- Antes de que lo niegues, piénsalo – dijo Abel – porque Nicolás tiene razón, solo hace falta que lo analices detenidamente un poco para que lo veas como nosotros – ella suspiró – Valentín no te merece, no te valora, no digo que no te ame, pero no sabe cómo demostrarlo y con eso solo consigue lastimarte.
- Yo no puedo vivir sin él – dijo mirando al piso otra vez, sintiéndose avergonzada de admitir que dependía totalmente de él para sentirse viva – simplemente no puedo – los demás apretaron los puños y maldijeron en voz baja – pero si me deja no se lo voy a impedir – dijo segura – y estoy casi segura que no falta mucho tiempo para eso pase así que pueden estar tranquilos, porque por más que me muera de dolor por dentro no voy a impedir que él se vaya de mi lado a buscar su felicidad – recostó la cabeza en el regazo de su padre, que no decía nada, solo escuchaba con atención todo.
- Soy una persona horrible – dijo cerrando los ojos y dejando sorprendidos a todos – mi esposo me desprecia y mis hijas me odian – Armando acarició su cabello con amor – yo pensé que lo de mi mamá era porque ella estaba enferma, pero al parecer el problema lo tengo yo.
- ¿Cómo vas a decir eso? – Dijo Armando con pesar – todos los que te conocemos te amamos más que a nada en el mundo.
- ¡Mis hijas me odian papá! – le dijo levantando un poco el tono de voz y comenzando a llorar de nuevo – primero mi madre y ahora mis hijas, ¿me vas a decir que no es mi culpa?
- No es tu culpa – dijo Patricio interviniendo por primera vez – nuestra madre estaba loca y tus hijas son unas consentidas y unas desagradecidas – dijo sin ningún remordimiento – son iguales que el padre, saben que sin importar nada vas a estar para ellas siempre que lo requieran y se dan el gusto de maltratare cada vez que pueden, pero porque vos se lo permitís.
- Vos porque no escuchaste como me trataron ayer – le dijo con dolor – yo sé que no soy como la mayoría de las madres de sus amigas, pero siempre intento hacer lo mejor para ellas, y siempre me equivocó.
- ¿Qué fue lo tan grave que hiciste? – preguntó su hermano menor Felipe que si bien adoraba a sus sobrinas, no soportaba que trataran mal a su hermana.
- Cuando volví de la oficina me puse a toma sol – comenzó a contar – y me dormí, no sabía que ellas tenían visitas y fui a la cocina a buscar un vaso de agua – todos comenzaban a entender por dónde venía el asunto – me encontré con sus amigos, pero si yo sabía que estaban ahí me cubría con la bata, solo que pensé que estaba sola – se defendió sin ninguna razón – Elena al verme comenzó a gritarme e insultarme, ahí me hice esto – dijo en referencia al corte de su mano, salí corriendo y en la sala Alicia estaba con sus amigos y me trato igual o peor, me dijo que se avergonzaba de que yo fuera su madre – el rostro que puso hizo que todos los presentes tuvieran ganas de abrazarla y arroparla como a una niña – me encerré en el baño a llorar y perdí la noción del tiempo hasta que llegó Valentín gritando no sé qué cosas y ahí me di cuenta que había olvidado recoger a Emilia de la práctica – suspiró – pero no me olvide de ella, sino que simplemente no tuve en cuenta el paso del tiempo. Valentín la fue a buscar y cuando volvieron las tres me atacaron con palabras horribles, y él no me defendió, ni me consoló, con su mirada me dio a entender que estaba en total acuerdo con lo que sus hijas decían. No aguante más y salí corriendo, como estaba descalza sin dinero ni nada, a las cuadras me subí a un taxi y le pedí que me llevara a la casa de Damián porque no quería ir a un hospital para que me curaran la mano, él no estaba así que Martín se hizo cargo – le sonrió agradecida y antes de que sus hermanos o su padre preguntaran porque no había ido con ellos respondió – no los busqué porque no quería preocuparlos ni alarmarlos, Damián es el menos exagerado de todos ustedes y es médico – los demás no dijeron nada – y para empeorar las cosas, Valentín fue a buscarme esta mañana y me encontró durmiendo en la misma cama con Martín, el muy idiota pensó lo peor de mi, como siempre, y después vine aquí.
- Vuelvo a repetir – dijo Luciano – tu esposo es un idiota.
- Totalmente de acuerdo – dijo Rubén – y tus hijas necesitan aprender a respetarte, porque si ellas son acomplejadas e inseguras, y sus amigos prefieren mirarte a vos, no es tu culpa.
