Ya había pasado más de un mes del episodio del robo, las cosas habían vuelto a una relativa normalidad, aunque Victoria aun notaba algo de resentimiento en Valentín por haber “regalado”, según él su automóvil. Hacia una semana que se había enterado que estaba embarazada y la noticia había llevado algo de calma y felicidad a su corazón, pero la sensación de que algo malo se avecinaba no desaparecía.
Era un día viernes y tras regresar temprano del trabajo había decidido tirarse a tomar un poco de sol, la casa estaba sola así que no pensó que nadie se molestaría porque ella estuviera sin hacer nada. Se recostó en un reposera y al rato se durmió, al despertarse sintió mucha sed y se encaminó a la cocina a buscar algo para beber, se sorprendió bastante al encontrar a un grupo de jóvenes, compañeros de sus hijas allí. Eran tres chicas y dos chicos, los cuales no perdieron detalle de su cuerpo en bikini cuando ella se apareció ante sus ojos. Se sintió algo avergonzada por la poco disimulada mirada que le otorgaron, pero solo sonrió y se dirigió a la nevera. Se sirvió un vaso de agua lo más rápido que pudo, ya que sentía los ojos de los adolescentes clavados en su trasero, y quería irse de allí lo más pronto posible.
- ¡Mamá! – el gritó la hizo sobresaltarse y arrojar el vaso al piso – por Dios ¿no te podes ubicar un poquito? – era Elena quien le reclamaba con el rostro lleno de furia al encontrar a su madre en traje de baño frente a sus amigos, y más aún porque el chico que le gustaba miraba embobado a su madre – ¿es mucho pedir que te comportes como alguien de tu edad? – Victoria se sintió algo avergonzada de que su hija le hablara así frente a esos niños, quizás en otro momento le hubiera gritado que la dejara en paz, pero últimamente se sentía demasiado cansada y dolida por sus ataques y estaba haciendo un esfuerzo sobrehumano para no llorar.
- Disculpa – dijo agachándose a limpiar los vidrios regados – no sabía que tenías visitas – Elena bufó llena de rabia.
- ¡Deja eso ahí y anda a vestirte! – Volvió a gritarle consiguiendo que un vidrio se clavara en su mano – Salí de aquí mamá ¡ya! – Victoria se puso de pie sin saber muy bien que hacer y salió corriendo de la cocina, con un dolor en la mano que se hacía más intenso a medida que más sangre brotaba de la herida. En la sala se encontró a Alicia con un grupo de sus amigos, que tras notar como el chico que le interesaba desnudaba a su madre con sus ojos, la enfrentó igual de molesta que su hermana.
- ¡¿Cuándo vas a comportarte como una madre?! – le gritó, Victoria estaba congelada con un pie en el primer escalón – necesitas exhibirte todo el tiempo para sentirte realizada – la acusó con severidad – me da vergüenza que seas mi madre – Victoria no aguantó más y subió corriendo las escaleras, tropezó en su camino por la prisa pero no se detuvo, se encerró en su habitación, no sabía que hacer o a quien llamar, se sentía tan humillada y dolida que el corazón se le partía. Se acurrucó en el hidromasaje de su baño, sosteniendo su muñeca que no dejaba de sangrar ni de doler, pero no tenía fuerzas para curarse. Perdió la noción del tiempo que llevaba allí, hasta que la enfurecida voz de su esposo la sacó de sus pensamientos, ni siquiera notó que estaba herida o llorando, estaba tan enojado que solo quería descargarse.
- Tus hijas tienen una fiesta abajo – le dijo con rabia – encontré a Alicia besándose en el sofá con un chico más grande ¿Cómo podes permitir eso? – Ella no dijo nada - ¿Dónde están las demás? – preguntó.
- Pablo se llevó a las mellizas y Candela esta con Lucas – dijo sin mirarlo a los ojos.
- ¿Y Emilia? – le preguntó, ella abrió los ojos como platos.
- ¿Qué hora es? – preguntó alarmada y salió de su refugio.
- Las once de la noche – dijo él, Victoria se llevó la mano a la frente.
