellizas que luego de mirarse entre sí se pusieron de pie y se acercaron a ella, cada una se colocó a un lado y le dieron un beso en la mejilla y un abrazo. - Perdón mamita por no haberte hablado todos estos días – dijo Matilda, Victoria derramó unas lágrimas. - Te prometemos no hacerlo de nuevo – dijo Manuela, ninguna de las dos la soltaba, y Victoria las rodeó con sus brazos – te extrañamos – dijeron juntas. - Y yo a ustedes – dijo ella – a todas – miró a sus hijas visiblemente emocionada y luego posó sus ojos sobre Valentín que la observaba sonriendo, pero a él no le dijo nada, su accionar y las crueles palabras que le había dicho no tenían justificativo ni podía dejarlas pasar como si nada. Bruno llegó cuando se terminaba el abrazo. - Que bueno que ya dejaron de comportarse como unas brujas con su madre – dijo sonriendo y besó en la cabeza a sus sobrinas, las chicas no dijeron nada porque él tenía razón – enana – le dijo a Candela mientras la levantaba de su sitio para sentarse él, la niña se quedó en su regazo mirándolo con el ceño fruncido - ¿lista? – le preguntó a su amiga mientras comenzaba a probar bocado de todo lo que tenía a mano, Amparo al escucharlo le sirvió un desayuno – que linda que eres Amparo, te duplico el sueldo para que vengas a mi casa. - No señor – dijo ella riendo – a mí me gusta trabajar en casas decentes y no con hombres promiscuos como usted – Bruno rió y las niñas también. - Que lastima – dijo él – pero si Victoria me acepta como esposo ¿trabajarías para mí? – Valentín bufó al escucharlo, pero Bruno simplemente lo ignoró. - Yo trabajaría para la señora – dijo firme y se fue. - Otro motivo más para intentar conquistarte – dijo elevando una ceja. - Tío no cambias más – dijo Alicia divertida - Si les encajaría que yo sea su papito, no lo nieguen – dijo divertido y Candela lo pellizcó en el brazo – tan chiquita y tan agresiva – le dijo despeinándola. - Depende – dijo Alicia – si nos vas a dejar entrar a tus clubes antes de los 18 o no. - Pueden entrar cuando quieran – dijo él – pero con tres custodios cada una así no se les acerca nadie – Elena y Alicia bufaron. - ¿Me decís el nombre del estilista que contrataste para mamá? – preguntó Alicia y Elena lo miró también esperando la respuesta. - Se llama Paúl Giniani – dijo y las niñas abrieron los ojos de par en par ya que era muy renombrado – pero ahora esta no sé dónde haciendo no sé qué. - En la semana de la moda en NY – dijo Emilia – peinando a las supermodelos más importantes. - ¿Supermodelos? – Preguntó Bruno con un brillo pervertido en los ojos – no sabía que conocía supermodelos. - ¿Y por qué lo contrataste? – preguntó Elena. - Porque yo pedí al mejor y me dijeron que era él. - Ya no puedo más – dijo Victoria dejando la mitad de la tarta, se sentía por explotar. - Tenés que comer todo – dijo Valentín, pero ella lo ignoró. - Mamá no podes seguir perdiendo peso – Elena la regañó con dulzura. - Pero ya no puedo comer más – dijo tocándose el estómago. - Bueno pero al mediodía comes bien – dijo firme su hija mayor. - Yo me encargo – dijo Bruno devorando lo que su amiga había dejado de la tarta, cuando acabó ante la atenta mirada de Candela que lo analizaba sin perder detalle - ¿vamos? – le dijo a Victoria – si no llegamos tarde. - Si vamos – dijo ella y se puso de pie. - Me gustaría ir – dijo Valentín casi suplicando, Victoria suspiró. - Es un control de rutina – dijo sin mirarlo – no hace falta que te molestes. - No me molesta, quiero hacerlo – dijo decidido. - Está bien – dijo ella como si nada – vamos – se despidió de sus hijas y salió con Bruno, Valentín no pensó que iría en su coche pero por lo menos lo dejaba acompañarla así que no se quejaba. Llegaron casi juntos al consultorio, la doctora