- Eres una mujer hermosa y no pueden evitar que eso suceda – dijo Fernando – mis amigos se quedan mirándote cada vez que pueden, estés vestida o en traje de baño.
- Además tienes todo el derecho del mundo de andar en tu casa como quieras – dijo Fabricio – si tenés el cuerpo para usar bikini no es un crimen.
- Distinto seria si te sobraran unos rollos – Patricio bromeó un poco.
- Y lo del olvido no es nada – dijo Rubén – Casandra y Patricio se cansaron de olvidarse de mí y yo no los odio por eso – el llamaba a sus padres por sus nombres.
- Y ni hablemos de mamá – dijo Fernando en referencia a Evangelina – una vez me dejó en el consultorio del pediatra y se dio cuenta a la hora de la cena y solo porque él la llamó.
- Igual no me vendría mal prestar un poco más de atención y tratar de que sus amigos no me vean en ropa interior – dijo Victoria más calmada.
- Yo pienso que eres una madre genial – dijo Felipe – el problema son ellas.
- Están en una edad difícil – dijo Abel – pero también es cierto que son muy malcriadas.
- Yo era igual supongo – dijo ella, Armando lo pensó un poco.
- Tuviste tu etapa rebelde, pero yo jamás llegué a pensar que me odiabas – dijo el hombre seguro.
- Supongo que voy a ir a tratar de arreglar las cosas – dijo tranquila y al ponerse de pie se mareó y casi cae, pero Armando la sujetó a tiempo.
- ¿Hace cuánto que no comes? – preguntó Damián.
- Desde el desayuno de ayer – dijo haciendo memoria.
- Suerte para vos tenemos mucha comida – dijo Lucas – así que primero comes y después te llevo a tu casa.
Comieron en medio de bromas para intentar levantar el ánimo a Victoria y de a poco lo consiguieron, pero solo un poco porque la sensación de que estaba perdiendo a Valentín no se iba.
Al terminar, luego de agradecer y despedirse de todos, regresó a su casa, con una actitud positiva, había decidido dejar de llorar y lamentarse y hacer todo lo posible para que su familia la quisiera de nuevo.
Al ingresar notó que había gente reunida en la zona de la piscina y se acercó para ver quiénes eran, sus hijas mayores estaban con sus amigos, suspiró para tomar fuerzas, había decidido hacer como que nada había pasado y poner su mejor cara, sonriendo se acercó a los chicos que estaban fuera del agua, los saludó con amabilidad y luego se acercó a donde estaban sus hijas.
- Hola – las saludó sonriendo - ¿se divierten? – Ninguna de las niñas respondió, se miraron entre ellas nada mas - ¿quieren algo?
- Que desaparezcas nada más – dijo Alicia y se zambulló, Victoria se mordió el labio inferior pero decidió darle un poco de tiempo estaba por hablar con Elena pero esta entró al agua también sin darle oportunidad.
- Si necesitan algo me avisan – dijo a los demás y volvió dentro de la casa, supuso que sus hijas menores estarían en la sala de entretenimientos y así fue, las mellizas miraban un película con Valentín y Candela jugaba con números y letras – Hola – dijo su esposo y sus hijas la miraron y simplemente le hicieron un gesto con la mano, se acercó a Candela - ¿Qué haces bebe? – quiso sentarse con ella pero la niña la miró molesta. - No soy una bebe, ¿Cuándo lo vas a entender? – le gritó y se fue con su padre, Victoria contó hasta cien y salió de allí, no ganaba nada con ponerse a llorar de nuevo, con eso no solucionaba los problemas. Fue a su habitación y luego de comprobar que había manchado con sangre varios rincones se puso a limpiar, Valentín llegó cuando estaba terminando con el baño.
- ¿Te falta mucho? – Le preguntó apoyándose en una pared – quiero ducharme, tengo que salir.
- ¿Un sábado a la noche? – Preguntó mirándolo - ¿A dónde?
- No es tu asunto – le dijo y se quitó la camisa y los zapatos – apura – le dijo al ver que ella se había quedado congelada. Victoria se apresuró en culminar la tarea y salió para que él se duchara, no iba a cuestionarlo, ella había pasado la noche anterior fuera y él tenía derecho a estar molesto, pensó, además de que ella confiaba ciegamente en él.