- Tenia práctica en el complejo del colegio – Valentín se enfureció más aun – salía a las ocho – dijo totalmente apenada por haber olvidado recoger a su hija.
- ¿La dejaste en medio del campo sola por más de tres horas? - le gritó totalmente fuera de si – no podes hacer una sola cosa bien.
- Ya voy a buscarla – dijo y quiso salir.
- Ya hiciste demasiado por hoy – le dijo con ironía – ya voy yo – y se fue. Victoria se sentó en la cama a llorar por su descuido, se sentía la peor madre del mundo. Se vistió como pudo ya que la mano le dolía y el vidrio seguía clavado en su piel. Esperó escuchar el automóvil detenerse y cuando lo hizo bajó corriendo las escaleras para disculparse con su hija.
- Eres la peor madre del mundo – le gritó Emilia apenas la vio – Por una vez en tu vida podrías dejar de ser tan egoísta y pensar en tu familia – ella quiso responder algo pero no la dejaron.
- No te vendría mal hacer terapia, para que te enseñen a ubicarte en que eres una mujer casada, que no puede andar por la vida paseándose frente a todos en traje de baño – Alicia le gritó indignada.
- Ni si quiera eres capaz de preparar algo para comer, debería ser ilegal que personas como vos tengan hijos – le dijo Elena logrando que el dolor en el pecho de Victoria se hiciera más grande aun, miró a Valentín buscando algún tipo de consuelo o defensa pero sus ojos le indicaban que él estaba en total acuerdo con lo que decían sus hijas.
- Disculpen por arruinarles la vida – dijo sin mirar a ninguno y salió corriendo de la casa, estaba descalza y sin dinero, corrió unas cuadras hasta que se subió a un taxi, no sabía a donde ir, no quería que sus hermanos o su padre la vieran así pero no podía pasarse la noche dando vueltas.
- ¿Quiere que vayamos a un hospital? – le preguntó el taxista y ella recordó que tenía la mano herida.
- No – dijo segura – vamos a otro lado – y le dio la dirección de Damián, él iba a curarla y con los años se había convertido en un cable a tierra para ella, los dos se tenían mucho afecto y se comprendían y apoyaban en los momentos difíciles – ahora le pago – dijo al taxista y se bajó a tocar el timbre, rogando que Damián estuviera en casa, sintió un gran alivio al ver que la luz se encendía y alguien caminaba hacia la puerta. Pero no fue Damián el que abrió la puerta, si no su hijo Martín que se notaba algo dormido aun.
- ¿Victoria? – preguntó al verla en la puerta.
- ¿Está tu papá? – le preguntó nerviosa.
- No – dijo el chico – salió con la novia o algo por el estilo – Victoria suspiró y se mordió el labio inferior - ¿estás bien? – antes de que respondiera el taxista tocó bocina, ya llevaba mucho tiempo esperando.
- Salí sin dinero – dijo apenada y él entendió, ingresó a la casa y salió con su billetera, luego de pagar el viaje de Victoria regresó con ella.
- Vamos adentro – le dijo tomándola de los hombros, la dirigió a la cocina y cuando vio como tenía la mano se alarmó un poco - ¿hace cuánto te hiciste eso? – le preguntó mientras lavaba la herida y con sumo cuidado extraía la pieza de vidrio.
- Hace unas horas – dijo ella sin quejarse por el dolor – no pude quitármelo.
- ¿Y Valentín? ¿Y tus hijas? – le preguntó sorprendido, Victoria no pudo evitar comenzar a llorar de nuevo, él lo notó – voy a buscar el botiquín – dijo y la dejó sentada, regresó a los minutos con los elementos para efectuar la curación – suerte que se de medicina – le dijo mientras la curaba, ya que el al igual que su padre estudiaba esa carrera – si no tendrías que ir al hospital.
- Por eso vine – dijo sin mirarlo – para que Damián me curara y así evitarme ir al hospital en estas fachas – se señaló, el rió.
- Vos ni cubierta de basura te verías mal – le dijo terminando de vendar su mano y luego depositó un beso en ella, Victoria tuvo un deja vú.