los conocía ya que ella había llevado todos los embarazos. Los saludó con amabilidad al verlos y luego de indicar a Victoria que se recostara le realizó la ecografía correspondiente. - Ahí esta – dijo la mujer señalando el pequeño punto que aparecía en la pantalla, era la segunda ecografía y si bien Victoria y Valentín estaban acostumbrados a verlas, no podían evitar emocionarse en momentos así. El sujetó la mano de su esposa con miedo a que lo rechazara, pero no sucedió Victoria entrelazó sus dedos agradeciéndole estar con ella y por el niño que habían engendrado juntos. Después la doctora revisó a Victoria y la regañó por haber perdido tanto peso, luego de que le asegurara que se alimentaría bien y de darle las indicaciones correspondientes los tres salieron en un incómodo silencio, Bruno sintió que debía darles a sus amigos, una vez más, un empujón para que arreglaran sus diferencias. - ¿Te molesta volver con Valentín? – le preguntó a su amiga dejando a ambos sorprendidos, ella no sabía que responder, no se esperaba una pregunta así. - No – dijo tímidamente – si tenés algo que hacer anda tranquilo – Bruno rió y mientras la abrazaba le guiñó un ojo a su amigo que le agradeció con una sonrisa – gracias por acompañarme. - Lo que sea por mi ahijado – dijo mientras se colocaba sus gafas de sol y se dirigía a su coche – vigila que coma – le dijo a Valentín y se fue, ellos dos caminaron en silencio hasta el coche de él, que le abrió la puerta como todo un caballero para que subiera. Condujeron en silencio, hasta un parque. Valentín se sacó el cinturón de seguridad y bajó para abrirle la puerta, ella no dijo nada solamente aceptó su mano para bajar. - Vamos a caminar – le dijo con una sonrisa, ella no lo miró pero lo siguió. Avanzaron unos metros por el verde césped, hasta un banco. Él se sentó y ella lo imitó, pero sin acercarse – te extraño – dijo luego de unos minutos de silencio, ella no respondió y seguía mirando el suelo – discúlpame por haberme comportado como un cretino todo este tiempo, estaba fuera de mí y me desquité injustamente con vos – disminuyó un poco el espacio que los separaba, ella no se movía – no quiero perderte mi amor – le dijo abrazándola por los hombros, con la voz quebrada – no puedo vivir sin vos – al acercarse notó que estaba llorando en silencio, se arrodilló frente a ella para poder observar su rostro, secó sus lágrimas delicadamente con la punta de sus dedos, ella se estremeció por el contacto – nada de lo que dije fue en serio – le dijo – yo estaba enojado y no pensaba lo que decía. - Me lastimaron mucho tus palabras y tu actitud – dijo ella como pudo y Valentín tuvo ganas de romperse la cabeza contra el concreto del banco – no entiendo porque eres tan cruel conmigo, si yo lo único que hago es complacerte para que seas feliz. - Porque soy un idiota – dijo y volvió a sentarse, ahora más cerca de ella. - La culpa es de los dos – dijo ella – yo te lo permití, me callé y aguanté muchas cosas para evitarnos problemas, pero con eso lo único que conseguí es que termináramos de la peor manera. - Dame otra oportunidad – dijo suplicando – la última por favor – tomó su rostro para que lo mirara – te juro que no lo voy a arruinar de nuevo – ella lo miró a los ojos por primera vez y suspiró. - Es la última – le dijo decidida sin dudarlo – a la próxima que me haces llorar te dejo para siempre, por más que me muera por dentro no voy a tolerar un desplante, ni un desprecio más de tu parte, yo no me merezco eso. - Vos te mereces lo mejor solamente mi amor – dijo con media sonrisa – te prometo que no te voy a fallar - le besó las manos y se acercó a su rostro – ya nada va a separarnos de nuevo – le dijo seguro y se adueñó de sus labios, de una manera lenta