Luego de que todas sus hijas le dijeran que no comerían nada que ella preparara volvió a su habitación, se le estaba haciendo más difícil de lo que pensaba arreglar las cosas, pero no se daría por vencida. Se durmió intranquila, Valentín había regresado como a las tres de la madrugada y como hacia bastante tiempo ni siquiera la saludó. Dejando pasar eso se levantó temprano y les preparó el desayuno, panqueques, jugo, tostadas, como sabía que a ellos le gustaban, esperó paciente que se levantaran, la primera en bajar fue Emilia, con un bolso en la mano, solo observó la mesa y ni siquiera la saludó, al rato bajó Valentín con Candela en sus brazos y las mellizas por detrás.
- Nos vamos al club – dijo pasando del desayuno que tantas horas le había llevado preparar – las mellizas tienen partido de tenis, seguro comemos ahí – no la invitaron así que ella no dijo que quería ir.
- Que les vaya bien – dijo intentando sonreír – ojala que ganen – nadie respondió solamente se fueron. Elena y Alicia bajaron como a la hora, Victoria pensó que ellas si desayunarían pero estaba equivocada – les hice el desayuno – dijo emocionada, las dos chicas observaron la comida.
- Estamos de dieta – dijo Elena – si comemos todo eso vamos a rodar – y se dirigieron a la cocina a buscar frutas. Victoria no dijo nada, se quedó en su lugar desayunando sola, obviamente no pudo comer ni la mitad de lo que había, ni siquiera tenía ganas de comerse un bocado, solo lo hacía por el niño que llevaba en el vientre. Estaba perdida en sus pensamientos cuando Bruno ingresó, la vio allí con el semblante triste y corrió a abrazarla.
- ¿Tenés hambre? – le preguntó ella sin ningún ánimo, el suspiró y se sentó en la cabecera de la mesa, el lugar de Valentín.
- Mucho la verdad – dijo y se sirvió.
- Si se enfrió lo caliento – dijo ella y la detuvo antes que saliera.
- No hace falta está perfecto – dijo con una sonrisa, a Bruno los años le habían sentado de mil maravillas, ya no era un niño guapo, era un hombre sumamente atractivo y sofisticado, lo que no perdía era esa mirada llena de picardía que mostraba la cantidad de travesuras que había cometido y seguía cometiendo – cada vez los haces mejores – dijo con un trozo de panqueques en la boca – deliciosos.
- Que bueno que te gustaron – le dijo con una falsa sonrisa – así no se desperdiciaban.
- Pablo me contó todo – dijo serio – no pude ir ayer, pero ya estoy al tanto.
- Ya va a pasar – le dijo ella sin ganas – algún día me tienen que perdonar.
- ¿Qué te tienen que perdonar? – Le preguntó algo molesto - ¿las noches que no dormiste cortando figuritas o letras para sus trabajos? ¿Las justificaciones cuando no estudiaron para alguna asignatura? ¿Pasarte días enteros haciendo galletas para sus ventas de caridad? ¿O cosiendo sus uniformes y de sus amigas?
- No entiendes – dijo ella.
- Yo entiendo perfectamente – dijo sin dejarla continuar - ¿ya te olvidaste las veces que tuviste que correr de un lado para el otro para no perderte un juego de Emilia y un recital de Elena que coincidían en el mismo día?
- Están enojadas – dijo ella – no entiendo bien porque pero tengo que compensarlas para que se les pase – Bruno bufó.
- El problema Victoria es que te olvidaste de ser vos y de vivir tu vida para poder complacer al idiota de tu esposo y a las desagradecidas de tus hijas – dijo serio – hace tiempo que no eres feliz y no lo niegues, ellos se aprovechan del amor incondicional que les tenés y no tienen en cuenta ninguna de tus necesidades ¿hasta cuándo vas a aguantar?
- Es mi familia – dijo con un hilo de voz – ellos están antes que yo.
- Y no estaría mal si ellos pensaran igual, pero en esta casa eres lo último, no te tienen en cuenta para nada y es porque se lo permitís.
- ¿Y qué querés que haga? – le preguntó molesta.
- Quiero que empieces a ver por vos – dijo poniéndose de pie – vamos.
- ¿A dónde? – le dijo nerviosa.
- No importa – dijo serio – vamos – ella suspiró y tomó la mano que su amigo le ofrecía, tomó su bolso y una chaqueta y salieron, Bruno la llevó a su casa en las afueras de la ciudad, una preciosa casa quinta con todos los lujos y comodidades – vas a pasar un día pensando solo en vos y no podes discutirme – dijo abriendo la puerta del coche como todo un caballero, ingresaron a la casa y un grupo de estilistas la esperaban.