- Hace varios años tu papá me curó la mano y me la besó al terminar – le dijo recordando.
- ¿Ahí te enamoraste de él? – Le preguntó, ya que estaba al tanto de la relación que ellos habían tenido en el pasado, ella asintió – ojala tenga la misma suerte – le dijo con una sonrisa y guiñándole un ojo, Victoria se sonrojó - ¿me vas a decir porque lloras? – le preguntó serio.
- Son muchas cosas – dijo agachando la mirada – pero lo peor es que mis propias hijas me odian – las lágrimas comenzaron a salir de nuevo – soy una madre horrible – Martín la abrazó.
- ¿De qué hablas? – le dijo acariciando su cabello – a mí me hubiera encantado que seas mi mamá, eres increíble Victoria.
- No – dijo alejándose de él – soy una mala madre y mis hijas me odian – él volvió a abrazarla.
- Estas equivocada – le dijo con ternura – ellas están equivocadas si piensan así de verdad, las dejaría un día con mi mamá para que vean lo que es una mala madre – habló de Susana, una mujer fría e interesada que solamente quería sacarle dinero a su padre y que jamás se había preocupado por él – o mi abuela – dijo en referencia a Azucena, la madre de su padre, que era peor aún.
- Si la mía no estuviera muerta la metíamos en la competencia – dijo Victoria algo más animada, porque ella había conocido mujeres que eran peores que malas madres y desde el nacimiento de su hija mayor que se esforzaba por no ser como ellas, a pesar de que ellas la menospreciaban y la agredían casi todo el tiempo, poniendo a su padre por encima siempre, ella las acompañaba, las cuidaba, las apañaba cuando cometían alguna travesura, no iba a negar que algunas veces olvidaba recogerlas o comprarles algo, pero en los momentos importantes jamás había fallado, y ella pensaba que eso tenía valor – creo que tienes razón – dijo secándose el rostro – hay peores madres que yo – el chico sonrió - ¿me puedo quedar a dormir aquí?
- Claro que si – dijo el con una sonrisa – vamos arriba y la cargó en sus brazos mientras subían las escaleras.
- ¿Te podes quedar hasta que me duerma? – le preguntó algo apenada, él sonrió por la pregunta. Cuando Martin era niño Victoria siempre que podía lo había cuidado y acompañado cuando su padre tenía que trabajar, ella había sido como una tía para él, o porque no una madre.
- Me quedó todo el tiempo que quieras – le dijo y se acostaron, ella bajo las frazadas y el fuera, Victoria había llorado tanto que no le costó dormirse, pero en medio de la noche despertó, observó que Martín seguía a su lado, durmiendo destapado y no lo quiso despertar así que muy maternalmente lo tapó, por suerte el chico tenía el sueño pesado, ella volvió a dormirse.
Valentín no se sorprendió porque Victoria no regresara a dormir, y lo agradeció ya que no tenía ganas ni siquiera de mirarla por lo que había hecho. A la mañana siguiente al notar que ella ni siquiera había llevado su teléfono se tomó unos momentos para pensar donde podría estar, seguramente con sus hermanos o con su padre no, porque sabía que ella no querría que la vean en el estado en que se encontraba la noche anterior. Bruno un viernes por la noche estaba descartado, Milagros igual porque si Abel la hubiera visto llorando ya lo tendría en la puerta reclamándole junto a sus dos molestos hijos, que tenían una extraña adoración por su mujer. Casandra funcionaba como Bruno, eso dejaba a Damián como única opción, y de solo pensarlo sintió que su enojo subía a niveles máximos. Se vistió y salió de su casa a buscarla. En la entrada de la casa de Damián se encontró con él que recién llegaba.
- Valentín buenos días – dijo el doctor con marcados signos de desvelo - ¿y Victoria? – le preguntó.
- Pensé que estaba aquí – dijo él mientras ingresaban a la casa.