y delicada, disfrutando de cada milímetro de su boca, ella le correspondió con algo de miedo, pero apenas lo sintió tan tierno y entregado no pudo hacer más que alegrarse y disfrutar. El beso fue corto y después se abrazaron un largo rato, Valentín se puso de pie y le ofreció su mano – vamos que tenés que comer bien – le dijo sonriendo, ella aceptó encantada y tomados de la mano regresaron al coche y luego a su casa. Amparo les había preparado el almuerzo, solo ellos estaban en la casa porque sus hijas estaban en el colegio. - Ya no quiero más – Victoria anunció luego de comer la mitad del tercer plato que Amparo le había servido. - Tenés que comer – dijo Valentín – no es mucho lo que te sirvieron – él no tenía problemas en comerse cinco platos más, porque adoraba comer lo que la cocinera les preparaba. - Ya comí mucho – dijo apretando los labios en un gesto infantil, el rió. - Un par de bocados más – le pidió, ella negó con la cabeza – las verduras aunque sea – siguió insistiendo como un padre a su hija pequeña, pero ella seguía con la boca cerrada negando con la cabeza, Valentín le ofreció un bocado, jugando a que era un avión, ella reía por su intento – por favor, dos bocados más – Victoria suspiró y abrió la boca dejando que su esposo la alimentara, y no fueron dos bocados sino todo lo que quedaba en el plato – ahora si terminaste – dijo satisfecho. - Que bueno saberlo – dijo con sarcasmo y se levantó de su lugar para sentarse sobre sus piernas, él la recibió gustoso y la abrazó - ¿vamos a la cama a quemar calorías? – le dijo con picardía, él sonrió de lado. - Vamos a ver una película mejor – respondió algo apenado y ella lo observó enarcando una ceja – no quiero exigirte ni nada, prefiero que nos tomemos las cosas con calmas – Victoria bufó. - ¿Vas a empezar de nuevo con eso? – preguntó molesta, recordando que cada vez que ella se embarazaba Valentín creía que tenía que tratarla como si fuera de cristal, el elevó los hombros. - Es que te veo tan frágil y delicada – dijo serio – y yo soy tan torpe que me da miedo lastimarte – Victoria se puso de pie y lo observó molesta. - Subí a la habitación y te voy a mostrar todo lo frágil y delicada que soy – le dijo y se fue, Valentín se quedó en su lugar pensando y luego de unos minutos decidió subir para saber con qué lo sorprendería su mujer para intentar convencerlo. Apenas entró a la habitación la encontró de pie con un conjunto de lencería muy sexy y la mirada cargada de deseo. - ¡Quítate la ropa! – le ordenó y el sorprendido y curioso comenzó a desvestirse lentamente - ¡más rápido! – lo apuró y agitó cerca suyo un látigo de cuero, Valentín observó sobre la cama y vio además de varios “juguetes” unos grilletes acomodados sobre la cabecera, sonrió entendiendo todo y se apresuró en quedar desnudo – ahora vas a entender de una vez por toda que yo de frágil y delicada no tengo nada – lo recostó sobre la cama, lo amarró con los grilletes, le vendó los ojos y comenzó jugar con él, haciéndolo gritar de placer y de dolor en varias oportunidades, pero un dolor que el disfrutaba totalmente. - ¿Mi mamá ya llegó? – Elena ingresó a la casa con sus hermanas e interrogó a una de las empleadas que se encargaba de la limpieza. - Ya llegó – respondió – está arriba con el señor – las niñas detuvieron el paso al pie de las escaleras. - ¿Se arreglaron? – Preguntó Emilia con cara de asco imaginando lo que sus padres hacían, la mujer asintió con una sonrisa – entonces esperemos a que bajen – dijo y sus hermanas asintieron alejándose de la escalera. - Vamos todas a hacer las tareas – dijo Elena y guió a sus hermanas a la sala que tenían para estudiar, Amparo les llevó la merienda y allí esperaron a que sus padres terminaran de reconciliarse. Cuando