- Dios no – dijo entendiendo que pasaba y quiso huir.
- De ninguna manera – le dijo divertido y la empujó a las manos de las personas – damas y caballeros ella es la reina de esta casa así que por favor la tratan como tal – todos asintieron – te veo más tarde muñeca – le dio un beso en la mejilla y la dejó, ella elevó los hombros y se dejó hacer. Le hicieron mascaras faciales, tratamientos para el cabello, con corte incluido, masajes, los pies y las manos. Incluso un diseñador joven le enseñó algunos modelos para que eligiera los que más le gustaban, todo cortesía de su mejor amigo. Terminaron entrada la noche, y decidió vestirse con un vestido rojo porque estaba segura que le plan de Bruno no acabaría allí, y estaba en lo cierto, una limusina la esperaba para llevarla a cenar a un lujoso restaurante, donde el hombre la esperaba – estas preciosa – le dijo al oído cuando la tuvo cerca, ella sonrió agradecida, hacía mucho tiempo que no se arreglaba y sin querer ser vanidosa, reconocía que le agradaba sentirse admirada por los hombres que la observaban.
- Gracias – le dijo mientras se sentaba – por todo, me hizo muy bien.
- Cuando quieras – le dijo él guiñando un ojo y llamó al mesero para que los atienda – ordené tu plato favorito.
- Que bueno, porque ya ni me acuerdo cual era – dijo con una sonrisa, les trajeron los aperitivos y antes de que le trajeran la comida ella se disculpó para ir al tocador.
- Tío – Bruno escuchó que lo llamaban, se volteó y se encontró a Rubén con tres amigos más, hizo señas a su custodio que los dejara acercarse - ¿Cómo estás?
- Muy bien ¿vos? – le preguntó.
- Como siempre – dijo el chico sonriendo como lo hacía su padre – necesito un favor.
- Diga – dijo Bruno con una sonrisa.
- Tenemos hambre – señaló a sus amigos que los esperaban unos metros más alejado – y no tenemos dinero.
- ¿Tu padre no te da dinero? – preguntó fingiendo sorpresa.
- Ya me gasté todo lo del mes y me dijo que no me iba a dar más para que aprenda a administrarlo.
- Que descarado – dijo Bruno al recordar como su amigo en la adolescencia derrochaba todo lo que tenía a su alcance.
- Mi mamá dijo lo mismo, pero tampoco quiso darme nada.
- Coman aquí no hay problema – dijo Bruno que era el dueño del local - lo que quieran.
- Gracias – dijo el chico sonriendo – eres el mejor.
- Lo sé – dijo Bruno.
- ¿Estas con una amiga? – le preguntó con picardía.
- Si – respondió.
- ¿Bonita? – preguntó Rubén.
- Hermosa – dijo el mayor divertido.
- Cuando te aburras pasame el número – pidió descaradamente.
- De ella no me voy a aburrir nunca y ya tenés su número – le dijo Bruno y Rubén se desconcertó, en eso unas delicadas y pequeñas manos le taparon los ojos desde atrás.
- ¿Quién soy? – preguntó Victoria intentando fingir la voz, Rubén la reconoció de inmediato.
- La tía más bonita y buena onda del mundo – dijo el chico y ella lo abrazó, los amigos de Rubén no perdieron tiempo y se acercaron para que les presentara a esa hermosa mujer, él se puso de pie y se quedó sorprendido al verla – guau – dijo tomándola de la mano para que girara.
- ¿Te gusta? – le preguntó sonriendo.
- Me encanta – dijo el seguro – hace mucho no te veía así de arreglada.
- Regalo de Bruno – dijo mirando a su amigo – me hacía falta un cambio de look y hace años que no me compraba algo tan lindo.
- Deberías hacerlo más seguido – le dijo sugirió.
- ¿No nos presentas? – su amigo le exigió, Rubén rió.
- Victoria – dijo sujetándola por la cintura con delicadeza – ellos son los desvergonzados de mis amigos, Lolo, Juan y Félix – los chicos la saludaron con una sonrisa – idiotas – dijo a sus amigos – ella es mi tía Victoria, la hermana de mi padre – los tres chicos se sorprendieron ya que se imaginaban que la tía de su amigo sería una mujer algo vieja y nada atractiva.
- Parece tu hermana – dijo Lolo sin salir de su asombro, Victoria rió con ganas por el comentario.