- Yo recién llego así que no la vi – dijo Damián – pero si vino seguro que Martín la dejó entrar, veamos en el cuarto de invitados – dijo con toda la amabilidad que podía mostrarle, ninguno de los dos se soportaba y solo llevaban la fiesta en paz por Victoria, Damián abrió la puerta y Valentín lo empujó para entrar al ver a su mujer durmiendo abrazada con Martín, sin ninguna delicadeza los destapó, agradeciendo que estuvieran vestidos, los dos se despertaron y lo miraron, Valentín tomó de la mano a su mujer y la sacó bruscamente de la cama.
- ¿Me podes explicar qué es esto? – le dijo con fuego saliendo de sus ojos.
- Me duele Valentín suéltame – le dijo ella y el notó que estaba haciendo demasiada presión en su muñeca – estábamos durmiendo – dijo enojada – tu mente enferma piensa cualquier cosa como siempre – Valentín contó mentalmente hasta diez.
- Vamos a la casa – dijo saliendo de la habitación.
- No tengo ganas – dijo ella con un hilo de voz.
- No te estoy preguntando – le gritó mientras bajaba la escalera, Victoria suspiró y observó apenada a Damián y a Martín.
- Disculpen las molestias – dijo – y gracias – le dedicó una sonrisa a su hijo adoptivo, pero él notó la tristeza en sus ojos, quiso salir y Damián la detuvo – si no voy el problema se va a hacer más grande – le dijo para que se calmara.
- Si te hace algo Victoria – le dijo entre dientes, ella sonrió.
- No te preocupes – le dijo con dulzura – Valentín puede gritar mucho pero nunca me lastimaría.
- Mejor porque si te toca un pelo lo mato – dijo Martín con rabia, no entendía como Valentín podía ser tan brusco con alguien tan delicada como ella.
- Vas a tener que hacer una larga cola – bromeó y se fue. Apenas subió al coche de su esposo el arrancó a toda velocidad, sin decirle nada. Llegaron al barrio privado donde la mayor parte de la familia vivía, primero pasaron por la casa de Pablo a recoger a las mellizas, Victoria desesperada buscó unos lentes oscuros y solo saludó a su hermano desde el interior del coche, no quería que el supiera que estaba mal, porque se sentía patética y atribuía su estado a las hormonas del embarazo, solo necesitaba calmarse y no alarmar a todos. Pablo notó que estaba algo rara, pero la dejó pasar porque al ver el mal humor que tenía su cuñado sospechaba que habían discutido.
- Hola pequeñitas – saludó a sus hijas con mucha dulzura, pero ninguna le respondió solo la miraron molestas, sus hermanas ya le habían contado lo sucedido, Victoria suspiró - ¿Cómo lo pasaron? – no obtuvo respuesta de nuevo, Valentín volvió al coche y siguieron su camino hasta la casa de Lucas para recoger a Candela, Victoria repitió el mismo comportamiento, pero su hermano mayor no pasaba nada por alto y menos si la notaba decaída, luego de entregar a la pequeña en los brazos de su padre abrió la puerta del copiloto y se asomó por ella.
- Hace tres días que no te veo y solo me saludas por la ventana – le dijo serio observando que ella estaba descalza y con la mano vendada, Victoria le sonrió sin mirarlo a los ojos - ¿Qué pasa? – Le preguntó, ella negó con la cabeza.
- Nada – le mintió – solo dormí mal – Lucas no se movió, le extendió la mano para que bajara del coche, ella suspiró derrotada y la tomó, Valentín estaba colocando a su hija menor en su lugar.
- Tengo que hablar unas cosas con mi hermana – le dijo Lucas a su cuñado – más tarde la llevo a la casa.
- Que haga lo que quiera – dijo Valentín de mala gana y se marchó, Victoria ni siquiera fue capaz de mirarlo, ni a su hermano tampoco, Lucas sin soltar su mano la guió al interior de su casa.
- Anda a tomar un baño, hay ropa en tu habitación – le besó la frente, Victoria agradeció la calidez que recibía de su hermano y subió las escaleras a la habitación que tenía allí.
Apenas ella se fue Lucas llamó por teléfono a Nicolás.
- Lucas, buen día – lo saludó Nico con amabilidad.