Victoria terminó su tarea se dejó caer totalmente agotada al lado de su esposo, que seguía amarrado, estaba sudado y con marcas en todo su torso por los “malos tratos” recibidos. - Eso fue increíble – dijo Valentín aun agitado – jamás pensé que podías hacerme algo así. - Después de tantos años te sigo sorprendiendo – dijo ella agitada también. - ¿Me desatas? – preguntó sintiendo que tenía las manos dormidas. - Todavía no – dijo decidida – es tu castigo por tratarme mal. - Amor – dijo suplicando – si ya me perdonaste. - Pero me puedo vengar igual – dijo ella y besó su pecho – te vas a quedar así toda la noche. - ¿Y si quiero ir al baño? – preguntó algo asustado. - Te aguantas – dijo divertida. - Que malvada – dijo riendo también, después de todo se merecía algo así y peor por lo que había hecho. Alguien tocó suavemente a la puerta. - Mamá – la voz de Alicia – es hora de comer – dijo con muchas ganas de largarse de allí para evitar escuchar algo traumatizante – no podes saltear comidas. - Ya terminó con tu padre y bajo mi amor – dijo divertida, Alicia no se quedó para averiguar que tenían que terminar y corriendo bajó al comedor. - Ya vienen – dijo agitada agradeciendo por no haber escuchado nada extraño. Los dos bajaron al rato, luego de tomar una ducha rápida, sonriendo y tomados de la mano, como lo hacían siempre que no estaban peleados, sus hijas se alegraron de ver a sus padres felices de nuevo y disfrutaron de una cálida cena con el mejor ambiente. Los meses pasaron rápido, entre los nuevos proyectos de la empresa, los cumpleaños de sus hijas, cuando menos se dieron cuenta había llegado el día del cumpleaños número 40 de Valentín, él no tenía ganas de celebrarlo, no es que se sintiera viejo ni mucho menos, porque a su edad seguía levantando suspiros y provocando en mujeres de todas las edades las fantasías más depravadas, pero los cumpleaños no eran los suyo. Claro que su familia no pensaba igual y tenían planeado todo un día de festejos para él. Victoria había dejado que sus hijas faltaran al colegio para comenzar a agasajar a su padre en la oficina a la hora de la comida. Así que esperaron que él se fuera y sacaron todo lo que tenían preparado (comida, pastel, regalos, incluso globos de colores). Victoria había arreglado con Blanca para que ningún empleado saludara a Valentín así él pensara que se habían olvidado, la única que no siguió la consigna fue la arrastrada de Tamara, que a pesar de los constantes rechazos y desplantes de su jefe ella seguía ofreciéndose en bandeja de plata y aprovechaba cualquier oportunidad para tocarlo, y un abrazo por el cumpleaños era una excelente oportunidad. Blanca se molestó cuando la vio colgada del cuello de Valentín intentando llegar a sus labios para saludarlo, esa mujer no le agradaba y menos cuando veía como intentaba seducir tan desesperadamente al esposo de su amiga. - Tenés que firmar estos papeles – dijo ingresando a la oficina, Tamara la miró con odio y Valentín con algo de pena y agradecimiento – al mediodía tenemos una reunión importante así que no te vayas – le dijo sin disimular lo mucho que le había molestado lo que acababa de ver. - Gracias – dijo él – quiero hablar con vos – le pidió antes de que se fuera – Tamara déjanos solos – la aludida de muy mala gana salió de la oficina – lo que viste – dijo Valentín. - Solo te voy a decir una cosa Valentín – dijo seria Blanca – yo te quiero porque somos amigos y te respeto porque eres mi jefe pero si me entero que le fuiste infiel a Victoria se lo voy a decir, porque ella no se merece algo así. - Yo sé que no se merece algo así – dijo cansado – yo no hago nada – se defendió – ella se me tira encima todo el tiempo. - Despídela – dijo Blanca – no es muy competente