- Gracias, me acabas de subir el autoestima – dijo y se ubicó en su lugar ante la atenta mirada de los jóvenes.
- Vayan a comer – dijo Bruno notando que Victoria se sentía algo nerviosa.
- ¿Podemos comer con ustedes? – dijo Juan, que al parecer era el más descarado y antes de que le dijeran que si tomó una silla de otra mesa y se sentó.
- Si a Victoria no le molesta – dijo Bruno divertido por las reacciones que su amiga provocaba en los hombres de todas las edades.
- No me molesta – dijo ella – pero tienen que dejar de mirarme el escote – los tres chicos sacaron los ojos de ese lugar y se pusieron colorados, Bruno ordenó que agregaran los lugares en su mesa y a los minutos todos estaban riendo y comiendo.
- No puedo creer que tengas 38 años – dijo Félix por décima vez – pareces de 20.
- A fin de año cumplo 39 – dijo ella alegre – y están invitados al festejo – los chicos rieron.
- ¿Qué día? – preguntó Lolo que no podía dejar de mirarla embobado.
- El 3 de diciembre – dijo ella – todavía falta, pero el tiempo se pasa volando.
- Voy a anotarlo – dijo el chico y agregó la fecha en su teléfono.
- Genial – dijo ella – pero seguro que para esa fecha voy a estar un poco más grande – los chicos no entendieron – tengo fecha de parto para el 15 de diciembre.
- ¿Estas embarazada? – Preguntó Lolo algo desilusionado - ¿de quién?
- De mi esposo – dijo ella divertida por la reacción, el chico señaló a Bruno – no, Bruno es mi mejor amigo, no mi esposo.
- ¿Y tu esposo? – Preguntó Juan – porque si vos fueras mi mujer no te dejó salir a la calle sola – Victoria suspiró.
- O está en la casa con nuestras hijas o con su amante – dijo con amargura.
- Valentín no tiene una amante – dijo Rubén algo sorprendido, para el solo un hombre muy idiota engañaría a una mujer como su tía.
- Estoy bastante segura que si la tiene – dijo ella pero sin llorar.
- Es un idiota entonces – Lolo dijo lo que todos pensaban.
- A lo mejor yo no soy suficiente para él – dijo Victoria.
- Porque es un idiota – dijo ahora Juan - ¿Qué más puede querer un hombre?
- Una mujer más joven, más alta, con más pechos – hablaba recordando a Tamara – menos complicada y más bonita.
- Si Valentín tiene una amante significa que es más imbécil de lo que aparenta – dijo Bruno serio mirando a los ojos de su amiga, ella le sonrió.
- No quiero hablar de eso – cambio de tema – la idea es que me distraiga y lo pase bien ¿verdad? – Bruno asintió.
- Así es y prepárate porque la noche recién comienza.
Valentín luego de dejar a sus hijas en casa había ido a su oficina, estaba desesperado intentando conseguir información sobre el coche que meses atrás los había encerrado y que él había perseguido. Sabía que no era una casualidad, pero no encontraba nada y eso lo sacaba de quicio. Gran parte de su mal humor se debía a eso, y lo peor del caso es que no confiaba en nadie para que lo ayudara, estaba paranoico y muy molesto. Revisaba los datos que tenía cuando escuchó un ruido y antes de pudiera lanzar una amenaza Tamara se apareció en la puerta, con pequeño vestido n***o que no dejaba nada a la imaginación, lo miró de manera sugerente, el solo suspiró, ya estaba acostumbrado a los intentos de su secretaria de llevárselo a la cama.
- ¿Qué haces aquí? – le preguntó regresando la atención a sus papeles.
- Quería dejar unas cosas para mañana – mintió, ella sabía que estaba allí por eso había ido. La muy descarada había instalado una cámara en esa oficina para saber que hacia su jefe y lo vigilaba desde su casa - ¿vos que haces? – se acercó a él y se le paró detrás, Valentín guardó los papeles.
- No es tu asunto – dijo molesto por la interrupción, pero ella no se alejó, colocó sus manos sobre los hombros de él y comenzó a masajearlo.
- Estas tenso – dijo con voz de gato en celo - ¿algún problema? – Valentín suspiró, no tenía ganas de estar con ella, pero tenía que reconocer que sus manos masajeándolo se sentían bien.
- Me pelee con Victoria – dijo – pero nada grave – ella comenzó a meter sus manos por debajo de la camisa, acariciando su piel.
- Tengo una mejor manera para que liberes tensiones – le dijo al oído y le mordió la oreja, Valentín se estremeció y se puso de pie inmediatamente, alejándose de ella.