- Buen día – dijo el mayor algo apurado - ¿estas ocupado?
- No realmente – dijo Nico – estábamos con Clara y los chicos planeando que hacer hoy.
- Ven a casa – le dijo Lucas demandante – Victoria nos necesita.
- ¿Le pasó algo? – le preguntó alarmado, su familia que estaba con él prestó atención a la charla.
- Algo le pasó, pero no sé qué – dijo Lucas – está muy mal.
- Ya voy – dijo Nico sin pensarlo.
- Llama a Pablo – le dijo y cortó.
- ¿Qué le pasó a Victoria? – preguntó Clara que conociendo a su esposo sabía que Nicolás solo reaccionaba así cuando ella estaba en problemas.
- Lucas no sabe, pero dice que está mal – le informó mientras marcaba a su hermano, luego de contarle lo que sucedía y pedirle que llamara a Patricio se dirigió a la casa de su hermano.
- Yo voy con vos – dijo su hijo mayor Eduardo de 16 años, él al igual que sus hermanos pequeños y sus primos sentían adoración por su tía Victoria y si ella estaba mal todos corrían a socorrerla.
- Vamos – dijo Nico y luego de convencer a su hijo de 10 años que se quedara salieron. Lucas por su parte había informado de la situación a Armando que llegó en compañía de Francisco y Felipe su dos hijos con Cinthya, de 20 y 18 años respectivamente, que al igual que sus hermanos mayores tenían una debilidad que se llamaba Victoria. Damián y Martín también llegaron, al igual que Abel con sus hijos Luciano y Baltazar, dos jóvenes de 18 y 16 años que algunas veces parecía que querían más a Victoria que a su propia madre, pero en realidad querían a las dos por igual. Los hijos de Lucas, Fernando de 20 años y Fabricio de 17 estaban durmiendo en su casa y cuando escucharon el bullicio bajaron, su padre les informó que sucedía y se quedaron con sus primos, tíos y abuelo esperando a Victoria. Pablo llegó con su hijo Ángelo de 15 años, le había llevado mucho tiempo convencer a su hijo menor, Alejo de que se quedara en casa, porque él también quería ver a su tía. Patricio y Rubén llegaron juntos, y a pesar del desvelo que llevaban encima querían saber con urgencia que pasaba con Victoria. Ella se tomó un muy largo baño, el agua caliente le hizo sentirse un poco mejor, se puso ropa cómoda y luego bajó las escaleras, no la sorprendió para nada encontrarse con casi todos los miembros masculinos de su familia, que eran mayoría, esperándola, los cuales cuando la vieron llegar se callaron. Victoria sintió un nudo en su estómago, no le gustaba causar molestias, ella ya era una mujer adulta y tenía que resolver sus problemas sola, aunque en esos momentos lo único que quería hacer era dormir hasta que todo pasara. Les sonrió como pudo, haciendo que la preocupación de todos se hiciera mayor aun, sus ojos estaba desprovistos de todo brillo o felicidad.
- Lucas es un exagerado – dijo lo más entera que podía – no me pasa nada – se acercó a su padre y lo abrazó, sus brazos la hacían sentir segura y querida, más que nada en el mundo. Unas pequeñas lágrimas rodaron por sus mejillas pero las limpió inmediatamente.
- Te mojaste la herida – dijo Martín al notar que la venda estaba toda mojada – te voy a curar de nuevo – Victoria se acercó al sofá y dejó que el joven hiciera su trabajo, Armando se sentó junto a ella. La herida le dolía, pero no tenía fuerzas para quejarse, además de que el dolor que sentía en el pecho era mucho mayor – está un poquito infectada – le dijo soplando para que no ardiera, pero a ella le daba igual si lo hacía – con unos antibióticos se te pasa, unos suaves por el embarazo – le dijo con dulzura terminando de vendarla.
- ¿Cómo te hiciste eso? – preguntó Luciano, sin ocultar lo molesto que se sentía, el creía que Valentín no apreciaba a Victoria como ella se lo merecía y por eso no lo soportaba, y no entendía porque los demás no lo veían.
- Rompí un vaso y me corté – dijo restándole importancia.