ni muy brillante, no hay motivos para que este aquí. - Le estoy haciendo un favor a su tío – dijo él, recordando que ella era sobrina de Facundo y que él le había pedido por favor que le diera trabajo, y Valentín apreciaba mucho a ese hombre que había cuidado de Victoria cuando él no podía. - Mándala a otra división – dijo ella entendiendo el compromiso que su jefe tenia. - Nadie la quiere – dijo harto – la mande a todos lados y solo recibí quejas de sus jefes y compañeros, aquí no molesta a nadie. - No – dijo irónica – solamente se te regala con moño y todo. - No sé qué hacer – dijo él. - Yo tampoco – dijo ella – pero eres hombre y todos sabemos que hay veces que ustedes no piensan con la cabeza, y menos con mujeres tan fáciles cerca – y se fue. No quería enojarse con él, en definitiva no era su culpa ser tan atractivo para el sexo femenino, y principalmente para mujeres desvergonzadas y promiscuas, pero consideraba que se estaba exponiendo innecesariamente a un problema y ella no sabía que tan firme podía ser la voluntad de Valentín, con la tentación tan cerca. Por suerte la mañana pasó muy rápido y Blanca se encargó de mantener a Tamara ocupada y lejos de su jefe hasta que llegara Victoria, porque no sabía cómo podía terminar todo si su amiga presenciaba lo que ella había visto. A las 12 en punto las puertas del elevador se abrieron y un bullicio se adueñó del último piso. Victoria con sus hijas, Cinthya, Francisco y Felipe ingresaron con todas las cosas para la fiesta. Valentín salió de su oficina por el ruido y no pudo hacer otra cosa que sonreír al encontrarse con su familia. - ¡Feliz cumpleaños! – gritó su esposa a los cuatro vientos y se le colgó del cuello para besarlo en los labios, él la elevó del suelo y sus empleados comenzaron a aplaudir y silbar, para luego entonar la canción correspondiente. - Gracias – dijo Valentín sin dejar de sonreír ni sacar sus manos de la cintura de su esposa. - ¡Feliz cumpleaños papi! – sus hijas comenzaron a saludarlo por orden de nacimiento, con besos y abrazos y la entrega de sus regalos. Candela por ser la última estiró los brazos para que su padre la alzara. Cinthya y sus hijos también lo saludaron. La única que no disfrutaba el momento era Tamara, que odiaba ver que Valentín se había reconciliado con su esposa, ella lo sospechaba porque el después de esa vez nunca había querido nada con ella, pero verlo con sus propios ojos la desesperaba. Con el paso del tiempo había desarrollado una insana obsesión con su jefe y lo quería para ella. Empleados de los otros pisos subieron al festejo, comieron y bebieron todo lo que había. - Señor – Tamara se acercó seria, Valentín se tensó al verla cerca de su esposa – tiene que revisar unos papeles – dijo con rabia. - No hay ningún apuro – Pedro intervino – hoy Valentín tiene el día libre así que déjalos en mi escritorio. - Me dijeron que era urgente – dijo alterada. - Dame los papeles – dijo Valentín queriendo evitar por todos los medios un escándalo que lo dejara en evidencia. - Están en tu oficina – dijo y se alejó. - Ya vengo – dijo Valentín besando suavemente los labios de Victoria. - Pero es tu cumpleaños – dijo protestando. - Un minuto – dijo y se fue, Blanca encontró sospechosa la actitud de su jefe y rogó porque solo fueran impresiones suyas - ¿Cuál es tu problema? – Valentín encaró a Tamara apenas puso un pie en su oficina y el tono que utilizó no fue para nada agradable – ya te dejé bien en claro la cosas. - No soporto verte con esa – dijo ella con rabia, Valentín se desesperó. - Esa – dijo más molesto todavía – es mi esposa, la madre de mis hijos, la mujer que amo – le aclaró. - ¿Y yo qué? – Gritó alterada - ¿no soy nada?
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