- Por favor – dijo enojado – te pido que me respetes y respetes a mi esposa si querés seguir trabajando conmigo – ella lo miró mordiéndose el labio.
- Es obvio que tu matrimonio está terminado – le dijo descaradamente – y también es obvio que te gusto, lo sé por cómo me miras – Valentín no dijo nada.
- Tamara eres una mujer hermosa – dijo sincero – es imposible no mirarte, pero yo amo a mi esposa – dijo mirándola a los ojos – y es la única mujer que me interesa – tomó sus cosas – cierra cuando salgas – dijo finalmente y se fue. Un segundo más ahí y caía en la tentación, ya no se sentía tan fuerte para negarse, el alejamiento con su mujer lo tenía confundido y enojado casi todo el tiempo, y eso no era bueno, porque él enojado no pensaba con claridad.
Llegó a su casa y cuando estaba por acostarse sus tres hijas mayores ingresaron a su cuarto.
- ¿Sabes dónde está tu esposa? – le preguntó Emilia con su computadora en las manos, Valentín suspiró y elevó los hombros – mira – le mostró fotos que habían sido tomadas segundos antes en el perfil de i********: de su sobrino Rubén, en ellas se veía a Victoria riendo y bailando con Bruno y varios chicos más, luciendo muy arreglada - ¿hasta cuándo vas a dejar que te vea la cara? – Valentín sintió que en esos momentos era capaz de asesinar a alguien, se calzó de nuevo y salió a toda prisa de su casa, fue a uno de los clubes de Bruno, los de seguridad lo conocían y los dejaron pasar al sector donde estaba su mujer, la encontró en un sillón, en medio de un grupo de chicos riendo y tomándose fotos con sus celulares, ella lo pasaba bien, estaban en medio de una ronda de chistes y cada uno que los amigos de Rubén contaba era mejor que el anterior. Victoria no lo vio hasta que se paró frente a ellos, todos levantaron la vista y se encontraron con su rostro más que molesto.
- Ni si quiera te voy a preguntar qué estás haciendo – le dijo serio – solo vine a avisarte que me cansé – le habló sin ningún tipo de sentimiento – en lo que a mí respecta este matrimonio se acabó, así que eres dueña de seguir haciendo lo que quieras – y sin darle tiempo a nada se fue. Victoria sintió que las piernas le temblaban y los ojos se le llenaban de lágrimas, todos los demás se quedaron en silencio. Bruno se acercó a ella y jalándola de la mano la acercó a su pecho para que llorara y poder abrazarla, la cargó en sus brazos y la llevó a su oficina, Rubén los siguió.
- Yo lo voy a matar – dijo el chico ingresando a la oficina – si ella no está en la casa llorando por sus desplantes no le sirve – pateó una silla, Bruno lo regañó con la mirada.
- Llama a tu papá y deja de romperme los muebles – dijo mientras se sentaba con Victoria en brazos. Rubén obedeció y llamó a su padre para informarle lo que sucedía.
Valentín condujo dando vueltas sin sentido, estaba tan enojado y no sabía cómo calmarse. Sin darse cuenta, eso se dijo a sí mismo, llegó al edificio donde Tamara vivía y luego de pensarlo unos minutos la llamó, era eso o matar a golpes al primero que se le cruzara en el camino. Ella lo dejó subir más que encantada de la vida, él no necesitó decirle nada, los dos sabían porque estaban allí y apenas ingresaron al departamento se dejaron llevar por sus instintos más básicos, él la tomó de una manera casi brutal que en algún momento la hizo quejarse de dolor pero no le pidió que parara, ella había deseado eso por mucho tiempo y ahora no iba a quejarse por su brusquedad. Al terminar él comenzó a vestirse sin decirle nada.
- Eso fue – quiso hablar pero él la calló con la gélida mirada que le lanzó.
- Lo único que me interesa de vos es lo que acaba de pasar – dijo con frialdad – no quiero escucharte hablar sobre esto y si se vuelve a repetir va a ser si yo quiero – y se fue de la misma manera que había ingresado, ella se molestó por el trato recibido, pero decidió darle tiempo, estaba segura que en unos días lo tendría comiendo de la palma de su mano. Apenas Valentín se fue tomó su computadora portátil y se deleitó reproduciendo las imágenes de lo que acababa de vivir, si en algún momento él quisiera volver con Victoria ese vídeo la iba a ayudar a que ella no quisiera saber nada de eso.