- Lo grave es que tuvo el vidrio por horas clavado en la mano y ni sus hijas o el idiota de Valentín la curaron – dijo Martín, que pensaba algo parecido a Luciano con respecto al esposo de Victoria.
- No se dieron cuenta – dijo mirando el piso recordando con mucho dolor lo sucedido el día anterior.
- Victoria hace tiempo que estas triste y apagada – Pablo habló – pensábamos que era el embarazo pero con ninguna de los cinco anteriores llegaste a este estado.
- Estas bajando de peso de manera considerable – habló Damián observando su delgada figura – y no tenés un aspecto saludable.
- La verdad es que no me siento muy bien – dijo resignada, entendiendo que no la dejarían salir de allí sin contarles lo sucedido – no tengo ganas de hacer nada, ni siquiera de comer – todos se miraron sin decir nada, Armando la abrazó por los hombros, sintiendo como propio el dolor de su hija – las cosas en casa están mal – dijo sintiendo que se sacaba un peso de encima – con todos, me siento como una indeseable en mi propio hogar – cada uno se guardaba sus opiniones, pero no podían entender como alguien podría no quererla, y mucho menos su familia – Valentín nunca me perdonó que le entregara a los ladrones las llaves de su coche, él lo ve como una agresión a su ego y a su hombría, la manera en que me mira – sollozó un poco – parece que me odiara, yo intento hacer como que todo está bien pero solo me miento porque no estamos bien, él esta frío, distante, hay días que ni siquiera me habla, y cuando lo hace es para reclamarme o cuestionarme algo.
- Valentín es un idiota – Luciano no se pudo contener y dijo lo que pensaba, nadie le dijo nada, pero todos pensaban lo mismo.
- Yo pensé que con el tiempo lo superaría, hasta se compró el mismo coche – dijo sin entender totalmente porque su esposo estaba tan molesto con ella – pero al parecer no dejo de hacer las cosas mal y eso solo hace que su desprecio hacia mi crezca – las lágrimas salían con más intensidad, pero ya no intentaba detenerlas porque tenía que sacarse todo de adentro – no sé como hacerle entender que no entregué las llaves para llegar rápido a casa, no puedo explicar la angustia que sentí – se tomó el pecho con ambas manos – cuando vi que lo apuntaban con un arma de nuevo, no podría soportar pasar por lo que pasé otra vez, y si nos pasa algo similar actuaría igual, porque prefiero que me odie a verlo en una cama de hospital y no saber si va a despertar o no – todos suspiraron, ellos no sabían que ella tenía tanto miedo – yo siento dentro mío que lo nuestro está llegando a su fin – suspiró profundo al decir lo que desde hacía tiempo sentía – y lo que más me molesta es que siento que no estoy haciendo nada para evitarlo – se tomó la cabeza con las manos – pero ya no sé qué más hacer, ni como acercarme porque me está rechazando todo el tiempo.
- Victoria – Lucas habló al notar que ella necesitaba unos segundos para reponerse – no sé cuál es el problema de Valentín, pero te aseguro que no conozco a ninguna mujer que haya aguantado tanto por un hombre, si ustedes dos están juntos al día de hoy es por vos, porque él no movió un dedo nunca – ella negó con la cabeza.
- No es así – dijo intentando convencerse a ella y a los demás.
- El problema es que estas tan enamorada que no ves lo que tenés al frente – dijo Nico – Valentín no es el hombre perfecto que piensas, está muy lejos de serlo y el único motivo por el que no decíamos nada, era porque al parecer te hacia feliz, pero ahora no me voy a quedar callado.
- Yo sé que no es perfecto – dijo algo alterada sintiendo una estúpida necesidad de defenderlo.
- No lo sabes – dijo Nico – desde que lo conoces que lo único que te trajo son disgustos y sufrimiento y no creo que ni una sola vez se haya disculpado de verdad, simplemente da por hecho de que vos vas a aceptar todo lo que venga de él, porque jamás le reclamaste nada, siempre estas dispuesta para hacer cualquier cosa por él y lo aprovecha muy bien.